Illa se juega el futuro de su cargo con unos presupuestos sin apoyo de ERC
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El líder del PSC amenaza a Junqueras con un adelanto electoral en Cataluña
16 mar 2026 . Actualizado a las 05:00 h.Salvador Illa se juega la legislatura catalana en cinco días de auténtico vértigo. El próximo viernes disputa un pleno con aire de match ball para tratar de salvar su primer proyecto de ley de presupuestos, en lo que puede acabar siendo un punto de no retorno en las complejas relaciones que mantiene con sus socios de Esquerra. Cuando se cumple año y medio de su llegada a la Generalitat, con el aval condicionado de los independentistas, el líder del PSC se ha fijado como objetivo sacar adelante un proyecto de ley sin la mayoría necesaria en el Parlamento. La cita clave será el próximo viernes, cuando la Cámara autonómica se reunirá para debatir y votar las enmiendas a la totalidad planteadas por los diferentes grupos parlamentarios: Junts, Esquerra, PP, Vox, CUP y Aliança Catalana; es decir, todos menos el PSC y los comunes de Jéssica Albiach.
La franquicia catalana de Sumar acordó prestar sus votos al Ejecutivo socialista a cambio de limitar la compra de vivienda con fines especulativos, una medida muy cuestionada por los empresarios catalanes, que la tildan de «filocomunista». Además, el pleno de los presupuestos tendrá como antesala una comparecencia extraordinaria del presidente de la Generalitat el miércoles, en este caso para informar sobre la «situación de colapso que sufre Cataluña», como consecuencia de los problemas de los trenes de cercanías, solicitada por Junts a finales de febrero, y a la que sumaron el resto de formaciones políticas, incluidos los socios de investidura.
Contra las cuerdas
La relación entre socialistas y republicanos se encuentra bajo mínimos, después de que Illa, en una cena con empresarios celebrada hace unos días, deslizara la posibilidad de avanzar el calendario electoral si Esquerra lleva hasta el final su rechazo a las cuentas públicas. El comentario, que este domingo matizó en La Vanguardia —«no es mi intención»— llegó a oídos de Oriol Junqueras, que respondió al órdago con contundencia. «Es imposible que alguien convoque unas elecciones sabiendo que las va a perder», afirmó en una entrevista en la radio autonómica, obviando que eso mismo fue lo que hizo su compañero de partido hace tres años. «El PSC sabe que, si convoca elecciones, es muy probable que no haya una mayoría para la investidura; aconsejaría siempre, a todo el mundo, que no escale conflictos que no pueda ganar», apostilló. A lo que Illa respondió: «No pido nada que yo no haya hecho en el pasado». Lo que es seguro es que el socialista no está dispuesto a encajar una nueva derrota presupuestaria, que lo dejaría en una situación todavía más precaria, por lo que la posibilidad de que acabe recurriendo al botón nuclear del adelanto electoral no resulta tan inverosímil. Máxime cuando ese escenario pillaría en fuera de juego a sus dos principales rivales, Carles Puigdemont y el propio Junqueras, imposibilitados por la justicia para participar en la contienda. Sea como fuere, de puertas afuera, nadie en el entorno del presidente contempla hoy por hoy ese escenario.
El factor Montero
Desde su llegada al poder, y a falta de presupuestos, Illa se ha visto forzado a gobernar a base de suplementos de crédito. Las cuentas hoy vigentes en Cataluña fueron aprobadas por su antecesor en el cargo, Pere Aragonès, de Esquerra, en el 2023, prorrogadas desde entonces hasta en tres ocasiones. La última, en enero. La izquierda independentista exige a cambio de votarle los presupuestos que el Gobierno central se comprometa al traspaso íntegro del IRPF a Cataluña, tal como figura en el acuerdo de investidura firmado por los socialistas catalanes en agosto del 2024, rubricado más tarde por el comité federal del PSOE. Pese a que en el PSC juran y perjuran que el compromiso sigue en pie, nadie en la Moncloa se atreve a explicitarlo. La vicepresidenta primera y ministra de Hacienda, María Jesús Montero, candidata en las próximas elecciones andaluzas, es consciente de que cualquier paso en este sentido mermaría sus ya escasas posibilidades de éxito en la contienda. Aunque Sánchez también sabe que si la cuerda de Esquerra se rompe, con Junts ya fuera de la ecuación, caería otro de sus principales soportes parlamentarios, lo que dejaría la legislatura más expuesta que nunca, a merced de los acontecimientos.