Olímpicas de la maternidad real 3.0: «No somos perfectas ni tenemos casas perfectas ni podemos con todo. Somos apañadas del día a día»

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Laura Baena, Inma Sáenz, Estefanía González e Isabel Cuesta, mujeres madres que invitan a desmitificar la maternidad con realidades cotidianas y mucho humor.
Laura Baena, Inma Sáenz, Estefanía González e Isabel Cuesta, mujeres madres que invitan a desmitificar la maternidad con realidades cotidianas y mucho humor.

SON MADRES QUE INVITAN A SALIRSE DE MADRE... Se mueven, cuentan, se quejan, pelean, bailan, nos enseñan barrigas y ojeras, se parten, nos ganan con su cansancio pijamero y su sexto sentido del humor. Celebramos con ellas el 23 de marzo, día de la conciliación... de la que está por venir

07 abr 2026 . Actualizado a las 09:41 h.

Las mil y una diferencias entre las madres de los 80 y los 90 y las de hoy las sabe bien la noventera May Te, y están una a una en TikTok. Para echarse unas risas en el Día de la Conciliación que aligeren el trago de un panorama real para temblar. Una encuesta a 19.236 mujeres en España, para el estudio El peso invisible de la maternidad, de finales del 2025, concluye que hasta un 22 % de las madres españolas han sufrido episodios de ansiedad, depresión o problemas físicos derivados de la falta de conciliación, mientras un 51 % presenta síntomas como malestar habitual, falta de energía o dificultad para descansar. 

Vamos a echarle humor. 

Empiezas por vestirte con ellas y acabas desnuda de esa culpa que parece exclusivamente maternal. Con ellas, pelillos y ojeras a la mar... Muestran un sexto sentido, el de un día a día con más diversión que perfección. «La perfección no puede tener hijos», advirtió Sylvia Plath alumbrando una verdad que influencers como Estefanía González, Inma Sáenz o Isabel Cuesta no dejan de constatar con sus vídeos en redes. El oro del humor femenino singular que refleja lo plural es para ellas, que demuestran que es todo un arte ser y parecer de verdad en TikTok e Instagram.

Entre las capitanas de la verdad maternal, esa que cambia con las circunstancias del día, está Laura Baena (@malasmadres, 919.000 seguidores en Instagram), referente de la «malamaternidad» de las mujeres que no barren bajo la alfombra sacrificios y limitaciones injustificadas y viejunas. Lo de siempre lo cambia ella por el porvenir.

Laura Baena fue de las primeras en romper la barrera del pudor y del horror de no poder conciliar. La presidenta de la asociación Yo No Renuncio, jefa de las Malasmadresparió hace más de diez años una comunidad de mujeres con los pies en la tierra, el humor en la boca, carga de hormigón armado en la cabeza y el corazón partío por la imposibilidad de conciliar. «¡Laura, esta no es una empresa para mamis!», le dijo su antigua jefa a esta hoy jefa de sí misma dándole la patada y, a la vez, el impulso para emprender cambiando normas.

Con ella, de millones de casas salieron, hacia un horizonte de sororidad en internet, madres cansadas de pringar o renunciar. La primera semilla del club está en el 2014. Y desde sus inicios defendió Laura el superpoder del humor. «Hay dos claves en todo lo que hacemos en Malasmadres: reivindicación y humor. La mejor manera de reivindicar es el humor. Al final, ese ha sido siempre el objetivo: romper el mito de la madre perfecta y empezar por reírnos de nosotras mismas», afirma la fundadora de esa comunidad que forman más de un millón de mujeres. Hoy se vuelca en reclamar un Pacto de Estado por la Conciliación que impulse medidas concretas en materia de corresponsabilidad y cuidados, que suelen recaer en las mujeres.

Laura Baena es uno de los referentes de Inma Sáenz (@inmasaenz, 494.000 seguidores) que un día subió «un vídeo chorra» en Instagram para sus padres y cuatro amigos, y la vida le dio una vuelta de calcetín. «Con el embarazo se agrava la cosa me ha quedado una barriguilla per se», explica para recordar la pregunta fatal: «‘‘¿Estás embarazada?’’, ‘‘No”. Entonces, ¿cuándo hay que hacer esa pregunta? ¡Nunca!», se ríe esta madre de tres hijos que se niega a empaquetarse entera en una sola versión maternal.

«Yo trabajaba por cuenta ajena, con un horario de mojones y cero conciliación... Mi jefe me dijo que había pensado en mí para un puesto de responsabilidad. ‘Es inviable lo que me pagas con el horario que pretendes que mantenga', le dije»

«No soy perfecta, soy real» es la carta de presentación de la sevillana. Inma te explica la carga mental en un minutito en Instagram e interpreta en uno de sus vídeos recientes a «la Ariel de la maternidad». Muestra la vida y su cuerpo como son, y ayuda de paso que nos va contando a disimular ojeras y a rebajar culpas por hacer de más. De un tercer posparto con primos, padres y amigos como únicos seguidores, Inma pasó de la noche a la mañana del maldormir a despertar entre 20.000 me gustas. «Y entonces dije: ‘‘¿Y si hacemos de esto?’’. Yo trabajaba por cuenta ajena, con un horario de mojones y cero conciliación», recuerda.

«Jamás» (hasta entonces) se había planteado dedicarse de manera profesional a crear contenido para redes. Ni siquiera cuando tuvo que dejar el trabajo para conciliar dio el salto al estrellato virtual que estaba para ella, como dicen las abuelas. «Cuando me incorporé al trabajo de la baja de maternidad de mi tercer hijo, mi jefe me dijo que había pensado en mí para un puesto de responsabilidad. Qué bien, me gustó que pensara en mí. ¿Qué implicaba? Que mi horario de trabajo se partía en dos». Económicamente, no podía sostener el cambio. Así que le dio al jefe: ‘‘Es inviable lo que me pagas con el horario que pretendes que mantenga’’. «Y eso que yo allí estaba feliz como una perdiz», matiza sin pizca de rencor.

Inma llegó a un acuerdo con su marido, autónomo con más ingresos que ella, para dejar aquel trabajo inconciliable y se puso a buscar un empleo acorde con su situación supermaternal, «el trabajo soñado». «Mientras busco voy a contar mi vida», dije, y ea, que Inma empezó a formarme en edición de vídeos y en estrategia de márketing. «Me puse a crear contenido especializándome en esto. Y vi que este sí es un trabajo que permite conciliar», afirma quien superó así la «ansiedad pura» de llamar a su jefe para decir que un niño se le había puesto enfermo, por ejemplo.

Otras culpas maternas, como que los niños cenen algún que otro día salchichas o que la casa esté para tirarlo todo por la ventana las lleva sin rencor... hacia esas madres que preparan el bol ideal de legumbres y chía para la cena, galletas caseras de avena cada tarde «o te dicen: ‘‘Ay, disculpad cómo tengo la casa’’ y lo que tienen es un calcetín más solo que la una en el suelo del salón».

CON PIJAMA Y ACTITUD

Compuesta y con hijos, y con trabajo por cuenta ajena —sin detalles— se muestra Estefanía González. Es Steffy para las amigas y lo suyo, más que estilo, se llama «rollito» o «actitud», la que cambia el «yo no puedo más» por el «Aquí estoy yo, ni tan mal... con la camisa por dentro y el cinturón». Así se arranca Steffy (más de un millón de seguidores) cada mañana antes de irse a currar con su mochila y sus cascos, hablando muuu bajito para que sus hijos no la oigan y digan «mamaaaaaá». Es una «Steffi Graf» que noquea con su saque diario de moñete de pelazo, outfits accesibles, dudas vacacionales, su vida de pareja con «la Paca» (querrás saber del marido y su receta fácil de espagueti con nueces y gorgonzola) y que se ríe, básicamente, de todo, porque ¡esta es la actitud!... si quieres rajar la pena aunque estés harta de razón.

«Llevo más de cinco años creando contenido y siempre me baso un poco en lo que vivo», cuenta Estefanía, de Allariz, pero afincada en Barcelona. «Cuando tienes a los niños, eres novata, pero enseguida vas aprendiendo de qué va la vida...». De sus vídeos de supervivencias maternales amplió el foco para salir del monotema y contar más cosas «de mujeres, no solo madres, ¡de personas normales!». La maternidad también da resacón sin Las Vegas, pero este dura años y en algunos casos no se acaba de pasar. «Aquí estamos, de lunes, hay que trabajar y esto es lo que me voy a poner. Al final, hay que afrontar la vida con actitud, y que venga lo que sea», defiende con valentía.

Su éxito apabullante como mujer normal se salió de madre: «Pensé que la gente se iba solo a reír con mis tonterías, pero no que se iban a atrapar de esta manera». Yo soy una de las atrapadas...

«Te metes en redes y ves a todo el mundo con sus habitaciones de los niños perfectas, y todo recogido... Yo me pongo ¡y no me sale! Si ordeno la habitación, a los 15 minutos está desordenada. Yo no soy perfecta, soy apañada del día a día»

Steffy cuenta sus cosas para que te las lleves «a tu situación personal». A las seis y cuarto de la mañana, recién salida de la ducha, graba sus pildoritas de rutina. «Por la tarde-noche, que si las extraescolares, que si haces la cena... nada, no hay tiempo», explica. Tal cual.

¿Ser madre perfecta fue alguna vez el objetivo? «No, no, ¡es imposible! —responde—. Te metes en redes y ves a todo el mundo con sus habitaciones de los niños perfectas, y todo recogido... Oye, yo me pongo ¡y no me sale! Si ordeno la habitación, a los 15 minutos está desordenada». La vidita misma. «Yo no soy perfecta. Yo soy apañada del día a día», se resuelve Steffy.

El 23 de marzo se celebra el Día de la Conciliación, señala Laura Baena, que presentó a finales del 2025 el mencionado informe El peso invisible de la maternidad, para concienciar sobre «eso que no se ve pero pesa muchísimo». Las madres de España vamos a la cabeza... en agotamiento, señala, como concluye un estudio de la oenegé internacional Make Mothers Matter que consultó a más de 9.000 madres de 12 países. Drama.

La sal del humor le pone a las urgentes luchas cotidianas y a la disciplina positiva como manera de cambiar el grito por la conexión Isabel Cuesta (@unamadremolona, 617.000 seguidores). Hoy la que empezó queriendo ponerse «madre moderna» pero lo descartó por estar el nombre pillado se siente muy a gusto como «molona», un adjetivo que no busca la perfección, sino que refleja la «vocación de aprendiz» de Isabel, que queriendo «hacer piña» con otras madres creó un blog que empezó «a crecer y crecer» y se fue transformando como esta madre de tres.

La experiencia la llevó a ayudar, junto a su pareja, Dani, «a otras madres y padres agotados a convertir gritos y rabietas en conexión». «Esto va de reconocernos, de recolocar de nuevo nuestras prioridades. Más allá del grito es ‘‘si estoy todo el día gritando, si no me caigo bien, tengo que revisar de dónde viene este estrés’’», explica. Una máxima molona de Isabel: «Los niños no necesitan padres perfectos, sino padres presentes».

Ella no cayó «en la trampa de las madres perfectas». «Y creo que se lo debo a lo que vi en casa en mi infancia. Luego está la elección de pareja. Creo que ha habido un buen casting —sonríe—. Cuando le dije a Dani ‘‘quiero dejarlo todo y montarme esto’’ él fue el primero que me dio su apoyo».

«La culpa en la maternidad tiene un papel: te hace sentir tan incómoda que te buscas soluciones, como pedir ayuda
—reenfoca—. A mí no me cuesta. Me gusta enseñar a mis hijos la humildad de pedir ayuda, de decir ‘‘no puedo con todo’’». Fue por las dificultades para lidiar con las rabietas de su segundo hijo cómo empezó a aprender, primero por su cuenta, sin que Dani quisiera aplicarse en la labor. «¡Como soy hija tercera, yo hago lo que me da la gana. Dejé de insistirle, y de repente él empezó a ver que el niño en vez de ir a él, que era lo que hacía, cuando tenía una inquietud venía a mí... Gracias a las explosiones de mi hijo nos cambió la vida. Y ahora que tiene 10 años se lo digo siempre a él: ‘‘Gracias a ti, mamá se puso manos a la obra’’.

Una gran obra la maternidad, que requiere un equipo de trabajo con sentido del humor. «Mi pareja y yo hicimos un Excel para repartir incluso la carga mental —comenta Inma Sáenz, ¡guau!—. No es solo lo que hay que hacer, es pensar lo que hay que hacer, que es lo peor...».

«Contar un cuento está bien —detalla Inma Sáenz, nuestra particular Ariel—. Pero si un día no te apetece leer el cuento, pues ‘‘Alexa, cuenta un cuento’’. Es prioritaria la salud mental de las madres. Mejor estar sentada que desquiciada porque no se comen el brécol. Lo importante: 1. No juzgar a la de enfrente. 2. No sentir culpa por no llegar a los estándares sociales de la maternidad. Yo he dejado de seguir perfiles en redes porque me sentía culpable ¡por las meriendas de los niños! Que si tortitas caseras y sándwiches con formas de corazón. ¡Yo no tengo tiempo!».

Les falta tiempo, les sobra gracia. No conciliaremos, pero nos reímos. No hay batalla que se dé por perdida en el bando del humor.