Trump acepta un alto el fuego de dos semanas a cambio de la reapertura de Ormuz

Pablo Medina / agencias MADRID / LA VOZ

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El presidente de Estados Unidos atiende la petición de Pakistán y cesará los bombardeos sobre Irán mientras avanzan las negociaciones «Estamos muy avanzados en un acuerdo definitivo», asegura.

08 abr 2026 . Actualizado a las 13:43 h.

Dos semanas más. Trump acordó anoche «suspender los ataques» contra Irán por un período de dos semanas y prolongar quince días el plazo concedido a Irán para que reabra al tráfico el estrecho de Ormuz. El presidente de Estados Unidos aseguró que la posibilidad de alcanzar un acuerdo de paz «definitivo» con Irán se encuentra en «una etapa muy avanzada». Por su parte, el Consejo Supremo de Seguridad Nacional de Irán confirmó el cese del fuego bilateral e informó de que habrá negociaciones para un acuerdo de paz en Islamabad, capital de Pakistán, a partir de el 10 de abril y durante las dos semanas que dure el alto de las hostilidades.

El alto el fuego también ha provocado la bajada del precio del petróleo. El coste del barril de brent se ha situado sobre los 95 dólares, tras un descenso superior al 12 %. Pero llegó a bajar incluso un 16 % de madrugada, justo después del anuncio de Trump, tocando un mínimo en los 91,70 dólares.

«Siempre que la República Islámica de Irán acepte la apertura total, inmediata y segura del estrecho de Ormuz, acepto suspender los bombardeos y ataques contra Irán durante un período de dos semanas», anunció el mandatario estadounidense en un mensaje publicado a través de su red social, en el cual ha especificado que «se tratará de un alto el fuego recíproco».

Trump declaró después: «Ya hemos cumplido y superado todos los objetivos militares, y estamos muy avanzados en un acuerdo definitivo sobre la paz a largo plazo con Irán y la paz en Oriente Medio». Sostiene, además, que la contrapropuesta de diez puntos enviada por Teherán en respuesta al plan de quince exigencias planteado por Washington «es una base viable sobre la que negociar». «Casi todos los puntos de discordia del pasado han sido acordados entre Estados Unidos e Irán, pero un periodo de dos semanas permitirá que el acuerdo se ultime y se consume», asegura, para añadir a continuación que «este problema de larga data esté a punto de resolverse».

Por su parte, las autoridades iraníes han anunciado que durante dos semanas será posible el paso «seguro» por el estratégico estrecho de Ormuz, aunque «mediante la coordinación» con el Ejército del país asiático. «Durante un período de dos semanas, será posible el paso seguro por el estrecho de Ormuz mediante la coordinación con las Fuerzas Armadas de Irán y teniendo debidamente en cuenta las limitaciones técnicas», ha anunciado el ministro de Exteriores iraní, Abbas Araqchi, en un comunicado difundido a través de sus redes sociales, en nombre del Consejo Supremo de Seguridad Nacional del país.

El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, aseguró que su Gobierno ayudará a gestionar el «tráfico acumulado» en el estrecho de Ormuz. En un mensaje publicado en sus redes sociales, el mandatario reafirmó que habrá «muchas acciones positivas» y que se «hará mucho dinero», sin concretar cómo actuará su Administración en el estrecho de forma más concreta ni explicar esas acciones.

En cuanto a Israel, informa de que respetará el acuerdo alcanzado por Estados Unidos e Irán, según una fuente consultada por el diario israelí Haaretz.

La guerra de EE.UU. e Israel contra Irán vivió ayer unas horas muy tensas. El ultimátum para reabrir Ormuz se concretaba por la mañana con su mayor amenaza hasta la fecha: «Toda una civilización morirá». Pero, a su vez, dejaba la puerta abierta a que la diplomacia: EE.UU. e Irán negociaron intensamente, con la mediación de Pakistán, y lograron cerrar un acuerdo a escasas dos horas antes de que expirara el plazo dado por Trump a Teherán. Se hacían así eco de la petición del primer ministro de Pakistán, Shebbaz Sharif, que ya había solicitado al estadounidense que extendiera su ultimátum dos semanas más.

El tono de Washington había sido especialmente duro y el vicepresidente, J. D. Vance, llegó a amenazar con armas hasta ahora no usadas contra Teherán. «Tienen que saber que tenemos herramientas en nuestro arsenal que, hasta ahora, hemos decidido no utilizar. El presidente de EE.UU. puede decidir usarlas, y lo hará si los iraníes no cambian su comportamiento». Horas más tarde, la Casa Blanca quiso quitar peso a sus declaraciones y negó que se refiriera a armamento nuclear. «Nada de lo que ha dicho el vicepresidente sugiere eso, ¡idiotas!», tuvo que publicar en redes. Igualmente, Trump también insistió en que el «nuevo régimen» es más razonable.

Trump insistió, no obstante, en la opción diplomática como preferencia. «Tenemos que llegar a un acuerdo que sea aceptable para mí, y parte de ese acuerdo incluirá la libre circulación del petróleo [por el estrecho de Ormuz]», dijo en rueda de prensa. Aunque, sobre el terreno, la cosa fue distinta. Tanto Estados Unidos como Israel ejecutaron una ola de 90 ataques que dejaron más de una decena de muertos en la isla Jark —el principal centro petrolero del régimen, aunque solo resultaron dañados elementos militares—, el Instituto de Investigación Aeroespacial, varios puentes, vías ferroviarias, un mercado y la sinagoga de Rafi Niya. Los judíos son la minoría más grande del país persa.

En respuesta, la Guardia Revolucionaria amenazó con «privar a Estados Unidos y sus aliados» de «gas y petróleo» durante «años» y atacó el mayor complejo petroquímico de la región, situado en la localidad saudí de Al Jubail. «Propiedad de las empresas estadounidenses Sadara, ExxonMobil y Dark Chemical, sufrió graves daños a causa de ataques precisos con misiles y drones», informó la agencia Fars en un comunicado. Además, un funcionario reiteró que, de continuar las hostilidades, los ayatolás «también cerrarán el canal de Bab el Mandeb».

Sin embargo, en el plano internacional, los ataques de Tel Aviv y Washington no se vieron como legítimos. Al contrario, se catalogaron de ilegales. El secretario general de la ONU, António Guterres, tuvo que aclarar que, «incluso si infraestructuras civiles específicas se consideraran un objetivo militar, el derecho internacional humanitario prohibiría los ataques contra ellas si se prevé que causen daños civiles colaterales excesivos», dijo en referencia a los ataques sobre puentes y mercados.

En el Golfo, la paciencia se comenzó a agotar. En los Emiratos Árabes recibieron un ataque iraní contra la empresa de telecomunicaciones de Thuraya. La propuesta de la ONU por parte de Baréin para poder escoltar petroleros en el estrecho de Ormuz se saldó con un fracaso con el veto de Rusia y China. Washington prometió una guerra rápida, que se ha estancado y ha puesto el mercado energético patas arriba. El portavoz del Ministerio de Exteriores catarí, Mayed al Ansari reiteró que los países de la zona deben de ser parte de la soberanía del estrecho de Ormuz.

Mientras, en el Líbano, el conflicto azotó de nuevo a la población civil. Los bombardeos israelíes acabaron con la vida de 33 personas y elevaron el saldo total de muertes a 1.500. Los choques entre Tel Aviv y Hezbolá —ayer el primero voló el séptimo puente sobre el río Litani— provocaron la alerta del Gobierno del país árabe, y el presidente del país, Joseph Aoun, aclaró que «la situación de seguridad actual está bajo control y no hay temor a conflictos internos ni a un colapso de la seguridad. Los problemas que surgen son limitados y se están resolviendo con la mayor celeridad posible». La crisis humanitaria sigue siendo grave.