Es Trump quien ha pestañeado primero

Miguel Murado
Miguel Murado EL MUNDO ENTRE LÍNEAS

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Un grupo de iraníes corea consignas tras el anuncio de alto el fuego en una concentración en Teherán.
Un grupo de iraníes corea consignas tras el anuncio de alto el fuego en una concentración en Teherán. Majid-Asgaripour | REUTERS

09 abr 2026 . Actualizado a las 09:07 h.

Suponiendo que el alto el fuego en Irán entre en vigor —este miércoles había algunas dudas al respecto—, este será otro logro de una de las grandes herramientas de la diplomacia: la ambigüedad. Al fin y al cabo, mediar entre dos partes en conflicto consiste en ofrecerles algo que los dos puedan vender como un triunfo sobre el otro sin que se note demasiado la contradicción. En este caso, ese elemento «borroso» es la reapertura del estrecho de Ormuz. Gracias a él, Donald Trump puede proclamar que ha torcido el brazo de Teherán, que hasta ahora se negaba a esa precondición para negociar. Pero hay que fijarse en la letra pequeña. Irán ya ha aclarado —y Washington no lo ha desmentido— que los barcos que atraviesen el estrecho tendrán que coordinarse con su Ejército. Con esto, Irán empieza a formalizar su control sobre el estrecho de Ormuz, algo inimaginable antes de que comenzara esta guerra.

Por si fuera poco, los iraníes consiguen que la base de la negociación sean sus «diez puntos» y no los «quince puntos» de Donald Trump, que no solo eran más, sino que eran diametralmente opuestos. Naturalmente, eso no quiere decir que Estados Unidos vaya a aceptar todas las exigencias de los iraníes, pero revela un desequilibrio de partida en favor de Irán. Es algo que ya estaba implícito en la mediación. Quien la lleva es Pakistán, no Egipto ni Turquía, que tienen aquí un papel secundario. Pakistán es muy cercano a China y es fácil suponer que esa mediación va a estar coordinada con Pekín, socio de Irán. Es Trump quien ha pestañeado primero y su triunfalismo no está en absoluto justificado.

Ese triunfalismo es, además, un pésimo punto de partida para negociar con Irán, porque confirma lo que, por otra parte, viene siendo obvio desde hace muchos días: la urgencia del presidente norteamericano por cerrar este episodio desastroso de su política exterior y pasar a otra cosa. Es una invitación a que los iraníes se muestren más exigentes todavía, conscientes de que la intransigencia vence fácilmente a la impaciencia. Los elegidos para negociar por cada una de las partes reflejan esta diferente actitud. Se cuenta con que la delegación iraní la encabece el presidente del Parlamento, Mohamad Bagher Ghalibaf, un duro entre los duros. De hecho, ya llevaba tiempo intercambiando notas con Washington en privado y negándolo en público, lo que ponía furioso a Trump. Esto es bueno, porque lo que Ghalibaf acepte no lo cuestionará nadie en Irán, pero de él no cabe esperar flexibilidad alguna. Al frente de la delegación norteamericana, en cambio, se suponía que iba a estar la figura más antibelicista en la Administración norteamericana, el vicepresidente JD Vance, que nunca ha ocultado su oposición a esta guerra. De hecho, fueron los iraníes quienes pidieron negociar con Vance. Quizás por eso, este miércoles parecía que a Trump le entraban dudas al respecto.

En cualquier caso, no es Vance, sino Trump, quien tomará la decisión definitiva, con lo que se corre el riesgo de que ocurra alguna de estas dos cosas, ambas malas: o bien una ruptura de las negociaciones que nos devuelva a la guerra en breve o bien un cierre en falso que refuerce todavía más a un régimen iraní más radicalizado y ahora ya decidido a hacerse con el arma atómica. Cierto que entre los «10 puntos» de Irán hay cosas que parecen pensadas como «carnaza», como que Estados Unidos les pague reparaciones de guerra o retire sus bases de Oriente Medio. Pero si Irán logra retener su uranio enriquecido —en el documento de la negociación las versiones en farsi e inglés dicen cosas distintas— y consigue algún tipo de reconocimiento, aunque sea tácito, de su autoridad en el estrecho de Ormuz, el régimen habrá pagado un alto precio, pero habrá conseguido una victoria estratégica, mientras que la derrota de Estados Unidos afectará al resto del mundo.