Los investigadores del caso de la primitiva perdida en A Coruña descartan a una de las familias que pugnan por los 4,7 millones

L. G. del Valle / A. M / T. R.

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El lotero de San Agustín, Manuel Reija, llega a la Audiencia Provincial en compañía de su abogado para la segunda sesión del juicio de la lotería millonaria perdida en A Coruña
El lotero de San Agustín, Manuel Reija, llega a la Audiencia Provincial en compañía de su abogado para la segunda sesión del juicio de la lotería millonaria perdida en A Coruña ANGEL MANSO

Los policías «no tienen ninguna duda» de que el boleto lo selló José Luis Alonso. Según declararon en sede judicial, el lotero de San Agustín no pudo estar solo cuando comprobó el suculento recibo. «Mínimo tenía que haber tres personas en la administración», concluyen. Hoy testificaron también las posibles herederas del premio

15 abr 2026 . Actualizado a las 17:17 h.

La poliédrica situación en la que se encuentra el caso de la primitiva perdida en A Coruña hace 14 años impide todavía ver la luz al final del túnel. El juicio contra Manuel Reija, el lotero de San Agustín acusado de estafa o, de forma alternativa, apropiación indebida; y su hermano Miguel, al que imputan un delito de blanqueo de capitales porque en el 2012 era delegado provincial de Loterías, afrontó hoy una tercera sesión marcada por las testificales de agentes de la Policía Nacional que investigaron los hechos, cargos de Loterías y la viuda y la hija de José Luis Alonso, fallecido y uno de los posibles dueños del boleto. En síntesis, y con muchísimos cabos sueltos que se irán atando en los próximos días, según las conclusiones de los investigadores quedaría descartada una de las familias personadas en este proceso. «Sería imposible que no fuera esa persona, no me cabe duda», comunicó a la jueza uno de estos agentes en referencia a José Luis Alonso. Además, la policía confirmó, según extrajeron de su trabajo, «que el lotero no podía estar solo en la administración cuando comprobó el billete. Tenía que haber mínimo tres personas».

La tercera sesión del juicio arrancó con una declaración técnica, la de un trabajador de la Sociedad Estatal de Loterías y Apuestas del Estado (Selae), que compareció para explicar cómo se gestionó la custodia del resguardo premiado en los primeros días. El testigo relató que recibió órdenes directas de desplazarse desde Madrid hasta A Coruña con el único objetivo de recoger el boleto de manos de los hermanos Reija y trasladarlo a la capital para su análisis y salvaguarda.

A preguntas de las acusaciones, el empleado de Selae subrayó la falta de información con la que se manejó el operativo inicial. Según su testimonio, en el organismo estatal se trataba el asunto como un trámite administrativo ordinario sobre un resguardo extraviado. «No me dieron detalles específicos sobre las circunstancias; mi instrucción era simplemente recoger un boleto perdido», afirmó ante la sala. El trabajador de Loterías aseguró que, durante el intercambio, fue Miguel Reija —exdelegado de Loterías— quien le dio las primeras indicaciones sobre el origen del hallazgo. Según el testigo, el lotero le comunicó explícitamente que había sido su hermano, Manuel Reija, lotero de la administración de San Agustín, quien supuestamente se había encontrado el boleto premiado.

Tras él, compareció la lotera de una administración ubicada en la zona de Zalaeta, establecimiento donde el hombre señalado por la policía como el legítimo dueño solía validar sus apuestas. La testigo no dudó en identificarlo como cliente «habitual». Según explicó, el hombre no era un jugador de paso, sino alguien que dedicaba tiempo y rigor a sus apuestas. «Se tomaba su tiempo para hacer sus combinaciones», recordó la lotera, quien además lo describió como una persona de trato «agradable y educado».

Sin embargo, el dato que hace que las piezas del puzle encajen para los investigadores no es su carácter, sino su método. La profesional fue tajante al afirmar que el cliente «casi siempre hacía apuestas fijas». Esta repetición sistemática de las mismas combinaciones numéricas fue, precisamente, el hilo del que tiró la Policía Nacional para concluir que él, y no otro, era el propietario del boleto premiado.

La viuda del hombre al que la policía señala como «legítimo propietario» de la primitiva millonaria fue la siguiente en declarar y arrojó luz sobre los movimientos de su difunto marido en el 2012. Según explicó a preguntas de las defensas, aunque el hombre solía comprar lotería en el barrio de Monte Alto, era habitual que sellase sus apuestas en el despacho de San Agustín cuando acudían al supermercado de la zona. «No sabíamos nada de este premio», confesó la mujer, subrayando que la familia solo tuvo constancia del millonario extravío cuando los investigadores de la Policía Nacional llamaron a su puerta años después.

La estrategia de la defensa de Manuel Reija —el lotero que halló el boleto y que asegura haber intentado localizar al dueño— trató de incidir en un antiguo problema de ludopatía del fallecido. Sin embargo, la viuda fue tajante al respecto, asegurando que en el momento en que se selló la apuesta ganadora, su marido ya estaba plenamente rehabilitado de sus adicciones pasadas.

Este testimonio fue reforzado por la declaración de la hija del matrimonio, quien situó los problemas con el juego de su padre en una época muy anterior al 2012. «Hubo una etapa en la que tuvo problemas con las apuestas, pero fue mucho antes», aclaró, matizando que por aquel entonces jugaba de forma semanal pero controlada. La hija aportó un dato que podría resultar determinante para el tribunal: la coincidencia de fechas entre los movimientos del fallecido y el sellado del boleto. Explicó que su padre, ya jubilado, era el encargado de las compras grandes de la casa y que solía acudir al Carrefour. Tras solicitar un extracto de compras a la cadena de supermercados, la familia pudo comprobar que el registro de ventas coincide plenamente con el día en que se validó la apuesta premiada en el despacho de San Agustín.

Los investigadores, testigos clave

La sesión de este miércoles en la Audiencia Provincial subió de intensidad con el turno de los agentes de la Policía Nacional que lideraron la investigación. Sus testimonios han resultado determinantes para cuestionar la versión mantenida por el lotero investigado. El investigador principal fue tajante al analizar los registros técnicos de la administración de lotería del día del hallazgo. Según explicó, el flujo de actividad en el terminal contradice la calma que describió el acusado: «Lo primero que vemos cuando recibimos el listado de transacciones en el momento de la comprobación del boleto es que hay mucho movimiento: 21 transacciones en apenas dos minutos», señaló el agente. Este dato es clave para la acusación, ya que desmonta la teoría del lotero, quien sostenía que se encontraba solo en el establecimiento cuando supuestamente halló el boleto premiado sobre el mostrador.

La reconstrucción de los hechos realizada por las fuerzas de seguridad apunta a una secuencia mucho más deliberada. Basándose en el rastro digital de las validaciones, la policía sostiene que el acusado no estaba solo. «La investigación nos permite concluir que hay una persona frente al lotero en el preciso instante en que se comprueban cuatro boletos, entre ellos el premiado», afirmó el testigo ante el tribunal. Para los investigadores, el comportamiento del lotero tras detectar el premio millonario fue el indicio definitivo de una presunta apropiación indebida. «Pensamos que hay una infracción penal y un presunto autor claro», sentenció el agente, antes de detallar la maniobra técnica detectada: «El lotero se habría quedado con los cuatro boletos del cliente y los pasó de nuevo por el terminal para corroborar, de forma individualizada, cuál era exactamente el que contenía el premio de la primitiva».

El argumento de mayor peso para identificar a José Luis como el dueño del premio no fue solo el momento de la validación, sino su historial como apostador. Los agentes detallaron cómo el análisis de los hábitos de juego permitió confirmar su identidad de forma póstuma. «Las combinaciones que se repetían y coincidían con los boletos comprobados en San Agustín dejan de hacerse, precisamente, tras su fallecimiento», revelaron los investigadores. Este cese repentino de las apuestas con esos números específicos tras su muerte es, para la policía, una de las claves maestras que prueban que él era el poseedor original de la primitiva. Uno de los agentes, de hecho, fue tajante: «No tengo la más mínima duda, sería imposible que no fuera él».

Además, descartan al primer reclamante como posible titular del premio ya que aseguran que «no hay registros en la Selae de que se comprobara ese boleto en la administración de la calle Antonio Noche».