Washington y Teherán retoman el sábado las conversaciones de paz en Pakistán

Pablo Medina MADRID / LA VOZ

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El petrolero Helga llega a la terminale de Irak, tras pasar por el estrecho de Ormuz.
El petrolero Helga llega a la terminale de Irak, tras pasar por el estrecho de Ormuz. Mohammed Aty | REUTERS

El Pentágono avisa de una escasez de armas de largo alcance en su arsenal

25 abr 2026 . Actualizado a las 10:04 h.

Las negociaciones de paz entre EE.UU. e Irán vuelven a Islamabad. Tras una semana en la que las partes se exigían mutuamente desbloquear el estrecho de Ormuz para citarse diplomáticamente, finalmente tendrán un encuentro de bajo nivel en la capital de Pakistán. Los principales negociadores, el vicepresidente estadounidense, JD Vance, y el jefe del Parlamento iraní, Mohamad Baqer Ghalibaf, se ausentarán de un encuentro poco prometedor.

Irán lleva estancada en el no a reunirse con EE.UU. desde el martes. El caos arrecia en la cúpula del poder persa. Y mientras se desbloquea, el ministro de Exteriores, Abás Araqchi, llegó ayer a Pakistán, dentro de una gira que le llevará a Omán y a Rusia para realizar «consultas bilaterales» sobre la guerra. Poco después la Casa Blanca anunciaba el viaje el sábado a Islamabad los enviados estadounidenses Steve Witkoff y Jared Kushner para retomar las conversaciones con el objetivo de poner fin al conflicto. Según la portavoz Karoline Leavitt, Estados Unidos ha visto «algunos avances» por parte de Irán en los últimos días, lo que facilita que haya un encuentro en persona.

Ni Donald Trump ni las autoridades persas están dispuestas a volver al nivel de violencia del inicio de la guerra, que dejó medio Oriente Medio en llamas. Teherán no puede perder más capacidad militar y EE.UU. se enfrenta a un desgaste armamentístico y reputacional. Por ello, la Casa Blanca ha optado por la diplomacia a su manera: lenguaje violento para contentar al electorado pero, por debajo de la mesa, deseando hacer las paces.

En ese tono se expresó ayer el jefe del Pentágono, Pete Hegseth. «Irán sabe que aún tiene una oportunidad para elegir sabiamente en la mesa de negociaciones. Lo único que tiene que hacer es abandonar el arma nuclear de forma contundente y verificable», dijo para volver a amenazar con disparar a los barcos que traten de esquivar el bloqueo en Ormuz de una forma más mítica que realista. «El Ejército de Estados Unidos no tiene igual: proyecta poder, niega el paso a los adversarios y protege nuestros intereses», añadió. El secretario de Guerra volvió a cargar contra Europa — «lleváis décadas beneficiándoos de nuestra protección y el tiempo se ha acabado»— y dijo que la apertura de Ormuz es «una lucha más suya que nuestra».

Pero el tono triunfalista de Hegseth contrasta con la realidad sobre el terreno. La guerra ha transitado de un escenario en el que Israel y EE.UU. bombardeaban Irán a la par que la república islámica lo hacía sobre los reinos del Golfo. En este tira y afloja, nadie está dispuesto a ceder en sus exigencias, y aunque todas las partes se muestran preparadas para retomar la guerra, nadie se atreve a apretar el gatillo. Y menos Trump.

El Departamento de Defensa y el Congreso ven «alarmante» la escasez de armamento en el arsenal de Washington. En pocos meses, se han usado más de 1.000 misiles Tomahawk —diez veces más de lo que compra anualmente—, 1.200 misiles interceptores Patriot y más de 1.000 misiles terrestres Precision Strike y ATACMS. El Pentágono es altamente dependiente de estas armas, y ha tenido que redistribuir arsenal en Oriente Medio y dejar desprotegidas zonas del Pacífico, según el diario The New York Times.