¿Qué determina el contenido de los sueños? No es el azar

Raúl Romar García
R. Romar LA VOZ

ACTUALIDAD

El cerebro no se limita a reproducir lo vivido durante los sueños
El cerebro no se limita a reproducir lo vivido durante los sueños skynesher

Un análisis de más de 3.000 relatos oníricos revela cómo los rasgos de personalidad y las experiencias vitales influyen en el contenido de lo que soñamos: el cerebro no se limita a reproducir lo vivido durante el día

28 abr 2026 . Actualizado a las 18:08 h.

¿Por qué algunos sueños parecen películas de alta definición, vividas e inmersivas, mientras que otros son apenas fragmentos confusos y difíciles de interpretar? La respuesta no reside en el azar, sino en una compleja maquinaria biológica que mezcla nuestra personalidad con nuestras vivencias. Un estudio liderado por la Escuela IMT de Estudios Avanzados de Lucca (Italia), y publicado en la revista Communications Psychology, ha revelado que nuestros sueños son en realidad un proceso dinámico de «creatividad offline» que transforma nuestra realidad cotidiana en lugar de simplemente copiarla. Los investigadores analizaron más de 3.700 informes de experiencias oníricas y de vigilia recopilados de 287 participantes de entre 18 y 70 años. Durante un período de dos semanas, los voluntarios registraron sus experiencias diariamente, mientras que los investigadores recopilaron información detallada sobre sus patrones de sueño, habilidades cognitivas, rasgos de personalidad y características psicológicas.

 Gracias al uso de inteligencia artificial y técnicas de Procesamiento del Lenguaje Natural (PLN), los científicos pudieron confirmar que la actividad onírica sigue patrones medibles y sistemáticos que antes eran difíciles de detectar. Según explica Valentina Elce, investigadora de la Escuela IMT y autora principal del estudio, «nuestros hallazgos muestran que la actividad onírica no es solo un reflejo de experiencias pasadas, sino un proceso dinámico moldeado por quiénes somos y lo que vivimos».

Uno de los descubrimientos más fascinantes del equipo es que el cerebro no se limita a reproducir lo vivido durante el día como si fuera una grabación. En lugar de eso, actúa como un editor activo que reorganiza fragmentos de la rutina —como el entorno laboral o educativo— para crear escenarios inmersivos y, a menudo, extraños.

Los elementos de la vida diaria no reaparecen de forma literal, sino transformados en narrativas visuales complejas. Como señala Elce, «los sueños implican una recombinación activa de las experiencias de vigilia: se seleccionan, reorganizan e integran recuerdos, emociones y preocupaciones futuras». Este proceso sugiere que el sueño cumple funciones vitales en la consolidación de la memoria, la regulación emocional y la generación de nuevas asociaciones creativas.

El estudio también demuestra que el contenido de nuestros sueños varía significativamente según nuestros rasgos individuales y el contexto social en el que estamos inmersos. Por un lado, las personas más proclives a la divagación mental suelen reportar sueños más fragmentados, mientras que quienes otorgan un gran valor y significado a sus sueños experimentan contenidos mucho más ricos y envolventes.

Por otro lado, las experiencias sociales a gran escala también dejan huella; los investigadores compararon datos actuales con registros del confinamiento por el covid-19 y descubrieron que, en momentos de crisis, los sueños se volvieron más intensos emocionalmente, con frecuentes referencias a restricciones y limitaciones. «Lo más llamativo fue ver cómo una experiencia social compartida se reflejaba con tanta claridad en distintas personas», destaca la investigadora.

El uso de la inteligencia artificial fue clave para abordar este análisis a escala masiva, demostrando que los modelos de lenguaje pueden capturar la estructura de los sueños con una precisión similar a la de los expertos humanos. Aunque el lenguaje es solo un filtro de lo que realmente sucede mientras dormimos, Elce defiende su valor como herramienta informativa: «Analizamos lo recordado al despertar, nuestra ventana más directa a lo que ocurre durante el sueño, y los resultados reflejan diferencias reales en la experiencia».

En definitiva, este trabajo abre nuevas vías para investigar la conciencia y la salud mental, confirmando que los sueños emergen de la interacción entre quiénes somos de forma estable y las experiencias cambiantes que atravesamos cada día.