La brecha de género llega al párkinson: las mujeres acceden tres veces menos a la cirugía cerebral que los hombres
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Un estudio de la Sociedad Española de Neurología, coordinado por el gallego Diego Santos, también refleja importantes desigualdades en el acceso a los tratamientos
04 may 2026 . Actualizado a las 18:30 h.Un estudio impulsado por el Grupo de Estudio de Trastornos del Movimiento (GETM) de la Sociedad Española de Neurología (SEN), en colaboración con la Fundación Degen, ha revelado una brecha de género significativa en el tratamiento de la enfermedad de párkinson en España. La investigación, basada en el análisis de más de 600 pacientes en 40 hospitales, concluye que las mujeres acceden con menor frecuencia y de forma más tardía a las terapias avanzadas, como la estimulación cerebral profunda o las bombas de infusión continua. Esta desigualdad es especialmente evidente en la cirugía de estimulación cerebral, donde casi tres de cada cuatro pacientes tratados son hombres (73 % frente al 27 % de mujeres). El doctor Diego Santos García, coordinador de la Unidad de Trastornos del Movimiento en el Chuac de A Coruña y especialista en el hospital San Rafael, es el autor principal de un estudio cuyo objetivo, según explica, era «analizar las diferencias por sexo en la selección, el manejo y la respuesta a estas terapias en la práctica clínica diaria en España». El análisis de los datos ha confirmado que esta disparidad no parece responder únicamente a criterios médicos.
El trabajo, publicado en la revista Medical Sciences, destaca que cuando las mujeres finalmente reciben estos tratamientos, especialmente en el caso de la estimulación cerebral profunda, lo hacen en una fase más avanzada de la enfermedad y con una edad media superior (69,2 años frente a los 65,2 de los varones). Esto implica que las pacientes suelen presentar una peor calidad de vida y una menor autonomía en el momento de iniciar la terapia. Según advierte el doctor Santos García, «el hecho de que las mujeres accedan a mayor edad sugiere un posible retraso en la derivación o en la toma de decisiones terapéuticas por parte de los pacientes o los profesionales».
El neurólogo añade con preocupación que, debido a este retraso, «existe la posibilidad de que se haya perdido la ventana terapéutica óptima» para estas mujeres».
Más allá de los factores biológicos, el estudio apunta a determinantes sociales y culturales como causas de esta inequidad. Un dato revelador es el apoyo en los cuidados: mientras que el 80 % de los hombres cuenta con su pareja como cuidadora principal, en el caso de las mujeres esta cifra desciende al 53,6 %, dependiendo ellas más de hijos u otros familiares.
El doctor Álvaro Sánchez Ferro, coordinador del Grupo de Estudio de Trastornos del Movimiento, destaca que estos resultados sugieren que las diferencias «no responden a una única causa, sino a una combinación de factores clínicos, sociales y culturales, entre los que se incluyen posibles sesgos en la derivación, diferencias en la percepción del riesgo o en el apoyo social disponible».
A pesar de estas barreras, la investigación confirma que las terapias avanzadas son altamente eficaces en ambos sexos, logrando reducir los periodos de mal control de síntomas de cinco horas a menos de dos diarias tras seis meses de tratamiento.
Ante estos resultados, la Sociedad Española de Neurología subraya la necesidad urgente de avanzar hacia un modelo de atención más personalizado que identifique y elimine estos sesgos de género. Sánchez Ferro señala que esta situación es un reflejo de un problema global, pues «lamentablemente estas desigualdades también se han observado en otros países y existe una infrarrepresentación de las mujeres en los ensayos clínicos».
Por ello, los expertos de la SEN reclaman el desarrollo de estrategias que garanticen un acceso equitativo y la creación de guías que contemplen consideraciones específicas por sexo. «Es importante que identifiquemos factores que influyan en la equidad del tratamiento para asegurar que todos los pacientes reciban el tratamiento más adecuado», concluye Sánchez Ferro.