Trump llega a China para una cumbre con Xi que será clave para el orden mundial
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El presidente estadounidense aterrizó junto al secretario de Estado, Marco Rubio, y una delegación de altos ejecutivos liderada por Elon Musk, Tim Cook y Jensen Huang
13 may 2026 . Actualizado a las 22:25 h.Donald Trump aterrizó este miércoles en Pekín para una cumbre de dos días con Xi Jinping, marcando la primera visita de un presidente estadounidense a China en nueve años. El equilibrio de poder entre las dos superpotencias ha cambiado desde aquel 2017: hoy China puede interpelar de tú a tú a Estados Unidos e imponer su visión, tanto en los conflictos bélicos como en las ambiciones económicas de la Casa Blanca, en medio del nuevo orden mundial que se avecina. Con una agenda marcada por la guerra de Irán, la situación en Taiwán y la necesidad de consolidar una tregua para reducir las fricciones comerciales, Trump llega con el deseo de que el mercado chino se abra a las corporaciones estadounidenses. Con ese objetivo, viaja acompañado por una comitiva de magnates tecnológicos y líderes de otros sectores empresariales.
Al pie de la escalerilla del Air Force One fue recibido por el vicepresidente chino, Han Zheng, y el viceministro de Exteriores, Ma Zhaoxu. Tras Trump, quien viaja sin la primera dama, descendieron su hijo Eric Trump y su nuera Lara. Como es habitual en las visitas de Estado, Pekín fue engalanada con banderas de ambos países en la ruta desde el aeropuerto al centro de la ciudad, sumando mensajes de bienvenida con iluminación especial en los rascacielos.
El primer encuentro entre Trump y Xi Jinping tendrá lugar el jueves en el Gran Palacio del Pueblo, seguido de un banquete de Estado. Su periplo combinará escenarios institucionales con lugares simbólicos del poder chino, como el Templo del Cielo, declarado Patrimonio de la Humanidad. La visita finalizará el viernes tras un almuerzo entre los mandatarios en Zhongnanhai, sede oficial del Gobierno chino en la Ciudad Prohibida.
Esta es la segunda visita de Donald Trump al gigante asiático desde 2017. El presidente ha enfatizado la relevancia económica del encuentro al hacerse acompañar por diecisiete altos ejecutivos de multinacionales, entre ellos Elon Musk (Tesla), Tim Cook (Apple), Kelly Ortberg (Boeing) y Larry Fink (Blackrock). A última hora se unió Jensen Huang, fundador de Nvidia, tras una escala en Alaska. Su presencia sugiere la posibilidad de un acuerdo para que Nvidia obtenga la autorización del regulador chino para vender sus chips de inteligencia artificial H200. El vasto mercado asiático es un gran atractivo para los empresarios y Trump necesita acuerdos que pueda exhibir como un triunfo político. Pekín ha recogido el guante: el portavoz de Exteriores confirmó la disposición de colaborar con las empresas de EE.UU. bajo los principios de «igualdad, respeto y beneficio mutuo».
Trump llega a una China más asertiva que la de noviembre de 2017. En la última década, el país ha dado un salto cualitativo en desarrollo tecnológico, convirtiéndose en un competidor formidable. Aunque en su visita anterior el republicano desplegó carisma y sintonía con Xi Jinping —llegando incluso a pasear por la Ciudad Prohibida en una imagen inusual para el rígido protocolo chino—, la situación actual es distinta. Meses después de aquel encuentro, Trump inició una guerra comercial que ha retomado en su segundo mandato. Hoy, los contenciosos han aumentado y ambas potencias exhiben su rivalidad sin ambages.
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El presidente norteamericano llega debilitado por la falta de una solución al conflicto en Irán y por las limitaciones judiciales impuestas a sus aranceles. Con las elecciones de medio mandato en el horizonte, Trump necesita resultados tangibles, mientras que a Xi Jinping le basta con prolongar el statu quo. En China, pese a la ralentización económica, la autoridad del presidente permanece incuestionable.