Irán, Taiwán y las tensiones comerciales marcan el cara a cara entre Xi y Trump
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Guerra, geoestrategia, tensiones comerciales y rivalidad entre potencias marcan el viaje del presidente Donald Trump a China.
13 may 2026 . Actualizado a las 15:26 h.El cara a cara entre los líderes de las dos primeras potencias mundiales tiene lugar con bajas expectativas de alcanzar acuerdos relevantes. Donald Trump llega a Pekín la noche de este miércoles para una visita de Estado que se prolongará hasta el viernes y en la que las reuniones con Xi Jinping ocupan prácticamente toda la agenda. El viaje oficial programado inicialmente para resolver la guerra comercial y alcanzar acuerdos sobre los aranceles se ha visto desbordado por la actualidad geoestratégica. El ataque estadounidense a Irán y el cierre del estrecho de Ormuz ha colocado en primer lugar de la agenda la crisis en el golfo Pérsico. Se espera que Trump pida apoyo a Xi para que presione a Teherán y poder alcanzar un alto el fuego que permita restablecer el tráfico marítimo por Ormuz. Además de la crisis energética, los dos mandatarios tienen otros frentes abiertos como la competencia tecnológica, las barreras comerciales o la venta de armas a Taiwán.
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A pesar de su habitual triunfalismo, Trump llega a China con el lastre de no haber cerrado la guerra contra Irán y el impacto que ha provocado en la economía mundial el cierre de Ormuz. También con su política arancelaria, su principal arma negociadora, derogado por el Tribunal Supremo de EE.UU. Aunque para Xi el momento puede parecer más dulce, ya que se presenta como un garante del orden internacional ante el caos desatado por su par estadounidense, está por ver si la situación a la larga es realmente ventajosa para China.
De momento Pekín puede hacer frente a la crisis energética gracias a sus reservas de petróleo, pero la realidad es que por Ormuz circula el 45 % del gas y crudo que importa el gigante asiático. Una guerra larga acabará impactando en la economía china. Al gigante asiático no le interesa la inestabilidad ni una crisis energética que provoque una recesión económica global. Sigue dependiendo de sus exportaciones —aportan una quinta parte a su PIB— y por ello necesita países compradores con buena salud económica y rutas marítimas seguras.
Está por ver el tipo de influencia que puede ejercer China sobre el régimen de los ayatolás. Hace una semana visitó Pekín el ministro de Asuntos Exteriores iraní, Abás Araqchi. Su homólogo chino, Wang Yi, certificó las buenas relaciones con Irán, calificó de «ilegítima» la guerra y pidió una salida a la crisis en Oriente Medio.
Para Xi Jinping es una prioridad tratar el tema de Taiwán y desearía frenar la venta de armas de Estados Unidos a la isla. En diciembre pasado, Washington anunció el mayor acuerdo de venta de armas a Taipéi por valor de 11.000 millones de dólares. Es una decisión aprobada por el Congreso de EE.UU., pero el presidente chino aspira a que Trump la pueda bloquear o al menos reducir. Para Pekín es importante que el republicano reafirme el compromiso de Estados Unidos con la política de «una sola China» y sería un triunfo lograr una declaración formal de rechazo a la independencia de Taiwán.
Las dos potencias mundiales mantienen una frágil tregua comercial que implica reducción de aranceles a los productos chinos y rebajar parcialmente las restricciones sobre sus tierras raras. El inquilino de la Casa Blanca necesita alcanzar algún tipo de acuerdo comercial que pueda exhibir como victoria y podría ser que China amplíe la compra de productos agrícolas estadounidenses y aviones Boeing.
Musk y Cook, en la amplia delegación de empresarios
Trump viaja al gigante asiático acompañado de una nutrida representación empresarial, entre la que figuran dieciséis ejecutivos de multinacionales estadounidenses, entre ellos Elon Musk (Tesla y SpaceX), Tim Cook (Apple), Larry Fink (BlackRock) y Kelly Ortberg, (Boeing). La delegación, que incluye también a responsables de Blackstone, Goldman Sachs, Mastercard, Meta y Visa, refleja el peso de sectores como tecnología, finanzas, aviación y pagos en la relación bilateral. Sin embargo, no estará Jensen Huang, el CEO de la tecnológica Nvidia, que ha tenido varios choques con la Administración Trump (un de ellos, haber limitado la venta de sus chips de IA a China por motivos de seguridad nacional).
El tamaño del mercado chino sigue siendo otro as en la manga para Pekín, especialmente allí donde las grandes empresas estadounidenses mantienen intereses directos. Apple ejemplifica esa dependencia: ha trasladado parte de su producción a la India por la guerra arancelaria, pero sigue fabricando en China la mayoría de sus iPhones, lo que la convierte en una de las multinacionales estadounidenses más expuestas a los vaivenes de la relación comercial entre ambos países, informa Efe.