Xi y Trump, elogios y buenas palabras, pero una línea roja: Taiwán

María Puerto PEKÍN / E. LA VOZ

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El líder chino pidió a EE.UU. «ser socios y no rivales» y el estadounidense alabó a su anfitrión como «un gran líder». Los principales anuncios quedan pendientes, entre ellos contratos económicos concretos, pese al extensa delegación de ejecutivos estadounidenses

15 may 2026 . Actualizado a las 18:12 h.

Buenas palabras, promesas de acuerdos económicos y advertencias sobre el riesgo de un conflicto por Taiwán resumen el encuentro de los líderes de las dos primeras potencias mundiales. De momento la conclusión más concreta de esta cumbre es que tendrá continuidad, ya que Donald Trump ha invitado a Xi Jinping y a su esposa, Peng Liyuan, a visitar la Casa Blanca el próximo 24 de septiembre. 

 

Los elogios y el consenso sobre la necesidad de establecer relaciones constructivas marcaron el encuentro entre los dos presidentes. Era la primera vez que se reunían en Pekín tras casi una década. En este tiempo las relaciones entre las dos potencias se han deteriorado y la rivalidad ha aumentado. Xi recibió este jueves a Trump al pie de las escalinatas del Gran Palacio del Pueblo y con la tradicional recepción militar. Ambos conversaron más de lo habitual, e incluso en reiteradas ocasiones se tocaron mutuamente, un extraño gesto físico de cercanía. El día finalizó con un gran banquete de Estado, en la que los presidentes brindaron por la «relación bilateral más importante del mundo».

Xi pidió a EE.UU. «ser socios y no rivales» y Trump alabó a su anfitrión como «un gran líder» y vaticinó un «futuro fantástico juntos»

La jornada estuvo repleta de ceremonias y reuniones, pero no se anunciaron acuerdos concretos. En la tradicional comparecencia ante la prensa antes de iniciar la reunión bilateral Trump fiel a su estilo directo no dudó en asegurar que Xi es un «gran líder» y pronosticó que «la relación entre China y Estados Unidos va a ser mejor que nunca». El presidente chino más comedido defendió que los dos países deben «ser socios y no rivales».

Caer en la trampa de Tucídides

Pero a pesar de las palabras conciliadoras, Xi no dudó en marcar Taiwán como una línea roja. Así, advirtió a su invitado que un desacuerdo sobre la isla podría conducir al «choque e incluso al conflicto». Al principio de su cara a cara ya hizo referencia el riesgo de caer en la «trampa de Tucídides», la teoría clásica griega sobre la probabilidad de un conflicto militar entre una potencia establecida y una emergente. Según el comunicado del Ministerio de Exteriores chino, Xi Jinping habría subrayado que «la independencia de Taiwán y la paz en el estrecho de Taiwán son tan irreconciliables como el fuego y el agua».

Las conversaciones entre los dos líderes y su extensa comitiva duraron más de dos horas. Sorprendió que en la sala de reuniones también entraran los ejecutivos de grandes empresas que acompañan al inquilino de la Casa Blanca. Según la prensa china, Xi Jinping les aseguró que «las puertas de China al mundo exterior se abrirán cada vez más... Las empresas estadounidenses disfrutarán de perspectivas aún más prometedoras en China».

La llegada de Donald Trump a Pekín arropado por los diecisiete líderes empresariales estadounidenses más influyentes, entre ellos directivos mediáticos como Elon Musk (Tesla), Tim Cook (Apple) o Jensen Huang (Nvidia), ha escenificado como el republicano ha querido centrar el viaje en los acuerdos económicos.

El primer ministro Li Qiang mantuvo una reunión con la comitiva empresarial. De momento Pekín no anunció ningún contrato, pero el comunicado de la Casa Blanca destacó el interés de China en comprar productos agrícolas y petróleo estadounidense. También se espera que el gigante asiático adquiera al menos doscientos aviones Boeing 737 Max. El director ejecutivo de la empresa aeronáutica, Kelly Ortberg, estuvo presente en la reunión.

Si en China se ha destacado la firmeza de su presidente sobre Taiwán, desde Washington se destacaba el supuesto consenso sobre la guerra de Irán. El comunicado de la Casa Blanca señala que «ambos países coincidieron en que Irán nunca podrá tener un arma nuclear» y que «el estrecho de Ormuz debe permanecer abierto para apoyar el libre flujo de energía». El comunicado del Ministerio de Exteriores chino no hizo ninguna referencia al conflicto con la república islámica.

Trump ha viajado acompañado por los secretarios de Estado, Marco Rubio; el de Guerra, Pete Hegseth, y el del Tesoro, Scott Bessent, encargado de negociar los acuerdos comerciales.

Rubio salva el veto

Marco Rubio tenía vetada la entrada en China desde el años 2020 al ser incluido en la lista de sancionado estadounidenses por denunciar las actuaciones del Gobierno de Pekín en Hong Kong y en  Xinjiang. La diplomacia china ha recurrido a su cultura milenaria para evitar el problema: cambiar la grafía de la traducción del nombre de Rubio a los caracteres chinos y de esta forma no aparece entre los sancionados.

Como senador por Florida, Rubio destacó por ser una de las voces prodemocracia más beligerantes de Washington. Como tal, lideró la acción legislativa contra China en castigo por el fin de las libertades políticas en Hong Kong y la represión en campos de reeducación de la minoría uigur en Xinjiang.

Ambiente en la cumbre: memes, selfis, un paseo «entre el cielo y la tierra» y pato laqueado 

M. P.

El viaje oficial de Donald Trump a Pekín se traduce para los habitantes de la capital en una fuente de inconvenientes. La ciudad vive bajo un gran despliegue de seguridad que implica calles cortadas en el centro y larguísimos cortes de tráfico en función de los movimientos de la comitiva presidencial, sin olvidar los controles en el metro que obligan a identificarse a los viajeros.

La población lo vive con cansancio, pero también con la expectación de asistir a momentos históricos, o al menos así lo reflejan las redes sociales. Y también se vive con bastante humor. Memes y vídeos creados con inteligencia artificial se han hecho virales. Se pueden ver versiones parodiando la reunión y presentando a los dos mandatarios acompañados por algunos de los presidentes de las tecnológicas en camiseta y sentados en una mesa junto a la carretera devorando pinchitos y bebiendo cervezas. También se ha mostrado a Trump comiendo pollo en un KFC con el deseo de que disfrute de un «jueves loco» en referencia a la campaña de la empresa que ofrece descuentos todos los jueves. Durante el banquete de estado el directivo de Xiaomi, Lei Jun, se hizo un selfi con Elon Musk que también se viralizó y su etiqueta tuvo más de 20 millones de visualizaciones.

El jueves empezó con una recepción de gala a Donald Trump en la plaza de Tiananmen. Xi Jinping esperaba a su homólogo al pie de la larga escalinata del Gran Palacio del Pueblo, sede del Parlamento chino y donde se celebran las principales reuniones políticas. Pekín desplegó el protocolo de gala para recibir a Trump que incluyó una salva de cañonazos y niños agitando flores y banderas. 

El Templo del Cielo

Tras la reunión de trabajo, Xi hizo de guía turístico acompañando a Trump al Templo del Cielo, enclave histórico que data del siglo XV y simboliza los vínculos entre el cielo y la tierra en la cosmovisión tradicional china. Allí los emperadores de la dinastía Ming y Qing hacían ofrendas para conseguir buenas cosechas y mantener la armonía del reino. Desgraciadamente el tiempo no acompañó al paseo. El calor, la humedad y la neblina que provoca la alta contaminación deslucieron la visita. A pesar de ello Trump hizo gala de su buen humor y aseguró que es «Un gran lugar. Increíble. China es bella». El presidente estadounidense iba acompañado de su hijo Eric y su nuera Lara Trump.

El día finalizó con una banquete de gala ofrecida en el salón dorado del Gran Palacio del Pueblo. En la cena no faltaron los emblemáticos platos chinos como el pato laqueado pekinés o panecillo de cerdo a la plancha (un tipo de baozi), aunque el menú también incluyó platos internacionales para contentar a los invitados.