Zapatero y Caracas: 20 años de conexión política y alineación con el chavismo
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Del caso Navantia al Plus Ultra, hay una huella de escándalos de dos décadas
20 may 2026 . Actualizado a las 13:38 h.«El presidente Zapatero representa la diplomacia de altura, la que entiende que la paz de Venezuela se construye con respeto y no con sumisión a imperios». Corría agosto del 2024 y José Luis Rodríguez Zapatero volvía a tener un rol fundamental en la política venezolana, negociando el exilio de Edmundo González, a la sazón ganador de las elecciones celebradas dos meses antes, en la embajada española en Caracas; a su lado estaba, aparte del candidato, Delcy Rodríguez, hoy presidenta interina del país sudamericano, que fue quien profirió la frase como epílogo a la salida de González. Los caminos del exjefe del Gobierno español y la revolución bolivariana vienen cruzándose desde hace más de dos décadas, creciendo en opacidad y frecuencia en la medida en que el chavismo se volvía cada vez menos democrático.
Del caso Navantia a la expulsión del ganador de una elecciones de las que él mismo había sido observador, hasta llegar a la imputación por las ayudas a la aerolínea Plus Ultra, y pasando por el llamado caso Morodo: su embajador en Caracas, Raúl Morodo, y su hijo, Alejo, imputados en España por fraude fiscal con fondos de la petrolera venezolana PDVSA.
El propio Zapatero, en el 2019, calculaba en «más de 40» sus viajes a Caracas: el más reciente, en enero de este año, días después de la captura de Maduro por las Fuerzas Armadas de EE.UU., cuando llegó a Caracas para «apoyar en la liberación de los presos políticos», como dijo en su momento Jorge Rodríguez, hermano de Delcy y presidente del Parlamento venezolano.
«La verdad es que tengo una gran confianza en la presidenta Delcy Rodríguez», señalaba hace cuatro meses; confianza forjada a lo largo de más de una década en la que el exjefe de Gobierno español fue mediador, confidente, e incluso, promotor, según han denunciado las oposiciones española y venezolana en el escándalo del Delcygate en el 2020.
Apenas diez días antes del viaje de Delcy a Europa, Rodríguez Zapatero estuvo en Venezuela, y en los informes policiales y de la Agencia Tributaria del caso consta que intentó mediar para el cobro de una deuda que el Estado venezolano tenía con otra aerolínea, Air Europa, por unos 200 millones de dólares, que, según los registros de la Guardia Civil, iban a ser parcialmente pagados con el contenido de las famosas 25 maletas con las que supuestamente viajaba la vicepresidenta y habrían quedado en la terminal.
Mediador en todas las crisis
En cada crisis que tuvo que enfrentar el chavismo, especialmente a partir del 2014, hubo una mediación de Rodríguez Zapatero, en términos que acabaron siendo inaceptables para la oposición a partir del 2018, cuando el exjefe de Gobierno pidió «asumir la realidad» de una Asamblea Constituyente que anulaba las funciones de la Asamblea Nacional en la que el chavismo era muy minoritario. «Zapatero es un portavoz más de la agenda internacional de Maduro», señaló, ese año, Julio Borges, quien tras la mediación del expresidente español tuvo que exiliarse.
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Otro motivo de sospecha sobre sus relaciones con el chavismo son las declaraciones de Piedad Córdoba, la fallecida dirigente colombiana de izquierda cercana a Hugo Chávez, quien en el 2020 afirmó que Zapatero tenía «una mina de oro en Venezuela», y no en sentido figurado. Algo que ha sido desmentido por el propio exmandatario, quien no ha negado, sin embargo, que disfruta de un piso de más de 400 metros cuadrados en sus visitas a Caracas, como tampoco ha hablado de la empresa Whathefav, que es propiedad de sus hijas y que aparece en los papeles del caso de Plus Ultra en general, y en particular con Julio Martínez, el empresario venezolano que era consejero delegado de la aerolínea y fue detenido en diciembre en Madrid.
Silencio en Miraflores y en la oposición
La dirigencia del chavismo suele replegarse, no reaccionar de inmediato, cuando algo le sorprende. Mucho más en estos últimos días, en los que la «revolución bolivariana» vive instalada en la crisis. No es extraño, por tanto, que no haya habido ninguna reacción por parte de los hermanos Rodríguez, grandes amigos de José Luis Rodríguez Zapatero, a su imputación. La presidenta interina ha decidido guardar silencio sobre los problemas del exmandatario socialista, a quien, hace una década llamaba cariñosamente «mi príncipe» en varios mensajes de texto.
«El canciller de Maduro»
La oposición mayoritaria, la que encarna María Corina Machado también hace mutis, pese a que la propia dirigente suele fustigar al exjefe del Gobierno español. Frecuentemente, se ha referido a Rodríguez Zapatero como «el canciller de Maduro», y solo hace menos de un mes evitó reunirse con el jefe de Gobierno español, Pedro Sánchez, en Madrid, afirmando que este encuentro suponía un «inconveniente para la causa democrática».
En la «tercera pata» de la oposición, la que convive con el chavismo, hay incluso más cautela que en los dos grupos anteriores, porque, según se ha dicho hasta la saciedad, muchos deben sus cargos a la arquitectura política del exjefe de Gobierno español para la confección de una «oposición a la medida» para el chavismo.
Enrique Márquez, excandidato presidencial del 28 de julio del año 2025, y quien llegó a estar preso durante un año luego de esas elecciones, afirmó tras salir de la cárcel, en febrero, que «el presidente Zapatero juega un gran papel en Venezuela y espero que el tiempo lo reivindique [...]. No soy aquel que va a negar la amistad con él. A mis amigos no los niego».
La frase lo hundió políticamente. Aunque no hay ninguna encuesta sobre la popularidad del exmandatario español en Venezuela, el hartazgo político de sus ciudadanos con el chavismo los lleva a rechazar a cualquiera que luzca mínimamente alineado con su objetivo de permanecer en el poder.
Según diversos sondeos, el 85 % de los venezolanos quieren un cambio político inmediato, una cifra invariable desde el año 2020.