Susana Vázquez, primeriza a los 50 y en solitario: «Dejé una relación de 11 años por ser madre»
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Un desengaño amoroso y su deseo de tener hijos la llevó a congelar sus óvulos a los 34. Años después, a los 49, pudo materializar su sueño: «Tenía pocas probabilidades de éxito, pero inesperadamente me quedé a la primera»
24 may 2026 . Actualizado a las 10:30 h.Susana Vázquez tiene ahora 52 años, es policía local de Coslada, en Madrid, y atleta de ultrafondo. Hasta ahí todo encajaría dentro de la normalidad, menos por el hecho de que fue madre primeriza y en solitario hace escasamente dos años. «Soy madre soltera y me quedé embarazada por una fecundación in vitro cuando tenía 49 años. Di a luz con 50», indica. Ese es el resumen de una historia que comenzó mucho antes. «Yo llevaba casi 11 años con mi chico, pero decidí dejar la relación. Él era conocedor de que yo tenía óvulos preservados y sabía que quería ser madre, lo tenía muy claro. Pero siempre que se lo planteaba me decía que no era el momento. Entonces, un día con 49 años me dije que si seguía con él, no iba a ser madre nunca. Y me planteé renunciar a mi pareja. Me pesó más el deseo de ser madre», comenta esta mujer, que desprende energía y vitalidad. «Hay muchas parejas que son felices viviendo así, que viajan y tienen una buena vida. Y es muy loable no querer tener hijos, pero en mi caso, me pudo el deseo de ser madre. Y eso que no las tenía todas conmigo. Todo lo contrario, porque con 50 años iniciar un tratamiento in vitro supone varios intentos», comenta.
«Decidí gastar el último cartucho, aunque tuviera pocas probabilidades de éxito. Pero, inesperadamente, me quedé a la primera. Y tuve un embarazo envidiable. De estar compitiendo hasta el último momento. Cuatro días antes de dar a luz participé en una carrera de diez kilómetros en la playa de San Juan, en Alicante. Entré en la meta con mi tripón y la gente se echaba las manos a la cabeza», relata, mientras explica que le tuvieron que inducir el parto porque ya estaba en la semana 40. «Durante todo el embarazo estuve supercontrolada. Me repetían todas las pruebas aún dando negativo. Como la de la curva de la glucosa, por ejemplo. Al mes de hacérmela, me la hicieron de nuevo por si acaso. Y cada dos o tres semanas tenía analíticas y ecografías», aclara.
UN GRAN DESENGAÑO
¿Pero qué llevó a Susana a congelar sus óvulos? Ella lo explica: «Fue por otra ruptura que me marcó muchísimo. De hecho, caí en una depresión y llegué incluso a raparme la cabeza. Se juntaron varias cosas». «Unos meses antes de esa ruptura falleció mi perro con el que había convivido durante toda mi independencia. Me fui de casa muy jovencita, porque tenía muchos conflictos y encontronazos con mi madre. Pagué con ella muchas cosas y tuve una adolescencia muy rebelde. Así que con 19 años, me independicé porque había sobrepasado límites. Llegué a tener tres trabajos y mi perro siempre me acompañó», relata, mientras explica las causas de esa rebeldía. Su padre, de Castro Caldelas (Ourense), era emigrante en Suiza cuando conoció allí a su madre, que es yugoslava: «Recuerdo pasar los veranos más felices de mi vida en Castro Caldelas. Luego, cuando tenía 12 años, mis padres se separaron y mi madre decidió venirse a España. Mi padre se quedó en Suiza trabajando. La separación de mis padres me afectó mucho. Y empecé a tener una adolescencia rebelde, así que al principio alquilé una habitación. Luego ya me metí en una vivienda con una hipoteca muy pequeñita». «Lo primero que hice fue cogerme un perro. Estuvo conmigo desde entonces, 14 años, hasta que falleció cuando yo tenía 32 años. Y ahí ya me dio un bajón increíble. Lo pasé mal porque fue un apoyo muy importante en momentos difíciles, cuando tenía 19, 20 o 21 años», explica. Pero a esto hay que sumarle el episodio que la hizo tocar fondo: «A los pocos meses de esto, pillé a mi ex de otros 10 u 11 años de relación con otra chica. No era ni siquiera un encuentro esporádico, llevaba meses con una relación paralela. Incluso la chica se movía en los ámbitos de su familia, de sus hermanos, cuando salían por ahí los sábados por la noche. Y todo el mundo lo sabía, menos yo. Me iba a competir a lo mejor una semana, y resulta que esta chica estaba en mi casa. Fue un mazazo gordo», indica.
«Me derrumbé»
«Ahí me derrumbé. Entonces cuando cumplí 34 pensé que ya no iba a poder ser madre. Con esa pareja tenía planes de casarme y formar una familia. Estábamos en ese punto de ir a por los niños. Yo ya tenía un trabajo estable, me había sacado la oposición de policía local, nos habíamos comprado una casita y solo nos quedaban los niños. Entonces, un día estaba hablando con mis amigas de que ya no iba a poder ser madre, porque en ese momento tuve que pasar por un duelo, y no quería ver a un hombre ni en pintura. Y hasta que lo superara y conociera a otra persona iban a pasar años... Entonces, en ese momento, una de mis amigas me planteó la posibilidad de congelar mis óvulos y me pareció una gran idea».
Y tanto, porque gracias a ello acaba de cumplir su sueño. «Me di de margen unos años para salir de mi pena, conocer a alguien y rehacer mi vida. Cuando tenía casi 40, comencé a competir deportivamente, viajar y disfrutar. Ahí ya me estaba rondando la idea de ser madre soltera. Pero apareció en mi vida el que luego fue mi pareja. Y me relajé, porque él me decía que también quería formar una familia, pero que aún no era el momento para él. Aposté por el amor porque lo quería mucho y quise darle tiempo a la relación», comenta esta mujer todoterreno.
Sobre si se arrepiente de no haber tenido antes un hijo, Susana dice que por un lado sí, pero por otro no: «Es verdad que me araña el corazón pensar que no voy a poder a disfrutar tanto de mi hijo como otros padres más jóvenes. Pero sí defiendo la maternidad tardía. Las mujeres también tenemos derecho a profesionalizarnos».
No lo cambia por nada
Eso sí, reconoce que desde que es madre, su vida ha cambiado por completo. Pero ella está feliz y no lo cambia por nada. «Yo no veo tan imposible criar a un hijo sin una red de apoyo. Mi familia está toda en Alicante, y yo estoy aquí en Madrid, sola. Leo va de nueve a tres de la tarde a la guardería, y eso me permite a mí ir a entrenar, hacer la compra, sacar al perro y hacer la casa. Luego, trabajo por la noche. Lo he decidido así porque de esta manera puedo estar durante el día con mi hijo y educarlo yo. No iba a tener un hijo a estas alturas para que me lo eduque otra persona», comenta. También explica que al trabajar por turnos, tiene bastantes días libres, y que eso le permite compensar la falta de sueño de los días que trabaja. «La semana que trabajo es verdad que acuso la falta de sueño. Lo que hago es que cuando llego a las siete de la mañana, me meto con él en la cama hasta las ocho y media o nueve. Luego, lo llevo a la guarde y ahí me echo otro rato y ya hago mis cosas. Lo recojo y en su siesta también vuelvo a dormir. Y después lo acuesto sobre las ocho y media o nueve, y ahí también me acuesto con él hasta que llega la niñera. Duermo a cachitos y de momento me voy apañando. Pero es verdad que cuando me toca la semana libre, recupero el sueño», indica.
Por si todo esto fuera poco, Susana ha sacado tiempo para escribir y compartir su experiencia. Acaba de publicar Elegir sin miedo (Espasa), un testimonio inspirador que demuestra que se pueden tomar decisiones valientes y vivir a contracorriente con éxito. Porque a voluntad, coraje y libertad personal no hay quien le gane, a pesar de que siempre hay alguna crítica: «Sobre todo en las redes sociales. Pero no me conocen y la verdad es que no me importa lo que digan».