La nueva vida de Rosa tras haber ganado 1,5 millones en «Pasapalabra»: «Han sido cinco años de esfuerzo. Siempre estudié caminando y llegué a hacer 20 kilómetros al día»
ACTUALIDAD
En febrero consiguió el mayor bote del concurso, 2.716.000 euros, de los que Hacienda se llevó un buen pico, y tras este tiempo de parón después del «shock», Rosa, hija de un gallego y una argentina, repasa cómo han sido estos años de esfuerzo y cuenta cómo se plantea su futuro
06 jun 2026 . Actualizado a las 10:38 h.Aunque se llama Rosa Rodríguez Ramírez (Barazategui, Argentina, 18 de octubre de 1993) asegura que no tiene predilección por la letra R, ni siquiera por la M de Morrall, el apellido del jugador de la NFL que la ha convertido en la persona que se ha llevado el bote más alto de Pasapalabra: 2.716.000 euros. Para ella han sido alrededor de 1,5 millones, después de que Hacienda se haya quedado un enorme pellizco que, lejos de molestarle, a Rosa le reconforta porque, según confiesa, es un ejemplo del resultado de quien se ha beneficiado a lo largo de la vida de lo público.
Hija de un gallego, que emigró muy joven, y de una argentina, es la segunda de cuatro hermanos, y por esa devoción a los suyos, especialmente a sus padres, giró su destino y en plena pandemia decidió que dar clases de español a extranjeros estaba bien, pero tal vez en la televisión se escondía la oportunidad de demostrar que toda su formación en Filología Inglesa podía dar otro fruto. Consiguió completar las 25 palabras del rosco el 20 de enero del 2026, aunque oficialmente se supo el 5 de febrero, el día que se emitió el programa, pero ninguno de esos números, ni el 20 ni el 5, juegan en su suerte. «Me gusta el 14, no sé muy por qué», responde Rosa, que se reconoce como una Libra de libro, de apariencia serena y equilibrada que, sin embargo, bule por dentro. Tres meses después del shock, así es ahora la nueva vida de Rosa.
—Esta es una pregunta de rosco. Con la c de «cobrar», ¿has cobrado ya?
—[Risas] Las cosas de la tele llevan un tiempito...
—¿Has tenido entonces que estar todo este tiempo tirando de ahorros?
—Sí, y no es poca cosa, estuve preparándome económicamente para todo esto, porque en la pandemia tomé la decisión de presentarme, cuando me quedé sin trabajo. Empecé a estudiar en febrero del 2021, es decir, que han sido cinco años en los que he combinado períodos de dar clases, que es a lo que me dedico, con ir a grabar Pasapalabra, en el que estuve 15 meses.
—Tu madre, que es muy fan del programa, fue quien te animó a presentarte. ¿Hacerlo era una manera de devolverles a tus padres el esfuerzo?
—Fueron muchas las cosas que me llevaron a tomar la decisión: la ilusión que le hacía a mi madre, pero también ese pensamiento de que si ganaba, podía devolverles el sacrificio. Cuando entré en el concurso sintieron un orgullo máximo, se les notaba cuando la gente me paraba por la calle. Yo siempre me he guiado por esa base de hacer lo que me hacía feliz. Estudié Filología Inglesa porque quería aprender inglés, me gustaba ser profesora, y si haces eso, no piensas en el dinero. Pero cuando eres hija de emigrantes sabes que tus padres han tomado la decisión más importante de su vida no pensando en ellos, en su felicidad, sino en darle una vida mejor a sus hijos y eso te marca.
—Vosotros volvisteis a Galicia cuando tú tenías 7 años.
—Sí, mi padre se fue de niño para allá y en Argentina creció y formó su familia. Él tenía una pizzería, pero llegó un momento, con cuatro hijos, que supo que si quería darles estudios y un futuro, tenía que regresar, por eso tomaron la decisión de volver. Y han conseguido darnos estudios a todos. Mis padres no me pusieron ninguna cortapisa para hacer una carrera u otra, pero yo, al final, sí he sentido esa presión de tener que tomar otra salida para devolverles a ellos en términos económicos todo lo que han hecho por nosotros.
—¿Sigues viendo «Pasapalabra»?
—Sí, sí, si estoy con mis padres lo veo con ellos. En mi casa no tengo tele, pero procuro ver al día siguiente el rosco.
—¿Compites contigo misma?
—No compito, pero sí pienso que aún estoy en forma, ja, ja, ja.
—¿Cuántas horas estudiabas?
—Hubo fases de todo, cuando empecé y no tenía trabajo, estaba 12 horas haciendo roscos, era lo único. Empecé haciendo todos los que había en la página web, que entonces eran unos 3.000. Después, cuando ya daba clases, a veces estudiaba unas tres horas. Concursando hubo épocas de estar hasta 14 horas, pero no significa que estuviera con los codos anclada en la mesa. Desde que me levantaba me ponía los cascos, y ya escuchaba roscos, luego pódcast, mientras cocinaba seguía... Digamos que todo el tiempo que estaba despierta estaba preparándome. Han sido cinco años de esfuerzo. Solía estudiar caminando, en los mejores tiempos hacía 20 kilómetros andando, tres horas por la mañana y tres por la tarde. Siempre estudié caminando.
«Como hija de emigrantes que soy, quise recompensarlos»
—¿Soñabas con «Pasapalabra»?
—Hubo momentos en que sí. Además, no podía leer por placer o ver una película, porque cualquier palabra me llevaba a memorizar.
—¿Manifestaste?, como se dice ahora. ¿Te imaginaste ganadora?
—Sí, sí. Hacía mucho trabajo de visualización, vas pasando por los botes ganados y me imaginaba: «¿Y si esa persona que ganó soy yo?».
—¿Cuál fue tu técnica de estudio más eficaz?
—Los palacios mentales. En realidad, los utilicé solo para las listas, como la que me dio el bote. Listas específicas, limitadas, por orden cronológico, por ejemplo, la de los mejores jugadores de la NFL, que va desde 1959 al 2024. Con los palacios mentales lo que haces es que vas colocando en una habitación imaginaria a cada jugador en una posición específica y luego, cuando quieres recordar, es mucho más fácil visualizarlos.
—De hecho, en el rosco final, antes de responder a la última pregunta se ve que haces un gesto raro.
—Sí, antes del último turno se ve que yo me separo, que la gente llegó a decir que si estaba rezando... Y lo que hacía era repasar mentalmente la lista desde el principio, intentando visualizar a los jugadores, porque vas viendo a todos en su posición: el del 68, 69, 70, 71... Tenía que descartar y localizar al que empezaba por m.
—Pero esta no ha sido la única técnica.
—No, las técnicas van variando porque cambias a medida que vas mejorando y para no aburrirte... Yo al principio abría el diccionario y me ponía a, b, c... Luego vi que no me funcionaba, hubo otro momento en que buscaba información temáticamente. La grandeza de Pasapalabra es precisamente esa, que no hay temario, la base más grande es el diccionario, pero hay otras preguntas de enciclopedia, y esa es la gran dificultad. Yo estuve dos años y medio estudiando para entrar sin que nadie supiera que existía.
—En casa, los que ven el programa no consiguen ir a ese ritmo que tenéis vosotros, ¿cómo se consigue? Lo difícil es no precipitarse a la hora de responder.
—Sí, es todo entrenamiento, repetir, repetir y repetir. A veces crees que sabes la definición solo con el comienzo y te lanzas. Yo tuve que trabajar mucho esa parte, porque iba tan escopeteada que cuando me preparaba con la aplicación Anki, que es con la que trabajamos los concursantes, si me salía una definición y al segundo no sabía la palabra, ya la marcaba como mala.
«Hubo machismo, se cuestionó mi ropa y que yo supiera de deportes»
—¿Cómo fue el proceso de «casting»?
—El primero lo hice en Santander, en el palacio de la Magdalena, allí nos sentaron y como en un examen nos dieron dos roscos por escrito. Después me hicieron una prueba de cámara y me fueron llamando. Una redactora me decía: «¿Puedes hacer ahora el rosco por teléfono?». Yo lo hacía, y yo iba apuntando los fallos que tenía.
—¿Cómo gestionaste la presión?
—Una de las cosas fundamentales es que, en lugar de solo mirar para adelante, miraba para atrás, para ver el recorrido hecho, porque cuando te vuelves bueno en algo te sueles olvidar de dónde partiste. Yo pensaba: «Hace dos meses no sabía los reyes de Dinamarca, los reyes vándalos, los suevos… Ahora los sé todos». Date cuenta de que hay muchos temas que no puedes tocar, por ejemplo, mis puntos débiles eran la música y el cine y tuve que elegir, porque si quería ser muy buena en cine, tenía que dedicar más tiempo, ya que mi base era muy pequeña. Yo sobre todo sabía de deportes e historia, y ahí para mí era más fácil memorizar. Otra cuestión básica es que cuando yo me preparé nunca pensé en la mirada externa, porque es cierto que cuando entras en el concurso empiezan a darte caña en las redes.
—Cambiaste incluso de posición física durante el rosco.
—Sí, pero no fue por lo que decían los haters, es que yo empecé echando el cuerpo para adelante como en posición de firmeza y luego me veía agresiva, pero lo reflexioné y dije: «No, es mi postura y yo a los hombres no los veo agresivos así», por eso volví a esa posición, que para mí era natural.
—Cuando ganaste, se cuestionó tu premio y tu conocimiento. ¿Crees que hubo machismo?
—En general, siempre el concursante que lleva más tiempo suele ser el más popular, y yo llegué de segunda. En todas las ediciones siempre se ha dicho si hay tongo. Pero sí creo que hubo comentarios machistas cuando se cuestionaba mi apariencia: que si siempre llevaba la misma ropa, que si los dientes... Cuando de los hombres eso no se decía. Y sobre el rosco, igual, en mi caso hubo machismo cuando se dijo: «¿Cómo va a saber esta chica algo de deportes y ¡encima de 1968!? Cuando yo soy una apasionada del deporte, jugué al fútbol de pequeña, al baloncesto, no me pierdo un partido de tenis, lo veo todo. Y en el programa no contesté de deportes como no respondí de arte, de cine o de literatura... Salió así.
—Y aún encima sales y dices que estás orgullosa de pagar impuestos.
—Entiendo la polémica, después he tenido debates incluso con gente que está a favor de pagar impuestos como yo, porque es muy alta la cantidad que se queda Hacienda. Pero la realidad es que es un privilegio poder contribuir, para mí es una victoria colectiva. Se habla mucho del trabajo personal, del esfuerzo y es cierto que la decisión fue mía, el trabajo fue mío, pero yo no hubiera llegado hasta aquí sin todo lo que tenía detrás. Toda mi formación es pública. Por eso para mí es muy importante lo de devolver, porque esto es fruto del estudio y de esas oportunidades. Nosotros nunca fuimos pobres, pero sí teníamos los recursos justos. Y yo tuve acceso a bibliotecas públicas, a becas de estudios, a becas para irme a estancias en el extranjero. Todos esos viajes que hice, toda mi formación es gracias a lo público. Por eso ahora considero que soy millonaria gracias a lo que recibí. ¿Que sería ser más bonito tener tres millones en la cuenta que uno y pico? Obviamente. Pero yo antes tampoco iba a tener un millón.
«Durante 15 días mis amigos analizaron sintácticamente mis wasaps»
—¿Cómo te sientes después de estos tres meses, notas que te falta algo?
—Sí, la gente me dice: «Ya vas a encontrar otro objetivo», y yo objetivos siempre he tenido. Lo único que no había tenido hasta Pasapalabra es un propósito más grande que yo. Ha sido un sueño cumplido. Ahora estoy muy feliz de haber ganado, pero hay días en que me despierto por la mañana y digo: «¿Y ahora qué? ¿Llegaré alguna vez a experimentar sensaciones tan grandes como esta?». Tengo que esperar, ir encajando todo.
—¿Tienes otras perspectivas de trabajo? ¿Ayudar a otras personas con tu experiencia sobre la gestión de la presión?
—Sí que me llama, pero lo que no me gustaría ahora es empezar a pontificar. Si a la gente le resulta útil que yo comparta mi experiencia, sí me gustaría hacerlo, porque a veces creemos que en el plano psicológico todos experimentamos de la misma manera y no. Esto conlleva mucha reflexión y autoconocimiento, que cuesta.
—Ganaste el 20 de enero, pero públicamente se supo el 5 de febrero, cuando se emitió el programa. ¿Te costó mantener el secreto?
—La verdad es que no [risas]. Sí me sentía culpable de no contárselo a alguna gente muy próxima, como a mi mejor amiga, solo lo sabía mi familia. Pero yo necesité esos días de reflexión, que quizás es la parte más difícil de entender, porque había tristeza, se acababa una etapa y me ayudó estar aislada en mi casa.
—¿No hubo gente que te preguntaba durante esos días: «Has ganado tú»?
—¡Claro! Yo evitaba todas las interacciones en persona. Mis amigos llegaron a analizar sintácticamente mis wasaps, yo era muy estricta con la puntuación para no dar una sola pista sobre si estaba muy feliz o no. Era todo muy neutro, fui muy críptica. Además, como yo sabía que se iban a llevar esa alegría, quería que vivieran esa emoción.
—¿Cómo viviste la final?
—Con amigos muy queridos y la gente del hotel, que también lo vivieron con mucho cariño. No estaba con mi familia, pero fue muy bonito.
—¿Tu conocimiento lingüístico, como filóloga, te ayudó?
—Sí, al final no es solo memorizar palabras. Recuerdo un término, loricado, que hace referencia a esos animales que tienen una piel o cubierta protectora, como los reptiles, y yo lo relacioné con el latín Lorica, (que da también loriga), que significa ‘armadura’. Para aprender tienes que construir una red de conocimientos, no es solo añadir datos.
—Si llega a ganar Manu, tu contrincante, ¿estarías igual de contenta?
—Sí, yo ya me había preparado psicológicamente para la final, tanto si ganaba como si perdía, estaba muy contenta con mi trayectoria, con como lo estaba haciendo en el concurso. Tú cuando estás jugando, sabes que puede pasar. Ahora puede parecer fácil decirlo, pero estoy convencida. Ya había dado todo lo que podía dar. Hay que estar en paz con eso, no se puede a veces ser el mejor en todo. Y el que consigue todo tampoco es que sea el mejor. Yo cuando gané me quedé en shock, porque llevaba 15 meses en el programa. Nosotros grabábamos los lunes y martes, tres programas cada día por la mañana. Y yo gané en el primero del martes, no me lo esperaba, porque después de tantos programas, no piensas que vas a completar el rosco. De golpe todo cambia, y toda esa adrenalina se va, no es fácil acomodarse, irte para casa... Me acuerdo que cuando me sentaba a comer no paraba de mover la pierna, estaba ansiosa, no sabía qué hacer porque se me había acabado la tensión de tener el tiempo medido.
—Tú decías que no ibas a sacrificar tu felicidad por dinero, ¿lo sigues pensando?
—Lo sigo diciendo, ja, ja, ja. Yo di todo por Pasapalabra, pero el objetivo principal no era el dinero, a mí me apasionaba tanto el concurso y el proceso, que pensaba: «Si me sale bien, el producto colateral es el dinero». Mi motivación última era completar el rosco, no el dinero. Nunca me guie por eso.
—¿Sabes qué vas a hacer con 1,5 millones de euros?
—Quiero comprarme una casa, pero hacerlo con calma, no sé si un piso, necesito darme un tiempo para elegir bien. Y luego viajar, que no lo he hecho. Yo soy muy calmada, para mí no es un dinero que tengo que gastar, sino algo que me da tranquilidad. Quiero disfrutar con mis hermanos Y mis padres, viajar con ellos. Para mí, el dinero ahora es la libertad. Mi madre siempre me ha dicho que el dinero va y viene, y es cierto. Mi gran triunfo es haber cumplido el sueño de mi madre.