Guerra abierta por mar y tierra contra el narco en Huelva y Cádiz: nueve agentes muertos en siete años
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Las unidades policiales alertan: «Solo falta un peldaño en esta escalada violenta, dispararnos como en México o Colombia»
10 jun 2026 . Actualizado a las 05:00 h.Fermín Cabezas, de la Guardia Civil, falleció en el 2019 al estrellarse con su moto mientras perseguía un coche que transportaba hachís en Cádiz. Dos años después, Agustín Cárdenas, del mismo cuerpo, murió arrollado por un coche en Jerez que servía de lanzadera para otro turismo que transportaba hachís. Miguel Ángel González y David Pérez, también del instituto armado, fueron asesinados en el 2024 en el puerto de Barbate al ser arrollados por una narcolancha. Cinco semanas después, Eneko Lira y Juan Jesús, de la Guardia Civil, murieron embestidos en Sevilla por un camión con ocupantes con antecedentes por narcotráfico. El octubre del 2025, en el río Guadiana, murió Pedro Nuno Marques, agente de la Guardia Nacional de la República (GNR) de Portugal. Iba a bordo de una patrullera mientras perseguía una narcolancha que les arrolló. El pasado mayo, a 70 millas de Huelva, perdieron la vida otros dos guardia civiles: Jerónimo Jiménez y Germán Pérez. Perseguían una narcolancha con garrafas de combustible.
Suman nueve muertes en acto de servicio en los últimos siete años. Sus ausencias, viudas e hijos huérfanos representan familias truncadas. Son las víctimas de una guerra que el Gobierno de España minimiza al no reconocer, y que avanza en la trinchera formada por Cádiz y Huelva. En el funeral de los dos últimos muertos, en Huelva, se respiró una atmósfera de dolor por las pérdidas, y de frustración por la sensación generalizada de abandono del Estado.
Lo confiesa Carlos Rodríguez, jefe operativo de Vigilancia Aduanera en Huelva y testigo del sepelio: «El problema de fondo es que esto [el narcotráfico] no le importa a nadie en política. Genera rabia contenida, las muertes están ahí, pueden darse en cualquier momento, y pasan. Parte de la solución responde a una cuestión económica. Para hacer frente al narcotráfico necesitas dinero, y la clave es sencilla: ¿en qué prefieren los políticos gastarse el dinero? ¿En el narco o en arreglar el AVE entre Huelva y Sevilla [parado hasta el 15 de julio]? Buscan el rédito, y el narco no lo aporta».
Munición de guerra
Tráfico de armas. El clima bélico va más allá de vehículos utilizados como misiles sobre el asfalto, o planeadoras haciendo de obuses en el Estrecho. El macabro conteo de muertes en el sur a punto estuvo de alcanzar la décima muerte en noviembre. Un proyectil del calibre 7,62 disparado por un AK-47, considerado armamento de guerra, perforó el cuerpo de Monti, integrante del Grupo de Respuesta Especial para el Crimen Organizado (GRECO) de la Policía Nacional en Huelva. Su vida pendió de un hilo durante días.
«Hoy se recupera, pero de milagro», explican dos compañeros de unidad mientras recorren el perímetro de Huelva durante una vigilancia. Ocupan los asientos delanteros, detrás, ocultos en una funda negra, los mismos fusiles de guerra que los narcos utilizan entre ellos para robar o evitar robos. «Desde lo de Monti, nos dieron este armamento para defendernos si es necesario», explican los mismos compañeros, evidenciando que las pistolas reglamentarias de cualquier funcionario son insuficientes cuando el enemigo vacía sus cargadores.
Naturalizado
A la luz del sol. Las muertes, heridos, coches oficiales embestidos y proliferación de armas propias de cualquier conflicto bélico son consecuencia de un trasfondo alarmante para los parámetros tradicionales del narcotráfico en España. Galicia sirve de espejo. El tráfico de cocaína sigue igual de activo que en el último lustro, pero con una gran diferencia con respecto a Huelva y Cádiz: en las Rías Baixas resulta, al menos por ahora, resulta impensable presenciar una descarga a plena luz del día, abrir fuego contra cuerpos policiales, un mercado negro bélico, la incautación de armamento de guerra en registros y la contratación de grupos equipados, a modo de mercenarios, con ese armamento solo para custodiar descargas.
«Aquí forma parte del día a día, lo hemos naturalizado. Nadie se sorprende. La escalada en los últimos años es visible e imparable. Es cierto que, por ahora, el uso de armas en tierra contra nosotros [añaden en el GRECO] es porque piensan que somos narcos que les quieren robar. Estos compran uniformes en internet, incluso sirenas para simular que usan coches oficiales. Pero también es cierto que en esta escalada solo falta un peldaño por subir: dispararnos para evitar incautaciones, igual que en Colombia o México. Pero llegará, lo tenemos claro, más pronto que tarde».
Violencia invisible
Que no se denuncia. Los códigos entre clanes de siempre hace tiempo que saltaron por los aires. Lo que antes se resolvía con un escarmiento de puños y hematomas, hoy se ejecuta apretando el gatillo, latigazos y secuestros exprés; una violencia invisible que no se denuncia, ni consta en estadísticas oficiales, que las mafias se aplican estrictamente entre ellas y que ha dejado un rastro de cadáveres a lo largo de Andalucía. «El fantasma de la Costa del Sol sobrevuela Huelva», añaden en el GRECO Huelva, que advierten de una «marbellización» del territorio donde las organizaciones parcelan sus territorios a sangre y plomo. «Los antiguos códigos de honor desaparecieron. Los nuevos actores, extranjeros, cruzan la línea roja al amenazar directamente a mujeres e hijos. Cuando un alijo cae, los implicados saben que si hablan, sus familias pagarán el precio».
La otra trinchera
La Armada y el uso de armas. La enésima muesca de la mala fe en aguas abiertas la revelan en el Servicio Marítimo de la Guardia Civil en Andalucía: «Saben que al dañar una patrullera, no estará en desuso una semana ni dos. A poco que causen daños con la embestida, estará fuera de servicio dos meses o tres. Por eso vienen a por nosotros dos o tres planeadoras a la vez. Nuestra patrullera tiene que ir a astillero y entre que se peritan daños, autoriza reparación y ejecuta, nos metemos en dos, tres meses».
Carlos Rodríguez, jefe operativo de Vigilancia Aduanera en Huelva, sí aporta una alternativa aún por exprimir: aumentar el uso de drones en detrimento de helicópteros o aviones: «La presencia aérea es imprescindible, y con drones que tengan baterías de larga duración fiscalizas qué ocurre mar adentro de manera discreta. Al final, ellos vigilan el helicóptero y avisan cuando despega». La propuesta de Rodríguez ejemplifica la falta de medios en la zona. Pese a pedirlos desde hace tiempo, en la actualidad solo dispone de un par con baterías que no duran más de media hora.
Las muertes de funcionarios encarnan la consecuencia más trágica de la estrategia del narco, pero su presencia en alta mar es irrenunciable. La muerte de los dos últimos agentes abrió el debate sobre implicar a la Armada o el uso de fuego disuasorio o contra motores de narcolanchas. «Nuestros protocolo en España no lo permite, y esto no es EE.UU.», explica Rodríguez tras 17 años destinado en Huelva antes de concluir: «Para acabar con el narcotráfico usando armas hay que recurrir a la Armada por ser un tema de frontera. No puede ser un cuerpo policial porque entonces entraríamos en una guerra que lo empeoraría todo mucho más».
La estrategia silenciosa: drones por mar y aire en el Estrecho para llegar a Algeciras
Además de las persecuciones a tumba abierta, las embestidas violentas y los motores fueraborda desafiando abiertamente a las patrulleras, la guerra contra el narcotráfico en la parte más estrecha del Estrecho [14 kilómetros] se libra también en un perturbador silencio frente a un enemigo invisible, sin tripulación y guiado por tecnología satelital. Enjambres de drones aéreos y artefactos submarinos autónomos cruzan de África a Europa evitando cualquier enfrentamiento policial. El último hallazgo flotante evidenció nuevamente la capacidad de innovación del narco, y demostró que el primer pequeño narcosubmarino, decomisado en el 2022 y listo para traficar en las mismas aguas, no era un hecho aislado.
El último ejemplar capturado trascendió el pasado abril. La tripulación de un ferri de pasajeros regular entre Ceuta y Algeciras avistó un extraño objeto flotando a la deriva a un par de millas de la ciudad gaditana. Tras avisar a Salvamento Marítimo, el Servicio Marítimo de la Guardia Civil ordenó su recuperación inmediata. Una simple inspección ocular bastó para evidenciar que se trataba de un dron submarino fabricado en fibra de vidrio negra, con 1,8 metros de eslora, 1,2 metros de manga y 80 centímetros de alto. Los perros adiestrados del instituto armado especializados en detectar estupefacientes ladraron nada más acercarse. El análisis químico posterior de la cabina interior, con capacidad para 100 kilos, reveló restos de cocaína.
«En la escotilla descubrimos sistemas electrónicos y luces LED que seguían en funcionamiento. Incorporaba una cámara en la parte superior para monitorizar el trayecto, una baliza de geolocalización, un sistema AIS de identificación marítima y una antena de datos Starlink, la tecnología satelital de Elon Musk capaz de ofrecer alta conectividad en lugares sin cobertura», explican en la investigación.
A mayores, dos motores alimentados por baterías de coche con un desconectador naval. Tenía autonomía más que suficiente para recorrer los 14 kilómetros que separan ambas costas, alcanzando picos de velocidad de 20 kilómetros por hora. Por ahora se desconoce si el casco afloró huellas dactilares que permitan avanzar las pesquisas.
La otra invasión tecnológica llueve desde el cielo. La Unidad de Droga y Crimen Organizado (UDYCO) de la Policía Nacional en Algeciras lleva años combatiendo a una flota de drones de ala fija similares a pequeños aviones. En el 2025 se desmanteló una red que los importaba desde Ucrania. «Eran artesanales, de corcho y madera, se fabricaban en zonas seguras de la guerra al oeste del país. Los transportaban en furgonetas al sur de España y cobraban tarifas que rondaban los 100.000 euros a los clanes marroquíes, además de exigir un 10 % de los beneficios por cada vuelo», explican en la UDYCO.
Alcanzan velocidades superiores a los 100 kilómetros por hora y no se pilotan de forma manual o teledirigida. «Programan una ruta en el sistema informático mediante coordenadas GPS, de forma que el dron despega desde el norte de Marruecos, cruza el Estrecho en un rápido viaje de 35 minutos y se adentra entre cuatro y seis kilómetros en zonas montañosas. Allí, sin aterrizar, un servomotor libera la carga», explican en la investigación, bautizada operación Ciclón.
Fibra de carbono
El ADN del crimen organizado conlleva renovarse para no morir. La enésima demostración, también con drones aéreos, se conoció la última semana de mayo (bautizada operación Horus), también de la UDYCO de Algeciras. Permitió incautar drones, presumiblemente de origen chino, fabricados íntegramente en fibra de carbono. «Tienen capacidad para soltar en vuelo entre 15 y 20 kilos de droga. En una sola noche, cambiando únicamente las baterías, puede encadenar cinco o seis viajes introduciendo hasta 60 kilos con un riesgo humano mínimo», detallan en la investigación antes de revelar el modo de trabajo: «Dos personas esperaban en el monte a que cayese la mercancía para esconderla y transportarla más tarde al País Vasco en coches con doble fondo, para finalmente introducirla en Francia».
Para los agentes encargados de investigar estas redes, la frustración es máxima: interceptar un aparato mudo de pequeño tamaño que vuela a tanta velocidad en plena madrugada es casi una quimera. El máximo símbolo de esta impunidad de alta tecnología la escenificó el piloto ucraniano de la red desarticulada en el 2025, que, mientras su enjambre de madera inundaba de droga la Península, monitorizaba cómodamente los vuelos desde una urbanización de lujo en Marbella. Sin persecuciones navales ni disparos; solo silencio, algoritmos y un flujo incesante de cocaína y hachís violando sistemáticamente la frontera del sur de España y Europa.