El pontífice tuvo que volar en el Falcon del rey Felipe VI tras un largo retraso por una avería en el avión que iba a llevarle de vuelta a Roma
13 jun 2026 . Actualizado a las 10:03 h.León XIV se despidió ayer de España tras un histórico viaje apostólico que ha durado siete días y ha movilizado a más de 1,5 millones de personas. El último día de esta visita acabó en la isla de Tenerife, a donde le habría gustado al ya fallecido papa Francisco acudir por el drama migratorio que sufre el archipiélago canario, situado en el océano Atlántico. En su último día de viaje, León XIV abrazó a los migrantes y habló sobre la integración. En su discurso en La Laguna lanzó dos mensajes, uno para las personas que llegan y otro para las que reciben. «Inmigrantes, les corresponde una parte noble: abrirse con confianza a la comunidad que les recibe, aprender su lengua, sus costumbres y participar en la vida común. A su vez, toda sociedad que acoge tiene deberes sobre los que vienen: construir junto a los demás y sentirse parte viva de una comunidad, una forma preciosa de misericordia», resumió el pontífice.
Para el papa, integrar es «abrir espacio»: «Reconstruye el futuro. No significa borrar la historia de quien llega ni exigirle que deje atrás todo lo que forma parte de su memoria, pero tampoco crear mundos paralelos cerrados unos a otros donde las personas conviven sin encontrarse. Integrar es un camino recíproco: quien llega aprende de una tierra nueva y quien recibe abre su casa sin diluir su identidad», advirtió León XIV. El mensaje para los migrantes apela a la responsabilidad, a la apertura y a la participación activa en la sociedad. El mensaje para las personas de los países de destino apela a la empatía y a la generosidad. En ellos reside el deber de acoger a los que llegan respetando su identidad. El papa hizo una comparación: «Existe también un naufragio silencioso después de la llegada: quedar solo en una ciudad, sin lengua, sin vínculos, sin trabajo, sin confianza y expuesto a quienes se aprovechan de la vulnerabilidad. Integrar es impedir ese segundo naufragio». En su discurso, además, volvió a acordarse, al igual que hizo el anteayer, de las mafias que trafican en el océano con las personas: «Deténganse, conviértanse», les espetó.
El guiño más simbólico con lo tuvo durante el acto en Las Raíces, un lugar que, en cinco años, ha acogido a más de 70.000 personas. Su discurso lo dio en francés, lengua materna de la gran mayoría de los usuarios del centro. «Somos todos, de alguna manera, migrantes, peregrinos en ruta a la patria celestial. Ayudémonos los unos a los otros a hacer esa travesía, aportando cada uno lo que tiene», reconoció León XIV, que también se acordó de su predecesor, Francisco. Confirmó que la visita a las islas fue una herencia suya. Habló para él, que «tanto anheló» estar en ese lugar.
El pontífice demostró durante estos días que la cuestión migratoria está en el centro de su discurso. En sus propias palabras, los testimonios personales que escuchó en Canarias han contribuido a reforzar su pensamiento. Comparó el océano con un cementerio sin lápidas y, en su misa de despedida, se posicionó en contra del turismo de masas. Recordó una observación del papa Francisco sobre el desequilibrio que mueve a muchas personas a hacer las cosas a toda velocidad para sentirse ocupadas, en una prisa constante que les lleva a «atropellar todo lo que tienen alrededor». «Son palabras que interpelan también la vocación turística de Tenerife, sea respecto al corazón del que decide pasar aquí un período de vacaciones, sea para el que vive y trabaja en la isla, en contacto con visitantes de tantos países del mundo. Qué importante es, especialmente para quien se deja orientar por el Evangelio, no reducir todo a comercio y beneficio».
Antes de despedirse de España, el papa León XIV dejó una última frase para la memoria colectiva: «¡Abran a todos este mar de amor! Es mi deseo y mi oración para ustedes», expresó como broche final.