¿Por qué se extinguieron los neandertales? Un estudio de su ADN descarta que fuera por su baja diversidad genética
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El trabajo revela que vivían en grupos numerosos y conectados y que los últimos miembros de la especie no se habían cruzado con los sapiens
24 jun 2026 . Actualizado a las 17:48 h.Una investigación publicada en la revista científica Nature aporta nuevas evidencias sobre las últimas poblaciones de neandertales que habitaron el noroeste de Europa y cuestiona una de las hipótesis más extendidas sobre su desaparición: que la escasa diversidad genética fue un factor determinante en su extinción. El trabajo ha analizado datos genéticos de 27 neandertales que vivieron hace unos 52.500 años en diez yacimientos de Francia y Bélgica, además de secuenciar el genoma completo de otro individuo hallado en Bélgica y datado en unos 45.000 años de antigüedad. Los resultados indican que estos grupos mantenían niveles de diversidad genética superiores a los que se pensaba y que formaban poblaciones relativamente numerosas y conectadas entre sí, sin evidencias de reproducción frecuente entre parientes cercanos. La teoría dominante hasta el momento sostenía lo contrario: que las poblaciones de nuestros parientes más próximos eran pequeñas y vivían aisladas entre sí.
En el estudio, hecho por un equipo internacional dirigido por la paleogenetista Alba Bossoms Mesa, del Instituto Max Plank de Antropología Evolutiva de Alemania, ha participado el biólogo del mismo centro y ganador de un Nobel por sus descubrimientos en evolución humana, Svante Pääbo. El trabajo indica que este grupo se separó de otros linajes hace 54.000 años.
Los investigadores tampoco encontraron señales de mestizaje con los primeros Homo sapiens que coexistieron temporalmente en la región, lo que sugiere que ambas especies compartieron territorio, pero sin mezclarse, por lo que no dejaron un rastro genético detectable en estos individuos.
Estudios previos de genomas de alta calidad habían demostrado que algunos grupos neandertales, en particular los de la región de Altai en Siberia, vivían en comunidades pequeñas y genéticamente aisladas, con evidencia de apareamiento entre parientes cercanos. En contraste, en este nuevo estudio, los investigadores no encontraron evidencia de apareamiento reciente entre parientes cercanos entre estos neandertales tardíos del noroeste de Europa. En cambio, formaban parte de una población regional más grande y mejor conectada, muy diferente a lo observado previamente para los neandertales de Siberia.
«Nuestros resultados muestran que el panorama que surge de una región no puede aplicarse simplemente a todos los neandertales», afirma el autor principal, Benjamin M. Peter, jefe de grupo en el Instituto Max Planck de Antropología Evolutiva. «Los neandertales tardíos del noroeste de Europa parecen haber formado parte de una población regional conectada, en lugar de pequeños grupos aislados con apareamiento frecuente entre parientes cercanos».
El estudio también revela una historia poblacional de los neandertales más compleja de lo que se creía. «Los datos genéticos muestran tanto conexión como complejidad», afirma otra de las autoras principales, Mateja Hajdinjak, jefa de grupo en el Instituto Max Planck de Antropología Evolutiva. «La mayoría de los neandertales tardíos del noroeste de Europa están estrechamente emparentados a nivel poblacional, pero algunos linajes apuntan a una historia neandertal mucho más antigua y diversa».
Los neandertales estudiados vivieron en una época en la que los primeros humanos modernos ya estaban presentes en algunas partes de Europa. Si bien la evidencia genética indica que los neandertales aportaron material genético a los primeros humanos modernos, los investigadores no encontraron evidencia de flujo genético reciente en sentido contrario. «Nuestros resultados evidencian una asimetría notable», añade Alba Bossoms Mesa, investigadora doctoral del Instituto Max Planck de Antropología Evolutiva. «Encontramos repetidamente ascendencia neandertal en los primeros humanos modernos, pero hasta ahora no hemos hallado evidencia clara de ascendencia humana moderna reciente en los neandertales tardíos».
Para Antonio Rosas, investigador del departamento de Paleobiología del Museo Nacional de Ciencias Naturales ( CSIC), el estudio representa un avance importante al ampliar significativamente la información genética disponible sobre los últimos neandertales europeos. Según explica en una reacción recogida por SMC España, los resultados muestran que estas poblaciones «no parecen mostrar una endogamia extrema ni una pérdida progresiva de diversidad genética», por lo que no encajan con la imagen de unos neandertales finales genéticamente agotados. A su juicio, la principal conclusión es que la desaparición de esta especie fue probablemente más compleja de lo que sugerían las explicaciones basadas únicamente en factores genéticos.
Rosas destaca que mientras algunas poblaciones neandertales, como las documentadas en la región del Altái, sí presentan señales de fuerte aislamiento y endogamia, las comunidades del noroeste europeo parecían estar mejor conectadas. Por ello, considera que la extinción neandertal debe interpretarse desde una perspectiva multifactorial que incluya factores demográficos, ambientales, territoriales y culturales, además de la interacción con Homo sapiens.
La catedrática de Prehistoria de la Universidad de Cantabria Ana B. Marín-Arroyo subraya que el estudio no solo mejora la calidad de los datos genéticos disponibles gracias al análisis de ADN nuclear, sino que también aporta información sobre la estructura social y los patrones de movilidad de estos grupos.
La investigadora destaca la combinación de datos paleoantropológicos, genéticos y geoquímicos, especialmente los análisis isotópicos de azufre realizados sobre los restos óseos, que permiten reconstruir aspectos de la organización social de los últimos neandertales.
Marín-Arroyo también relaciona los resultados con investigaciones recientes que apuntan a un papel relevante de las fluctuaciones climáticas. «Los autores del estudio sugieren que los pulsos climáticos de estos momentos debieron tener efectos en estas últimas poblaciones. Otros estudios publicados recientemente apuntan a que en aquellas zonas donde las oscilaciones climáticas causaron un mayor desequilibrio en los ecosistemas, los neandertales desaparecieron antes, mientras que en aquellas donde los desequilibrios no fueron tan marcados, pervivieron por más tiempo, incluso conviviendo con H. sapiens. Parece que la zona de Francia y Bélgica actuó, en cierta manera, como un área de aislamiento geográfico, pues además no se han encontrado cruces genéticos entre neandertales y H. sapiens en estos individuos», explica en una reacción recogida por SMC.
La necesidad de integrar genética y arqueología
Desde una perspectiva arqueológica, Javier Baena, catedrático de Prehistoria de la Universidad Autónoma de Madrid, considera que se trata de un trabajo sólido desarrollado por especialistas con amplia experiencia en paleogenética.
Sin embargo, señala como principal limitación la escasa integración entre los datos genéticos y la información arqueológica disponible para la región estudiada. Según explica, los estudios publicados en revistas de alto impacto suelen conceder mayor protagonismo a los resultados genómicos que a los análisis integrales que incorporan evidencias arqueológicas, aunque matiza que esta circunstancia no resta valor científico al trabajo.
Baena considera especialmente relevante que la investigación permita reconstruir modelos demográficos y de comportamiento susceptibles de relacionarse con procesos de movilidad, ocupación del territorio y desaparición de las poblaciones neandertales. «El trabajo -indica- deja la puerta abierta a considerar los factores culturales como detonantes del proceso de extinción y aislamiento, y descarta otras propuestas previas».