El precedente de una magnitud semejante fue el terremoto de Lisboa de 1755, pero lo que es aún más inusual es que sus epicentros estuvieran separados por tan solo cinco kilómetros
26 jun 2026 . Actualizado a las 10:55 h.Dos terremotos de magnitud 7,2 y 7,5 iniciados en la misma falla y separados por apenas 39 segundos. Lo que ha ocurrido en Venezuela no es algo anómalo, porque entra dentro de lo posible que pueda ocurrir, pero sí es extremadamente raro. Y lo es más por el hecho de que los epicentros de las dos rupturas tectónicas estaban separados por tan solo cinco kilómetros, algo de lo que no se tienen registros. «Que yo tenga constancia desde el punto de vista instrumental, separados por tan pocos segundos y que el epicentro esté a cinco kilómetros el uno del otro, es la primera noticia que tengo», explica Raúl Pérez, investigador del Instituto Geológico Minero de España (IGME) y experto en fallas tectónicas. Aunque para la población la sensación fue la de un único temblor prolongado, los registros sísmicos muestran que se trató de dos grandes rupturas consecutivas, un fenómeno conocido como doblete sísmico.
¿Por qué es tan inusual este terremoto?
Los terremotos dobles existen y forman parte de los comportamientos posibles de las fallas geológicas, pero lo ocurrido en Venezuela destaca por una combinación de factores poco habitual. Los dos seísmos se produjeron con apenas 39 segundos de diferencia y sus epicentros se localizaron a muy poca distancia entre sí. «La misma falla en Venezuela ha disparado dos terremotos. Es una barbaridad, una cosa muy inusual, casi de ciencia-ficción», explica Raúl Pérez. «No es habitual. Lo es más que haya un terremoto principal que rompa a lo largo de toda una falla y que toda la tensión que se va acumulando en la corteza se libere en forma de una ruptura», constata Lucía Lozano, sismóloga de la Red Sísmica Nacional española. Lo ocurrido en Venezuela no tiene nada que ver con lo sucedido en Turquía en el 2023, donde se registraron dos grandes seísmos, pero procedentes de fallas distintas y separadas por cientos de kilómetros. «El más parecido al actual es el de 1997 en Pakistán, con dos terremotos de magnitud 7,0 y 6,8 ocurridos con 19 segundos de diferencia. En España han ocurrido también terremotos seguidos en el tiempo y de magnitudes parecidas. Por ejemplo, en la serie sísmica de Granada del 2021 ocurrieron tres terremotos principales de magnitudes entre 4,1 y 4,3 en menos de 20 minutos», revela Beatriz Gaite Castrillo, del IGN. Sin embargo, el precedente más similar en cuanto a magnitud fue el terremoto de Lisboa de 1755, del que los testimonios hablaban de una sacudida que parecía durar varios minutos, según desvela Pérez.
La valoración del experto del IGME coincide con la realizada por Mark Allen, catedrático del Departamento de Ciencias de la Tierra de la Universidad de Durham. En una reacción recogida por SMC España, el geólogo británico considera que la secuencia fue «inusual por producirse en un intervalo de tiempo tan breve a esta escala», al registrarse un terremoto de magnitud 7,2 seguido únicamente 39 segundos después por otro de magnitud 7,5.
¿Cómo pudo desencadenarse?
La principal hipótesis es que el primer terremoto provocó el segundo. Los datos preliminares indican que el primer evento se produjo a unos 20 kilómetros de profundidad y el segundo a unos 10 kilómetros. Para el investigador del Instituto Geológico Minero de España, la explicación más plausible es que la ruptura inicial propagara tensiones hacia niveles más superficiales de la falla. «Da la sensación de que ha habido una propagación hacia arriba de la ruptura que ha estimulado la segunda parte de la falla», apunta. Según detalla, el primer movimiento habría alterado el equilibrio tectónico de un segmento cercano hasta provocar su desplazamiento apenas unos segundos después. «El primero fue a 20 kilómetros de profundidad. Eso estimuló que el otro plano de falla se moviera y diera un segundo terremoto», añade. Mark Allen plantea una interpretación muy similar. A su juicio, «es probable que el primer terremoto provocara la ruptura de un segmento de la falla y transfiriera la tensión a otra, que a su vez se rompió, provocando el segundo seísmo». Es decir, el movimiento inicial habría redistribuido los esfuerzos acumulados en la corteza terrestre hasta desencadenar una nueva ruptura.
¿Por qué no se considera una réplica?
Los expertos distinguen claramente entre este caso y una secuencia típica de terremoto principal seguido de réplicas. Pérez insiste en que el fenómeno venezolano responde a una dinámica diferente. «No es una réplica ni lo que podría ser un precursor. Es el mismo plano de falla, por eso se habla de doblete», explica. En su opinión, la extrema proximidad entre ambos epicentros es precisamente lo que convierte el episodio en algo tan singular.
¿Por qué es tan devastador?
La respuesta está en la combinación de magnitud, profundidad y secuencia temporal. El segundo terremoto se produjo a una profundidad relativamente baja, a diez kilómetros, para un seísmo de esa intensidad, lo que amplifica los daños. Cuanto más superficial es un terremoto, mayor suele ser la intensidad de las sacudidas que alcanzan la superficie. Además, las estructuras afectadas tuvieron que soportar dos grandes liberaciones de energía prácticamente consecutivas. «Ha ocurrido un terremoto bastante dañino primero y se ha sobrepuesto otro encima», resume Raúl Pérez. Ante esta situación, el Servicio Meteorológico de Estados Unidos estima que el número de fallecidos puede oscilar entre las 10.000 y las 100.000 personas, aunque el cálculo podría haber sido mayor si se diese otra circunstancia: su mayor proximidad con Caracas. Mark Allen recuerda que los epicentros se localizaron aproximadamente a 160 kilómetros al oeste de la capital. Independientemente del balance final de víctimas, «unos terremotos más cercanos habrían sido más destructivos», lo que sugiere que la distancia respecto a los principales núcleos urbanos pudo evitar consecuencias todavía peores.
¿Qué energía ha liberado?
Los devastadores terremotos gemelos de magnitudes 7,2 y 7,5 que sacudieron a Venezuela ocurrieron en el sistema de fallas Boconó-San Sebastián, que delimita la frontera tectónica activa entre la placa del Caribe y la Sudamericana. La liberación repentina de la fricción acumulada durante décadas en este corredor de desgarre lateral provocó el catastrófico doblete sísmico en la zona norte y central del país. El último terremoto ocurrido en este sistema de fallas se produjo en 1900, lo que significa que llevaba 126 años acumulando energía tectónica. Para hacerse una idea, los dos seísmos liberaron una energía equivalente a la explosión de 2,68 millones de toneladas de TNT.
¿Había señales de que esta zona podía generar un gran terremoto?
Sí, aunque no era posible prever cuándo ocurriría. El sistema de fallas de San Sebastián y Boconó forma parte del complejo límite tectónico entre las placas del Caribe y Sudamérica, una región sometida a una intensa acumulación de esfuerzos geológicos. Raúl Pérez explica que existía un segmento especialmente vigilado al oeste de Caracas
¿Se podía haber predicho?
No. Aunque las autoridades científicas venezolanas monitorizaban la zona desde hace años mediante sistemas GPS y observaciones por satélite, los expertos insisten en que la predicción exacta de terremotos sigue siendo imposible. «Los venezolanos sabían perfectamente que tienen una falla con una capacidad destructiva como esa. Sabían que un gran terremoto iba a venir, pero no sabían ni cuándo ni exactamente en qué parte de las fallas», señala Raúl Pérez. Hoy en día «no existen modelos predictivos» capaces de determinar cuándo ocurrirá una ruptura concreta.
¿Habrá más réplicas?
La amenaza no ha terminado. Cada uno de los dos terremotos generará su propia secuencia de reajustes tectónicos por lo que se producirán réplicas que incluso podrán alcanzar magnitudes importantes, de entre 5,5 y 6,5 grados. «Generalmente suelen aparecer, principalmente en las primeras 24 horas, pero pueden alargarse durante siete días», vaticina el geólogo del IGME. Mark Allen coincide en que el riesgo persiste, especialmente en el entorno de Caracas. El geólogo británico considera que las fallas locales podrían haber experimentado cambios en su estado de tensión, por lo que «es posible que las fallas locales se hayan visto sometidas a tensión por los eventos», lo que provocará réplicas. Esta situación complicará las operaciones de rescate.