Una misión casi imposible: lanzar un robot para salvar un telescopio espacial en caída libre
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El rescate del telescopio Swift, encargado por la NASA a una empresa privada, pondrá a prueba una tecnología inédita en el espacio
27 jun 2026 . Actualizado a las 09:54 h.«Emprendemos lo casi imposible. Sigue de cerca este audaz esfuerzo de respuesta rápida». La NASA suele recurrir a la épica para ensalzar sus misiones, a los adjetivos grandilocuentes, pero esta vez la frase se ajusta estrictamente a la realidad. Intentará en un plazo récord una gesta para la historia: rescatar un observatorio espacial en caída libre hacia la Tierra mediante una nave robótica que intentará acoplarse al telescopio para impulsarlo de nuevo hacia su órbita. Aunque, en realidad, la misión no será ejecutada por la agencia, sino que el grueso de la operación lo ha encargado a la empresa Katalyst Space Technologies por 30 millones de dólares. El plan de salvamento del telescopio espacial Neil Gehrels Swift, especializado en detectar estallidos de rayos gamma, las explosiones más violentas y efímeras del universo, se activa este sábado con el lanzamiento de la nave robótica a bordo del cohete Pegasus XL de la empresa Northrop Grumman. Será una misión de salvamento a contrarreloj con una tecnología que no se ha probado nunca para superar un desafío que tampoco nunca se ha intentado.
El protagonista es el Observatorio Neil Gehrels Swift, lanzado el 20 de noviembre del 2004 gracias a una colaboración entre la NASA, la Agencia Espacial Italiana (ASI) y el entonces Consejo Británico de Investigación en Astronomía y Física de Partículas. Aunque fue concebido para una misión de solo dos años, lleva más de dos décadas revolucionando el estudio de algunos de los fenómenos más extremos del universo: los estallidos de rayos gamma,un fenómeno que puede durar apenas unos segundos, pero que libera más energía que la que emitirá el Sol durante toda su vida.
Su gran ventaja es la rapidez. Gracias a sus instrumentos de rayos gamma, rayos X y ultravioleta-visible, puede reorientarse en cuestión de segundos hacia una nueva explosión detectada desde la Tierra o por otros observatorios espaciales. Esa capacidad de respuesta inmediata sigue siendo única entre los grandes telescopios espaciales.
«Este no era un satélite cualquiera; es un observatorio con capacidades únicas para la astrofísica», explicó Shawn Domagal-Goldman, director de la División de Astrofísica de la NASA. «Es un observatorio capaz de girar rápidamente por el cielo para localizar objetos que explotan en la oscuridad».
El telescopio sigue funcionando perfectamente y su valor científico está fuera de toda duda. Entonces, ¿por qué una misión de rescate sin precedentes? El problema no está en sus instrumentos, sino en la órbita. Swift vuela a unos 600 kilómetros de altura y carece de motores propios para corregir su trayectoria. Durante los últimos años, el incremento de la actividad solar ha calentado y expandido las capas altas de la atmósfera terrestre, lo que ha hecho aumentar el rozamiento sobre el satélite y acelerado su pérdida de altura.
Las primeras simulaciones realizadas en el 2025 pronosticaron una reentrada atmosférica durante 2026, lo que obligó a la NASA a diseñar una misión de rescate en tiempo récord. «Estas predicciones evolucionan continuamente en función del clima espacial y de factores como la altitud y la orientación actuales de Swift», explica Michael Shoemaker, subdirector de dinámica de vuelo del Centro Goddard de la NASA. Pero no hay que perder más tiempo.
Entonces, lejos de dar por perdida la misión, la NASA decidió apostar por una solución inédita. El lanzamiento este sábado de la nave robótica LINK a bordo del cohete Pegasus XL. Su misión es extraordinariamente compleja: localizar al observatorio Swift, capturarlo y elevar su órbita para que pueda seguir funcionando durante varios años más.
Nunca antes una nave espacial comercial habrá intentado capturar y reimpulsar un observatorio científico del Gobierno de Estados Unidos.
La dificultad es enorme porque Swift nunca fue diseñado para ser reparado en órbita. Carece de puntos de acoplamiento específicos, por lo que LINK tendrá que inspeccionarlo cuidadosamente antes de intentar sujetarlo mediante sus brazos robóticos.
«Estamos trabajando en un plazo que resulta bastante improbable para los estándares espaciales», reconoce Brad Cenko, investigador principal de Swift en el Centro Goddard de la NASA. «Se trata de un nivel de riesgo distinto al que la NASA está acostumbrada a manejar».
Aun así, el científico considera que el esfuerzo merece la pena. «Ese es el tipo de capacidad única dentro del programa de astrofísica de la NASA que queremos preservar con esta misión de reimpulso. Cuando surgió esta oportunidad, fue un gran alivio»
La rapidez con la que se ha desarrollado LINK también resulta excepcional. La nave ha sido diseñada, construida, probada e integrada en apenas ocho meses antes de su lanzamiento, un calendario extremadamente corto para una misión de estas características.
«Lo que el equipo de Katalyst ha logrado en tan solo ocho meses es extraordinario. Hemos desarrollado una nave robótica capaz de llevar a cabo una de las misiones de servicio comercial más ambiciosas jamás intentadas», afirmó Ghonhee Lee, director ejecutivo de la compañía en un tono igualmente épico al utilizado por la NASA.
Pero el objetivo final va mucho más allá del rescate de Swift. «LINK consiste en poner las manos en órbita. Una vez podamos interactuar físicamente con otras naves y satélites espaciales, podremos prolongar su vida útil, mejorar sus capacidades y construir una economía espacial mucho más resiliente», asegura Lee.
Y la NASA coincide en el diagnóstico, porque también considera que esta misión puede marcar un cambio de paradigma en la gestión de satélites científicos.
«Al actuar con rapidez para buscar soluciones comerciales innovadoras, estamos impulsando el desarrollo de la industria espacial y fortaleciendo el liderazgo estadounidense», señaló Nicky Fox, administradora asociada de la Dirección de Misiones Científicas de la NASA. «Esta audaz misión demostrará que podemos pasar del concepto a la ejecución en menos de un año».
Si la operación culmina con éxito, Swift no solo continuará observando algunas de las explosiones más violentas del universo. También habrá protagonizado un hito histórico: convertirse en el primer telescopio espacial rescatado antes de que su órbita lo condenara a caer de nuevo hacia la Tierra. Y también demostrará que el futuro de la exploración espacial no pasa únicamente por lanzar nuevas naves, sino también por cuidar y prolongar la vida de las que ya están en servicio.