La ayuda comienza a llegar a Venezuela mientras se apagan los gritos de los atrapados

pedro garcía otero CARACAS / CORRESPONSAL

ACTUALIDAD

Oficina de prensa de la Presidencia de El Salvador

Pasadas 40 horas de los terremotos, los muertos rozaban el millar y los desaparecidos llegaban a 50.000

27 jun 2026 . Actualizado a las 09:29 h.

Al cumplirse 40 horas del doble terremoto que asoló varias ciudades de la zona centro-norte de Venezuela, el presidente de la Asamblea Nacional, Jorge Rodríguez, ofreció un nuevo balance: 920 víctimas mortales, así como aproximadamente 3.000 heridos y más de 1.400 infraestructuras derrumbadas, de ellas, unas cien en La Guaira, que nuevamente vuelve a ser el estado venezolano más afectado por una tragedia de dimensiones nacionales.

Un día y medio después de los sismos, comenzaron a registrarse en esa región costera aledaña a Caracas (que en 1999 fue el escenario de la tragedia más importante registrada en Sudamérica en el siglo XX, con lluvias torrenciales que dejaron unas 30.000 víctimas) protestas espontáneas de sus desesperados pobladores, que escuchan cómo se van apagando los gritos de auxilio de sus familiares y amigos desde debajo de los escombros, sin tener más que sus manos y algunas herramientas para rescatar a los más cercanos a la superficie.

Justamente en el pueblo de La Guaira, que desde el 2019 da nombre al estado homónimo (antes se llamaba Vargas, en honor al primer presidente civil de Venezuela), un grupo de residentes obligó a detenerse a varios camiones con retroexcavadoras y equipos para ayudar en la atención de edificios colapsados en la zona.

Las protestas y peticiones desesperadas de ayuda en redes sociales se registraron en otras zonas del estado, así como en el pueblo de Tucacas, en el estado de Falcón, al occidente del país y también sobre su línea costera, donde un hotel se derrumbó frente al Parque Nacional Morrocoy, un popular destino turístico del centro de Venezuela.

Sin luz y con escasísima comunicación por vía telefónica, los reportes en esa ciudad, a unos 350 kilómetros de Caracas, hablan de centenares de personas desaparecidas bajo los escombros del complejo La Mar Suites, un aparthotel de alta capacidad que comenzaba a llenarse de los turistas de la temporada de vacaciones escolares.

«Como verán, estamos trabajando con las manos, porque no tenemos equipos, herramientas, para rescatar personas con vida y recuperar cadáveres (...) ni unidades contra incendios», señalaba a Sky News un bombero en Tanaguarenas, una de las zonas de La Guaira más afectadas por la tragedia, que añadía que los incendios son provocados para facilitar saqueos a las viviendas colapsadas.

De hecho, en la madrugada se registraron también saqueos a comercios en la región, lo que llevó a Delcy Rodríguez, presidenta interina, a anunciar al amanecer del viernes la «militarización» de La Guaira para garantizar el orden, una medida que ya era exigida en redes sociales, en las que muchos se preguntaban dónde estaba el Ejército para garantizar la seguridad.

También anunciaba la mandataria encargada el rescate con vida de «decenas de personas»: triunfos celebrados en las redes, especialmente el de un pequeño de apenas 18 días rescatado en Playa Grande, unos kilómetros al oeste de Tanaguarenas, que, como esta, es una coqueta urbanización turística y residencial de clase media, ubicada apenas a 30 kilómetros de Caracas, y que prácticamente fue borrada del mapa.

Allí, Francis Ramírez agradecía haber salido con vida de su edificio, pero lloraba la pérdida de su vivienda. Sobreviviente de la tragedia de 1999, vuelve, casi 30 años después, a la total incertidumbre. «Todo el edificio quedó inservible; pero gracias a Dios, estamos vivos. No pudimos terminar de salir de la tragedia del 99 cuando ya nos pasó este terremoto», señalaba, entre lágrimas.

A lo largo del estado de La Guaira —una estrecha franja de costa entre el mar y la imponente cordillera central de 2.600 metros de altura, que, en algunos puntos, tiene apenas espacio suficiente para una carretera—, algunas de las edificaciones más castigadas son las de la llamada Misión Vivienda, establecida por Hugo Chávez tras la tragedia de final de siglo.

Las torres de Misión Vivienda, construidas a toda prisa tras las lluvias torrenciales, han validado los malos augurios de algunos ingenieros venezolanos, que en su momento alertaron de las pocas garantías que ofrecían ante un sismo equivalente al de 1967, el último importante en Venezuela antes del de este miércoles, y mucho menos potente.

La mayoría de los equipos de rescate internacionales, incluyendo la Unidad Militar de Emergencias (UME) española, con 59 funcionarios, dos ingenieros y ocho perros, llegaron entre la medianoche del jueves (local) y la madrugada del viernes a Venezuela y comenzaron a desplegar sus actividades. También llegaron equipos del Comando Sur de EE.UU., de Colombia, de Ecuador, los famosos «topos» mexicanos y personal del Ejército de ese país, así como del Ejército suizo, para colaborar con el rescate de las 50.000 personas que siguen desaparecidas, según la ONU.