Washington quita hierro al asunto y asegura que se trata de una eventualidad
28 jun 2026 . Actualizado a las 09:48 h.Ni Estados Unidos ni Irán han sabido aguantar diez días sin atacarse. La tensión ha sido máxima desde que firmaron el memorando de paz, y a finales de esta semana han estallado de nuevo. Un ataque sobre un barco con bandera de Singapur en el estrecho de Ormuz por parte de la Guardia Revolucionaria el jueves se saldó con el primer ataque de EE.UU. a instalaciones iraníes en meses el viernes. Este sábado también hubo agresiones que alcanzaron a terceros países. Y si bien Washington dice que solo ha dado respuesta a un incidente puntual, en Teherán lo ven como una violación del alto el fuego, ahora en la cuerda floja.
La Guardia Revolucionaria se remangó el sábado después de que seis cazas F-35 y F-16 bombardearan en una misión que duró 90 minutos varios depósitos de armas y drones a lo largo de Ormuz y la isla de Qeshm. Mohsen Rezaei, asesor del líder supremo iraní, refirió que «la respuesta a la violación de cualquier artículo del memorando de entendimiento será rápida y contundente», y pronto el cuerpo militar iraní bombardeó «posiciones estadounidenses» en el estrecho y lanzó un ataque sobre Baréin para dañar objetivos interesados de Washington.
La situación en el estrecho por donde circulaba antes de la guerra el 20 % del crudo mundial se ha agravado. La ONU decidió suspender la misión de rescate de los 11.000 marinos atrapados aguas adentro del paso naval. La agencia Kpler, que realiza seguimiento al flujo de barcos, contabilizó que el miércoles pasaron más de 70 y el jueves más de 50 barcos, pero no pudo facilitar datos del fin de semana. «El transporte marítimo se encuentra literalmente atrapado en el fuego cruzado mientras Estados Unidos e Irán luchan por el control del estrecho de Ormuz», declaró Michelle Wiese Bockmann, analista de inteligencia marítima, al The New York Times. «Esto no contribuye a restablecer la confianza en que se pueda garantizar la seguridad y la evacuación de los buques varados», agregó.
La situación es delicada. Irán justificó su ataque al Ever Lovely de Singapur en Ormuz por no recorrer presuntamente una ruta marcada por Teherán para la navegación. Y EE.UU. respondió con fuego a un incidente aislado. «Si tienen desacuerdos sobre cómo se aplica el memorando de entendimiento, pueden llamarnos. Pero la violencia se responderá con violencia», comunicó el vicepresidente J. D. Vance, que alegó que los incidentes de este final de semana no ponen el peligro las negociaciones de paz, algo de lo que discrepa el régimen de los ayatolás. De hecho, el Ministerio de Exteriores iraní alegó en un comunicado que «la República Islámica de Irán defenderá con todos sus medios la soberanía, la seguridad y los intereses nacionales del país». Incluso si tienen que emplear la fuerza.
Los dos países se comprometieron el pasado día 17 a iniciar un proceso negociador de 60 días en el que tratarían de negociar un acuerdo de paz duradero, y lo hicieron bajo la promesa de que las armas callarían no solo en Ormuz y sobre el cielo de la república persa, sino también en el Líbano, que viene de firmar una propuesta de paz auspiciada por Washington para el desarme de Hezbolá.
No parece que vaya a cuajar, puesto que el líder del partido-milicia, Naim Qassem, dijo que ese compromiso es «nulo y sin efecto» porque el presidente, Joseph Aoun, ha aceptado una «propuesta extremadamente peligrosa que traspasa todos los límites» y renuncia a la soberanía del país árabe. Algo que no está dispuesto a aceptar.
El Líbano e Israel se prometen seguridad después de su guerra particular
Israel y Líbano, bajo el auspicio de Estados Unidos, firmaron el jueves en Washington un acuerdo marco trilateral que establece una hoja de ruta para avanzar hacia una «paz y seguridad duraderas» entre ambos países que pasa por el desarme de Hezbolá, la recuperación del control de toda la seguridad del país por parte del Ejército libanés y la retirada paulatina de Tel Aviv del sur del país de los cedros.
El texto alude a un «anexo de seguridad» que no se ha hecho público según el cual las Fuerzas Armadas Libanesas (FAL) asumirán «gradualmente» el control «en zonas piloto» que servirán de lanzadera para un «repliegue gradual» de las Fuerzas de Defensa de Israel (FDI) del sur del Líbano. Solo una vez que las tropas libanesas vayan asumiendo el control, los esfuerzos de reconstrucción comenzarán con apoyo internacional y «la población civil libanesa» podrá regresar a sus casas en un proceso vigilado por EE.UU. mientras el Gobierno del país de los cedros desarma a los actores no estatales.
Por último, el punto 12, dice que tras la firma del acuerdo, las partes crearán «grupos de trabajo para negociar un tratado integral de paz y seguridad» y que ambos gobiernos actuarán «de buena fe» hasta alcanzar «una paz plena y duradera, que brinde seguridad, estabilidad y prosperidad a los pueblos de Israel y Líbano». Eso sí, no pierden la mención al «derecho a la autodefensa».