Los venezolanos eligen dormir en la calle por el temor a las réplicas y los saqueos
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La futbolista Alexia Putellas fue sorprendida por la tragedia, pero se encuentra a salvo
28 jun 2026 . Actualizado a las 05:00 h.Con el paso de las horas y según avanza el rescate, los muertos crecen. La imagen se repite. Personas que arrastran maletas, colchones o lo poco que han podido salvar y que duermen a la intemperie sin un techo porque lo han perdido todo. Y en medio de la tragedia, también se suceden los saqueos. Algunos en al menos tres comercios en el estado de La Guaira, declarado zona de desastre por Delcy Rodríguez y donde escasean alimentos y productos básicos. Cientos de personas también robaron en comercios de la localidad de Catia La Mar, en el centro de Venezuela, una de las más golpeadas. Salieron de los negocios cargando grandes bolsas de comida y bebidas, en un ambiente de crispación, mucha tensión y angustia.
A su vez, Beatriz Lugo no ha salido todavía del shock. Refugiada en su casa del área metropolitana de Caracas, trata de apagar los ecos que se suceden en su cabeza de la tierra temblando, sus vecinos bajando despavoridos por las escaleras, las sirenas inundándolo todo... y ella atrapada en un ascensor; sin luz, con las puertas bloqueadas y el temor a quedar sepultada en vida. «Jamás había pasado tanto miedo. El ascensor está alejado de los espacios comunes y temía que nadie oyese mis gritos. Era como vivir una pesadilla».
Encerrada en aquel hueco claustrofóbico, Beatriz se desgañitaba tratando de que alguien reparase en ella. Finalmente, sus vecinos rompieron a golpes la puerta y lograron liberarla. Pero las réplicas se sucedían, incluso en Los Naranjos, su barrio de Hatillo, donde Beatriz reside desde hace años, la mayoría con su marido Domingo, un gallego de Quiroga a quien el cáncer se llevó hace trece meses. La suya es —o lo era hasta ayer— una zona residencial tranquila. «Eran las diez de la noche y nadie se atrevía a subir a su casa. A mí me dio el tiempo justo de cambiarme de ropa y a llenar una maletita con mis medicinas». Allí, el terremoto no había hecho colapsar edificios, pero en el interior de las viviendas el suelo está alfombrado de gavetas, estanterías y cristales rotos.
A Beatriz le llegan noticias de Naguanagua, de Morón, de Puerto Cabello, de Maracay... y, por supuesto, de La Guaira, donde tiene una casa que da por perdida: «Al menos, la familia y los amigos están bien, hasta dónde yo sé». Su desasosiego encuentra el campo abonado, después de años de chavismo e impunidad en las calles —su marido fue secuestrado y liberado a cambio de un rescate—: «¿Qué hemos hecho para que nos toque sufrir este calvario? Nos libramos de Maduro y ahora esto. Solo queda rezar a Dios para salir del paso», implora. Mientras, la destrucción se extendía por barrios como San Bernardino, Altamira, Palos Grandes o el casco antiguo, donde residen españoles descendientes de exiliados y personas mayores y en el que los rascacielos colapsaron como castillos de naipes y las calles quedaron reducidas a escombros.
Al amanecer, el dramático cómputo de las autoridades hablaba de 123 edificios destruidos, 130 con daños estructurales y 159 afectados. A Camila Montenegro, cuyos padres emigraron a España hace años, el terremoto la sorprendió en el cerro El Ávila. Allí pasó la noche debido al cierre de la instalación por seguridad, aterida de frío con 600 personas.
«Eran las seis de la tarde cuando nos llegó una alerta por el móvil y cuatro segundos después se fue la luz y empezó todo a temblar. Estábamos comiendo en Galipán y a escasos metros se desplomó otro restaurante». Entre los españoles a los que la tragedia sorprendió estaba la futbolista y Balón de Oro, Alexia Putellas.
Abanca y Cáritas empiezan a recaudar fondos para socorrer a los damnificados por el seísmo
Tras el desastre del terremoto en Venezuela, parte de la sociedad civil ha empezado a movilizarse para llevar ayuda cuanto antes a las personas que más lo necesitan. Con esa intención, Abanca ha puesto en marcha una campaña de donaciones para apoyar las labores de la Cruz Roja Venezolana en el área afectada.
«Cada aportación, suma», indica la entidad bancaria en su anuncio, a través del cual indica que los donantes pueden hacer su aportación a través de cualquiera de sus oficinas. Desde Abanca, mostraron «una profunda preocupación por la situación que están sufriendo los afectados» y señalan que su «apoyo y pensamiento» están con ellos. «Es una gran tragedia humana que requiere toda la solidaridad internacional posible», destaca el banco en su comunicado oficial.
Por su parte, las parroquias que conforman la UPA Carballo, junto con Cáritas Bergantiños, lanzaron una campaña urgente de solidaridad. Desde la entidad sin ánimo de lucro solicitaron colaboración, «tender la mano y llevar la esperanza donde más hace falta». Las colectas de todas las misas del primer domingo de julio irán destinadas de forma íntegra a esta campaña solidaria. También ofrecen la posibilidad de realizar donativos directos en las cuentas bancarias de Cáritas. En el caso de Abanca el número es el siguiente: ES49 20800019593000225815.