Carme Molinero, catedrática de Historia Contemporánea: «Suárez se apropió de parte de las exigencias de la oposición»
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La investigadora del Centro de Estudios sobre las Épocas Franquista y Democrática es autora de numerosos libros y estudios
03 jul 2026 . Actualizado a las 05:00 h.Catedrática de Historia Contemporánea en la Universidad Autónoma de Barcelona e investigadora del Centro de Estudios sobre las Épocas Franquista y Democrática, Carme Molinero es autora de numerosos libros y estudios, entre ellos, junto a Pere Ysàs, La transición. Historia y relatos (Siglo XXI).
—¿Por qué el rey eligió a Suárez como presidente del Gobierno?
—Debía buscar rápidamente un sustituto para Carlos Arias Navarro. A la muerte de Franco, a pesar de la crisis de legitimidad que sufría la dictadura, el monarca nombró a quien fue el último presidente del Gobierno de la dictadura. Aquel Gobierno, cuya figura principal era Manuel Fraga, intentó hacer reformas en el marco del régimen, pero ese proyecto fracasó, en buena medida por la contestación social y la respuesta represiva desplegada. En aquel escenario, Juan Carlos vio en peligro la consolidación de la monarquía. Si esta aparecía como parte de un régimen en crisis ligaba inevitablemente su suerte a la de la dictadura. Juan Carlos I necesitaba con urgencia presentarse como impulsor de un cambio democratizador. La institución monárquica era frágil, entre otros motivos porque a la muerte de Franco se instauraba la «monarquía del 18 de julio». La monarquía necesitaba romper aquel cordón umbilical. Se impuso entonces un cambio de estrategia. La actuación de Suárez en el año que transcurrió entre su nombramiento y las elecciones de junio de 1977 adquiere coherencia a la luz de la experiencia del Gobierno Arias-Fraga, que hizo evidente que no tendría legitimidad ninguna alternativa que no llevara a la democracia sin adjetivos.
—En su libro afirma que fue Torcuato Fernández Miranda quien convenció al rey para que nombrara a Suárez, porque se dejaría guiar fácilmente. Esto contradice la versión de que la iniciativa en primer lugar fue de Juan Carlos I.
—Juan Carlos conocía desde los años 60 a Suárez, que fue director de RTVE entre 1969 y 1973. Dado el talante de ambos, la relación fue fluida y Suárez favoreció un trato amable del príncipe llamado a suceder a Franco. Pero no fue suya la iniciativa, sino que parece que se dejó aconsejar por Fernández Miranda, que había sido su preceptor en 1969 y con el que mantuvo después una estrecha relación.
—¿Qué cualidades tenía Suárez para acometer la reforma democratizadora?
—Suárez reunía condiciones esenciales para la nueva etapa, que se había convertido en perentorio emprender. A diferencia de Fraga, no tenía proyecto definido, pero sí el olfato político necesario para saber si podía imponer sus opciones o no. Supo gestionar bien el tiempo político. La primera mitad de su mandato la dedicó a desmontar las resistencias interiores. En otoño de 1976, la ley para la Reforma Política se convirtió en el instrumento principal del proyecto gubernamental, una ley que, pese a su nombre, no reformaba nada; su cometido formal era convocar unas elecciones, aunque estaba por ver si en ellas podría expresarse libremente la voluntad popular. Sin embargo, esa ley representaba un salto de primera magnitud respecto a todos los proyectos anteriores pues incurría en un fraude de ley en relación con la legalidad vigente. La cuestión era que, si el Gobierno no lo hacía, no tenía alternativa para salir de una situación de bloqueo, que podía llevar a situaciones incontrolables. Ya no había otra alternativa que abrir el camino a la democracia desde el poder, aunque no se pudiera prever hasta donde sería necesario llegar. Con la aprobación de la ley para la Reforma Política, el Gobierno anuló la capacidad de la resistencia al cambio del inmovilismo franquista.
—El reto era negociar con la oposición.
—La oposición había comprobado en la segunda mitad de 1976 que el Gobierno era capaz de abrir cauce a su política, de manera que la batalla entre reforma y ruptura la desplazó al pulso entre democracia plena o democracia recortada. En la primera mitad de 1977, Suárez fue haciendo propias una parte de las exigencias rupturistas de la oposición, consiguiendo así liderar el proceso de la transición de la dictadura a la democracia, entre ellas la legalización del PCE. Lo hizo no porque se convirtiera en demócrata, en aquel momento, no. Lo hizo desde el convencimiento de que no existía otra salida que el establecimiento de la democracia, por lo que Suárez se fue apropiando de buena parte de las reivindicaciones de la oposición, obviando las que desde su perspectiva eran inconvenientes, y por tanto reservando al Gobierno el control y el protagonismo del tránsito de la dictadura al nuevo régimen. Pero, si en lugar de centrar la atención en el procedimiento —de la ley a la ley—, nos fijamos en los objetivos, se puede concluir que la democracia que se instauraba en España tenía poco que ver con la que imaginaron —y/o pretendían— quienes abrieron las puertas a Suárez a la Presidencia del Gobierno.