También es profesor de Historia Contemporánea en la Universidad de Extremadura y ha escrito numerosas obras como Arias Navarro y la reforma imposible (Catarata)
03 jul 2026 . Actualizado a las 05:00 h.Profesor de Historia Contemporánea en la Universidad de Extremadura, Alfonso Pinilla es autor de libros como Arias Navarro y la reforma imposible (Catarata), La Transición en España. España en Transición (Alianza), Golpe de timón. España desde la dimisión de Suárez hasta el 23-F (Comares) y La legalización del PCE: la historia no contada (Alianza).
—¿Por qué el rey nombró a Suárez? ¿Qué cualidades tenía para ser presidente?
—El rey nombra a Suárez aconsejado por Torcuato Fernández Miranda, que es quien logra introducirlo en la terna de presidenciables. Suárez es un joven ambicioso que no levanta grandes recelos entre el búnker y que, según calculan Torcuato y el rey con evidente acierto, será suficientemente audaz como para desmantelar desde dentro el régimen y abrir las puertas a la democracia. Suárez no es Arias. Este era un recalcitrante franquista, consciente de que el régimen había de mutar y abrirse, pero incapaz de impulsar un auténtico cambio porque seguía siendo leal a Franco y a su obra. Sin embargo, Suárez está dispuesto a transformar el régimen y tiene tanto la audacia como la ambición necesarias para hacerlo. Y, además, Torcuato y el rey creen que será maleable, que se supeditará a sus consejos e indicaciones. En esto último se equivocaron.
—¿El rey y él mismo tenían un plan para hacer la transición a la democracia?
—El rey sabía que una «monarquía del 18 de julio» era inviable. La supervivencia de la Corona pasaba por la modernización política del país y su homologación a las democracias liberales europeas. Ese es el proyecto del rey, pero el plan y el método para llevarlo a cabo no estaban claros al principio. En este sentido, Fernández Miranda tiene un papel crucial, pues desarrolló la técnica (jurídico-política) para desmantelar desde dentro la dictadura, gracias a su Ley para la Reforma Política. La Transición, por tanto, no fue fruto de un determinismo férreo, de un plan perfectamente trazado; tampoco fue mera improvisación, sino una mezcla de ambas dinámicas. Hubo un objetivo estratégico, que consistía en conquistar la democracia; y unos pasos concretos, unos movimientos tácticos que no estuvieron previstos ni planeados al dedillo, sino que fueron dándose en función de las circunstancias.
—Por ejemplo, legalizar al PCE.
Un ejemplo claro de esto último es la legalización del PCE, que no querían Torcuato ni Suárez al principio del proceso. Pero, tras el asesinato de los abogados laboralistas en la calle Atocha (enero de 1977), Suárez toma la decisión de legalizar a los comunistas para legitimar democráticamente las elecciones de junio, pues, ¿quién iba a creerse que caminábamos hacia una auténtica democracia si en los primeros comicios no participaba el partido más importante de la oposición al franquismo? Contra el criterio del propio Torcuato, Suárez toma la audaz decisión de legalizar al PCE en abril del 77, cuestión que no estaba prevista cuando se inicia la transición con la Ley para la Reforma Política.
—¿Qué balance hace del papel de Suárez en la Transición? ¿Fue más decisivo que el rey?
—Para contestar a esta pregunta, me remito a una metáfora que utilizó Martín Villa para describir la dinámica de la Transición como una obra de teatro donde el empresario sería el rey (motor del cambio); el guionista, Torcuato (desmantelando desde dentro el régimen), y el actor principal, Suárez, poniendo en escena el plan anterior y llevando a cabo la transformación. Sin estos tres elementos, la Transición no hubiera sido posible, por eso no me atrevo a destacar a ninguna de las tres figuras, pues el trío se complementa a la perfección hasta abril de 1977, cuando Torcuato rompe con Suárez como consecuencia de la legalización del PCE. Queda el tándem rey-Suárez, que seguirá funcionando bien hasta 1980, cuando se deteriora su relación política y personal en la antesala del 23F. Considero que Suárez fue crucial en la Transición, el hombre que, audazmente, se atrevió a poner en práctica el plan urdido por Torcuato e impulsado por el rey, extralimitándose a veces en los objetivos de ese plan inicial, como la legalización del PCE. No obstante, y a pesar de ese papel crucial, sin el impulso del monarca y la actuación entre bambalinas de Torcuato, el proceso no hubiese sido posible. Suárez fue el actor principal, el que lleva a las tablas la escena, pero, entre bambalinas, el monarca y Torcuato desarrollaron una actuación fundamental. Tampoco conviene perder de vista, al señalar los actores principales de la Transición, el papel desempeñado por la movilización social, que sin duda obligó a ensanchar los cauces de participación y representación política.