Aurora Bosch, catedrática emérita de Historia Contemporánea: «Las instituciones de Estados Unidos no son tan sólidas como se creía»
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Analiza la importancia y vigencia de la Declaración de Independencia
05 jul 2026 . Actualizado a las 05:00 h.Catedrática emérita de Historia Contemporánea de la Universidad de Valencia, Aurora Bosch (Valencia, 1954) es autora de Historia de Estados Unidos (Crítica). La especialista en EE.UU. analiza el actual escenario a la luz de la Declaración de Independencia.
—¿Qué importancia tiene la Declaración de Independencia y cuál ha sido su impacto global?
—En su momento, tuvo la importancia histórica de formalizar la decisión del Congreso de separarse de la metrópoli, enumerando las quejas y detallando los motivos por los cuales los americanos se rebelaban contra la monarquía británica. La importancia que se le ha dado con el paso del tiempo ha sido por el preámbulo y el reconocimiento del derecho de los ciudadanos ingleses nacidos libres a rebelarse contra un Gobierno tiránico, que se extiende a todos los pueblos del mundo. También le da trascendencia lo que dice el preámbulo, que todos los hombres son creados iguales y tienen derecho a la vida, la libertad y la consecución de la felicidad.
—Sostiene que todos los hombres han sido creados iguales, pero muchos de los padres fundadores, incluido Jefferson, tenían esclavos.
—Era una contradicción absoluta, por eso tiene un significado en ese momento y otro, después. Jefferson, que es uno de los redactores de la Declaración de Independencia, es en sí mismo contradictorio, como toda la élite de Virginia que dominó la presidencia de la república. La libertad de los blancos está sustentada por la esclavitud de los africanos. Jefferson sabía que incluir la abolición en el documento no era posible si se quería contar en la lucha por la independencia con las colonias del sur. Después de quedarse viudo, Jefferson tuvo una relación con una esclava.
—La participación española en la independencia de EE.UU. se ha minimizado durante años, pero fue importante. ¿Hasta qué punto?
—España jugó un papel importante, tanto en el ámbito militar directo, el caso de Gálvez es el más conocido, como en el económico. Aunque quedó oscurecido por el de Francia. Hay que tener en cuenta que la lucha por la independencia de Estados Unidos tiene lugar en un momento en el que todos los imperios se sienten agraviados por Inglaterra, quieren de alguna manera la revancha. En el caso de España, tenía posesiones en el territorio americano muy numerosas en el sur y el oeste de lo que luego será Estados Unidos.
—¿250 años después el ideario de aquella declaración, con sus contradicciones, sigue vigente?
—Como he dicho, la declaración era para justificar la independencia y los motivos concretos por los que lo hacían. Pero el preámbulo de Jefferson la convierte en una causa de la humanidad. En ese momento, eso de que todos los hombres nacen iguales probablemente solo se refería a los blancos. Pero la ventaja es que lo deja abierto y tiene una repercusión enorme en el futuro. Aunque no habla de sistema político, da a entender que debe estar basado en la voluntad del pueblo, que puede levantarse contra el gobierno tiránico. Delimita lo que hoy conocemos como democracia. Esto ha dado lugar a que se convierta en un documento fundacional. Pero el preámbulo es tan exigente que es muy difícil o imposible de cumplir. Esos ideales nunca se han cumplido en Estados Unidos, siempre ha habido algún tipo de exclusión. Desde la revolución de derechos de los años 60 y 70, sobre todo con la lucha por los derechos civiles, se estuvo en camino de que las exclusiones desaparecieran, en cuanto a raza o género. Podríamos decir que el ideal de una república federal y una democracia multirracial se consiguió, entre comillas, cuando un afroamericano, Obama, gana la presidencia gracias a una coalición multirracial. Pero incluso en esos momentos en los que parecía que se alcanzaba ese ideal, hay que recordar que Obama fue el presidente que hizo más deportaciones de inmigrantes hasta la fecha, incluida la primera presidencia de Donald Trump.
—¿Ahora peligra la democracia con Trump en el poder?
—La Constitución y la democracia americanas se basan, sobre todo, en la división de poderes, es decir, que el poder del Estado esté dividido al mismo nivel entre el ejecutivo, que es la presidencia; el legislativo, que es el Congreso con sus dos cámaras, y el judicial. Lo que vemos claramente en esta presidencia es la voluntad autoritaria de intentar que los otros dos poderes no estén a nivel de igualdad y no equilibren y controlen al ejecutivo, sino que lo refrenden y refuercen. Trump ha tomado claramente ese camino, porque domina al partido republicano, que hasta ahora apenas ha hecho oposición en el Congreso, sino que replica los deseos del poder ejecutivo, y también ha colocado jueces conservadores en el Tribunal Supremo, que tienen la mayoría, y en muchos casos ha reforzado el poder federal y sus decisiones, sobre todo en materia de inmigración. Aunque su último fallo es un gran revés al rechazar el intento de Trump de acabar con el derecho de ciudadanía por nacimiento, que es crucial. En todo caso, Trump ha hecho un camino claro hacia una presidencia autoritaria que doblegue a los demás poderes, aunque ha habido resistencia en el ámbito judicial. Luego está la violencia, la crueldad, la indignidad con la que ejerce la presidencia, sobre todo en la persecución de los inmigrantes con un aparato represivo que se ha hinchado enormemente, como es el ICE. Otro aspecto que también es nuevo es que el revanchismo y el poder vengativo del presidente ha ido también contra el sector privado, en especial los medios de comunicación y de entretenimiento, y las intimidaciones y persecuciones del departamento de Justicia a sus órdenes, contra universidades, oenegés, asociaciones y bufetes de abogados que sitúa en el ámbito de la izquierda o no son del universo MAGA. Es algo que no tiene precedentes y son claves en la erosión de la democracia. Utiliza el departamento de Justicia para reprimir a todos los que considera enemigos de su proyecto. A todo ello hay que añadir el nivel de corrupción sin precedentes, el enriquecimiento personal de él mismo, su familia y sus amigos y la utilización de la política exterior para ganar dinero también erosiona la democracia y es insólito. Todo esto indica que el avance de este presidente con vocación autoritaria ha demostrado que las instituciones americanas no son tan sólidas como se creía. ¿Quiere decir que la democracia americana está en peligro? Claramente sí. Ahora bien, la capacidad de reacción tanto de algunas instituciones como de la población son las que tendrán que medirlo.