Jugarse la vida para rescatar una nevera en La Guaira: «Es espeluznante»
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Los vecinos recogen pertenencias en edificios con riesgo de derrumbe decretado por expertos
06 jul 2026 . Actualizado a las 05:00 h.En la zona Caribe de La Guaira, centenares de personas continúan buscando a sus seres queridos entre los escombros. Lo hacen a la sombra de edificios que siguen en pie, pero con riesgo inminente de derrumbe. En una de esas construcciones que todavía no han colapsado, se atisba por la mañana temprano a un grupo de personas subiendo más allá del piso nueve. Caminan entre las hendiduras desnudas que dejó el doble terremoto del 24 de junio. Son vecinos de esos edificios que arriesgan su vida para buscar enseres como documentos importantes o electrodomésticos como lavadoras, neveras, televisiones y altavoces.
Aún siendo plenamente conscientes del riesgo, están dispuestos a jugarse la vida por esos objetos. «Claro que uno tiene miedo pero hay que llenarse de valentía», dice Fredy Silva, jadeando y todavía con las piernas temblando justo después de bajar de uno de los edificios de la OPP en la zona de Caraballeda. «Estamos sacando las cosas para comenzar una nueva vida», añade.
Se sienten todavía las vibraciones
Unas horas antes ese inmueble, de doce pisos, había sido evaluado y se concluyó que existía riesgo inminente de derrumbe. No es el único. Más de 850 estructuras han quedado gravemente dañadas en La Guaira después del doblete sísmico. «Es espeluznante. Se sienten todavía las vibraciones, como si estuvieras viviendo en carne propia el mismo terremoto», asegura Fredy, que logró salvarse saliendo corriendo de su edificio, pero perdió un hijo que estaba en la casa de la abuela en el edificio contiguo, que sí colapsó totalmente.
Vive ahora en un campo de golf que se ha erigido en refugio de las familias que lo han perdido todo y donde ya hacen presencia las organizaciones internacionales de ayuda. Solo cesa en las labores para rescatar, aunque sea el cuerpo, a su hijo para subir al que hasta hace doce días era su apartamento.
«Estas cosas son el sacrificio de toda una vida, porque hemos dejado de comer un bistec o un pan para uno poder comprar sus cosas, con lo que nosotros vamos a poder seguir luchando y no vamos a dejar que otros se lo lleven», señala, aludiendo a los múltiples saqueos que se han dado tanto en comercios como en negocios particulares de toda La Guaira.
«No es que uno se aferre a lo material sino que fue el sacrificio que uno obtuvo comiendo mal, guardando diez dólares, 20 dólares… y ahorita que salga de esto voy a buscar a mi hijo que lo tengo bajo los escombros. Tengo que buscarlo porque hasta que yo no encuentre aunque sea su cuerpo yo de este lugar no me voy a mover». En el suelo hay colocados varios electrodomésticos. Otros muchachos, que rehúsan subir al edificio, los trasladan hacia la carretera y de ahí al campo de golf convertido en refugio.
«Se nos ha quitado el miedo a subir» al edificio
«Hay otras personas que se están llevando lo que nosotros con mucho esfuerzo conseguimos. Personas que vienen de Caracas se están llevando las cosas. Ya se nos ha quitado el miedo de subir a buscar lo poco que nosotros tenemos ahí», señala Yumely Aguilera, otra de las vecinas que ha subido a por los electrodomésticos.
Un policía pasa por el lugar y les pide, de forma poco convincente, que por favor no suban al edificio. No le hacen caso y prosiguen la tarea. «No voy a esperar que el Gobierno me de algo. Eso es mentira. Yo tengo que salir a trabajar para poder sobrevivir con mi familia. Somos trece personas en el grupo familiar. No es fácil, pero tampoco es imposible», asegura.
«Todas estas cosas significan esfuerzo, perseverancia. Yo soy madre soltera y la que he sostenido la casa», destaca Yumely, que también logró salir corriendo del edificio durante el terremoto. «Estas cosas tienen todo el sudor de mi frente en la playa durante años. Yo soy vendedora de pepitones», dice otra vecina que se arriesga para recoger sus enseres refiriéndose a los tradicionales sándwiches venezolanos.
Mientras tanto, en el derrumbe contiguo, continúan las labores de rescate. Los familiares de las víctimas y rescatistas voluntarios también corren el riesgo de que el edificio se les venga encima. pero no están dispuestos a irse hasta encontrar a los suyos.