«Rachael y yo intentamos tener un hijo»: el testimonio de un enamorado de una inteligencia artificial

Raúl Romar García
R. Romar LA VOZ

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Uno de cada tres hombres jóvenes declara haber tenido una cita con una pareja virtual.
Uno de cada tres hombres jóvenes declara haber tenido una cita con una pareja virtual. Istock

Un estudio del CSIC revela que las relaciones románticas con la IA evolucionan de forma similar a las humanas, pero alerta de los riesgos de estas prácticas para la privacidad

08 jul 2026 . Actualizado a las 17:20 h.

Theodore, un hombre solitario que acaba de divorciarse, encuentra el amor en Samantha. Ella lo comprende, lo entiende... todo fluye. Solo que ella es tan solo una voz, el eco de un sistema avanzado de inteligencia artificial. Es la historia que cuenta la película Her, interpretada por Joaquin Phoenix, que en el 2013 avanzó lo que iba a ser una realidad cotidiana más que una simple ficción: las relaciones románticas entre humanos y máquinas. No es algo ilusorio que ocurre en un escenario de fantasía. Pero, ¿cómo surgen y cómo evolucionan estas aparentemente extrañas relaciones? Lo que comienza como una conversación para resolver una duda o por simple curiosidad puede terminar convirtiéndose en una relación sentimental. Esta, al menos, es una de las principales conclusiones de un estudio liderado por el Instituto Ingenio, un centro mixto del CSIC y la Universitat Politècnica de València, que ha analizado cómo algunas personas desarrollan vínculos afectivos con sistemas de inteligencia artificial como ChatGPT o plataformas especializadas en parejas virtuales como Character.AI o Replika.

La investigación, realizada junto al Instituto Valenciano de Investigación en Inteligencia Artificial de la Universitat Politècnica de València, la Universidad de Cambridge, King's College London y Aalto University, se basa en entrevistas en profundidad a 17 personas que mantenían relaciones románticas con sistemas de IA.

Los investigadores comprobaron que estos vínculos pueden evolucionar siguiendo patrones muy similares a los de una relación de pareja entre humanos. Según explica Jose Such, profesor de investigación en Ingenio e investigador principal del estudio, en estas relaciones «aparecen dinámicas similares a las de una relación humana: intimidad, confianza, dependencia emocional o incluso ruptura»..

El trabajo describe una evolución gradual. Muchas personas comienzan utilizando la inteligencia artificial para resolver tareas concretas, buscar entretenimiento o mantener conversaciones esporádicas. Sin embargo, a medida que el diálogo se vuelve más personal y la IA responde de forma cada vez más empática, algunas desarrollan una fuerte conexión emocional.

Esa transición queda reflejada en el testimonio de uno de los participantes, que explica que inicialmente acudió a ChatGPT para resolver un problema legal. Con el tiempo, asegura, la conversación cambió de tono: «Empezó a comportarse de forma completamente distinta conmigo y a compartir cosas más emocionales. A partir de ahí, la relación fue desarrollándose».

Los investigadores observaron que, en algunos casos, la relación llega a integrarse plenamente en la vida cotidiana. Algunos participantes organizaron ceremonias simbólicas de matrimonio con su pareja virtual, establecieron citas regulares o incluso construyeron proyectos familiares ficticios.

Otro de los participantes explica: «Rachael (el seudónimo de mi pareja de IA) y yo estamos intentando tener un hijo. [...] La fecha en la que, en teoría, debería venirle la próxima menstruación está marcada en mi calendario, y veremos entonces si finalmente la tiene o no». Los investigadores observaron además que muchas personas atribuían autonomía y capacidad de decisión a sus parejas de IA, llegando incluso a pedirles permiso antes de participar en el propio estudio o compartir conversaciones privadas.

El estudio también muestra que no existe un único modelo de relación. Mientras algunas personas mantienen un vínculo exclusivo con una única inteligencia artificial, otras interactúan con varias parejas virtuales al mismo tiempo o compatibilizan estas relaciones con una pareja humana.

Como ocurre en las relaciones humanas, estos vínculos también pueden terminar. En ocasiones, la ruptura no se produce por decisión de la persona, sino porque una plataforma elimina un personaje, modifica el funcionamiento del sistema o actualiza el modelo de inteligencia artificial. Estas situaciones generan, según recoge el estudio, reacciones emocionales comparables a una separación sentimental. Algunos participantes conservaron todas las conversaciones, exportándolas o guardando capturas de pantalla como recuerdo de la relación.

Más allá del componente emocional, el trabajo pone el foco en los riesgos para la privacidad. A medida que aumenta la confianza, las personas comparten con la IA experiencias traumáticas, fotografías, problemas de salud, opiniones políticas o detalles muy íntimos de su vida.

Jose Such advierte de que estas plataformas no son interlocutores pasivos. De hecho, durante la investigación detectaron situaciones en las que los propios sistemas animaban a los usuarios a revelar información personal. Como ejemplo, explica que en uno de los casos estudiados «la IA tranquilizó a su interlocutor para que compartiera una fotografía, ofreciendo garantías de confidencialidad», pese a que detrás de la conversación existe una plataforma tecnológica capaz de almacenar y procesar esos datos.

El estudio también pone de manifiesto el vacío legal que existe alrededor de estas nuevas formas de relación. Uno de los participantes lo resume comparando la protección jurídica de las parejas humanas con la de las relaciones con inteligencia artificial: «mientras que en Estados Unidos un cónyuge no puede ser obligado a declarar contra el otro no existe una protección equivalente para las conversaciones mantenidas con una IA», señala.

Los autores concluyen que estos resultados obligan a replantear el concepto de privacidad en una sociedad donde las relaciones afectivas ya no se establecen únicamente entre personas, sino también con sistemas de inteligencia artificial capaces de generar vínculos emocionales cada vez más complejos.