La tensión se dispara en Ormuz y «entierra» el pacto entre EE.UU. e Irán

Mikel Ayestaran ESTAMBUL / COLPISA

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Rezo multitudinario frente al féretro de Alí Jamenéi en Nayaf, Irak.
Rezo multitudinario frente al féretro de Alí Jamenéi en Nayaf, Irak. Office of the Iranian Supreme Le | REUTERS

Los dos bandos se enfrentan y vuelven a las acusaciones mutuas mientras Teherán prosigue el funeral de Alí Jamenéi en Irak

08 jul 2026 . Actualizado a las 20:39 h.

Ormuz volvió a ser este miércoles escenario del fuego cruzado entre Irán y Estados Unidos, que mató al menos a ocho miembros de las fuerzas de seguridad persa, según la agencia Irna. Donald Trump declaró en la cumbre de la OTAN celebrada en Ankara (Turquía) que consideraba «acabado» el memorando de entendimiento firmado con Teherán. Semanas después de decir que los líderes del régimen que han tomado el relevo a los asesinados durante la guerra «son más racionales», el presidente cambió de opinión para llamarles «escoria», «mentirosos» y «mala gente». También anunció nuevos y duros ataques contra la república islámica. «Fui allí por una razón, Irán no puede tener un arma nuclear, nunca la tendrán. Sus fuerzas aéreas y barcos ya no están. A las fake news les gusta decir que (la guerra) no ha ido bien, pero es un éxito tremendo», se ufanó el inquilino de la Casa Blanca.

En una singular declaración ante los líderes de la Alianza Atlántica, él mismo se consideró el «objetivo número uno», posiblemente influenciado por las pancartas exhibidas por los persas que le situaban dentro de una diana durante los funerales de Alí Jamenéi, el anterior Líder Supremo. «Puede que en el futuro yo no esté, pero lo que estoy haciendo lo hago porque es bueno para el país y para el mundo», continuó el presidente estadounidense, que acusó al sistema iraní de «querer un alto el fuego que luego no saben mantener». No obstante, dejó la puerta abierta a continuar unas conversaciones en las que dijo que ya no confía.

La respuesta de Teherán fue inmediata y Alí Akbar Velayati, asesor principal del nuevo Líder Supremo, señaló que la «admisión verbal» de Trump de cancelar el memorando vuelve a «empujar la región hacia el fuego». El consejero aseguró que Irán tenía «el dedo en el gatillo» y que no permanecerá «en silencio ante la humillación y la aventura». Medios oficiales revelaron que, en caso de continuar los bombardeos de EE.UU., cerrarán Ormuz.

El Golfo vio cómo se repetía la misma situación de junio. Todo empezó esta vez después de que Teherán atacase el martes, frente a la costa de Omán, a un buque de gas catarí y dos petroleros saudíes. Los persas exigen tener el control de todo el tránsito por el estrecho y no aceptan que nadie cruce por la nueva ruta abierta por Omán si antes no recibe el visto bueno de la Guardia Revolucionaria. El ejército estadounidense reaccionó con una dura ofensiva sobre el sur de Irán y su oponente lanzó misiles y drones contra las bases norteamericanas en Baréin y Kuwait. El Consejo de Cooperación del Golfo y los países de la región condenaron los bombardeos persas y volvieron a comprobar la fragilidad de su situación de seguridad después de la guerra sorpresa lanzada por Trump y Benjamín Netanyahu hace cuatro meses contra la república islámica.

«Seremos mártires»

Mientras una parte de la cúpula política y de seguridad persa asistía a las ceremonias de despedida de Alí Jamenéi en las ciudades santas chiíes de Irak, en las que participaron cientos de miles de personas, otro sector hacía frente a la situación en Ormuz. Majid Shakeri, asesor del jefe negociador iraní, Mohammad Bagher Ghalibaf, declaró en la televisión estatal que Omán debe ofrecer garantías de que las aguas del estrecho que se encuentran bajo su dominio territorial no serán utilizadas con fines militares contra el régimen. «O mantenemos este estrecho, o nos convertimos en mártires por él, uno a uno» dijo Shakeri, añadiendo que obtener «ingresos está subordinado al control» del canal como palanca crítica de presión.

A unos y otros les interesa que Ormuz esté abierto, pero Teherán y Washington interpretan de manera muy diferente el articulo 5 del memorando y el acuerdo pasa por sus momentos más críticos. Este punto establece que Irán «hará arreglos, empleando sus mejores esfuerzos, para el paso seguro de buques comerciales, sin coste alguno durante solo 60 días, desde el Golfo Pérsico hasta el mar de Omán, y viceversa». El régimen defiende que esta cláusula le otorga autoridad para gestionar el tráfico, pero EE.UU. dice que solo describe la responsabilidad persa de no obstaculizar el tránsito. Versiones totalmente diferentes debido a la vaguedad de la redacción de las cláusulas pactadas.

La república islámica trata de ofrecer al exterior una imagen de unidad y fuerza con los funerales multitudinarios de Jamenéi, pero dentro de la cúpula del sistema hay una importante fisura respecto a la negociación con Estados Unidos. Tras la dureza del último ataque, que golpeó Bandar Abbas y Busher y dejó ocho muertos, las voces más críticas pidieron al régimen una réplica sin dilación.

Nada más difundirse las enésimas amenazas de Trump, el Ministerio de Exteriores persa acusó a la Casa Blanca de no respetar las disposiciones del memorando relativas al cese de operaciones militares en todos los frentes, incluido Líbano, y otras partes del acuerdo relacionadas con el respeto a la soberanía y la integridad territorial. Las autoridades apuestan por la vía diplomática para intentar obtener resultados tangibles después de lo que consideran una victoria en el campo de batalla, pero el sector más ultraconservador no lo acepta.

Mahmoud Nabavian, diputado de línea dura, escribió en X que los ataques nocturnos en el sur del país volvieron a demostrar que «el resultado de un acuerdo con el Gobierno terrorista de Estados Unidos, de confiar en él y ser optimista, no es más que una pérdida absoluta de tiempo». Ebrahim Rezaei, portavoz de la Comisión de Seguridad Nacional y Política Exterior del Parlamento, advirtió que, si Trump vuelve a atacar suelo iraní, Teherán podría revisar su doctrina nuclear y estudiar incluso la salida del Tratado de No Proliferación.

Mohsen Rezaei, excomandante en jefe de la Guardia Revolucionaria y asesor del Líder Supremo, pidió paciencia a este sector crítico porque «los estadounidenses destruirán estas conversaciones ellos mismos. No dejarán que den ningún resultado, como estamos viendo ahora». Además de los ultraconservadores iraníes, Israel es el otro gran opositor al memorando. Desde el Estado judío siguen muy de cerca la escalada en el Golfo y una fuente militar declaró al diario Maariv que «el ejército está preparado para cualquier desarrollo en Irán. Si se nos exige actuar, ya sea en ataque o en defensa, estamos preparados».