Carla, la joven de 10 seleccionada por Valentín Fuster que se formará en la cuna de los Nobel
ACTUALIDAD
«Siempre tuve interés por la ciencia», asegura la redondelana, que accedió al programa de formación del CNIC, para el que solo eligieron a ocho jóvenes de toda España
14 jul 2026 . Actualizado a las 13:35 h.«Siempre tuve interés en la ciencia, especialmente en la investigación». Carla Acosta García (Redondela, 2008) habla con una seguridad, elocuencia y convicción impropia de su edad. Tiene 18 años, pero es una chica de 10. Es la nota de su expediente inmaculado en el exigente bachillerato de ciencias, la misma calificación que le ha valido para cumplir uno de sus grandes sueños: estudiar Biomedicina en el Instituto Karolinska de Suecia. No fue algo improvisado, sino perseguido. Hace dos años que ya lo tenía claro. «Me apetecía salir de casa, ver cómo es la educación en otros países y formarme en un ámbito internacional», explica con el mismo convencimiento con el que establece sus metas. La institución sueca, una de las más prestigiosas del mundo y que alberga al comité que elige al Premio Nobel de Medicina, fue siempre su prioridad. No tuvo que buscar otras, aunque también la querían en las universidades de Lund (Suecia) y Utrech (Países Bajos). «Yo estaba tranquila en que me eligieran, porque más de un 10 no podía sacar», dice. Al matricularse en el extranjero tampoco le hacía falta someterse a la PAU, pero aún así la hizo. Su media fue de un 13,62 sobre 14.
La esperaba por delante un verano de deporte, su gran afición, playa y conversaciones con sus amigos. Hasta que su madre rescató de un cajón un antiguo recorte de periódico que había guardado durante dos años. Hacía referencia a una noticia sobre el programa Acércate, impulsado por el mítico cardiólogo Valentín Fuster, dirigido a atraer y formar a los jóvenes más brillantes durante una semana en el Centro Nacional de Investigaciones Cardiovasculares (CNIC).
Los seleccionados no solo destacan por su expediente académico, sino también por haber participado previamente en proyectos científicos, olimpiadas o en programas de enriquecimiento educativo. Carla encajaba plenamente en el perfil. «Mi madre tenía guardado el recorte porque no podía participar en el programa hasta que finalizase segundo de bachillerato, que cursé en el IES de Mendiño, en Redondela», señala la joven. Fue elegida junto con otros siete jóvenes de toda España y un estudiante lituano que había ganado previamente un concurso europeo.
Si ya lo tenía claro de antemano, la experiencia de siete días en los laboratorios del CNIC compartiendo impresiones con algunos de los mejores equipos internacionales en cardiología acabó consolidando su vocación científica. «También me permitió ver las cosas malas o los lados negativos que también tiene la investigación, que es una carrera de fondo, ¡y aun así sigo queriendo! Salí reforzada», expone.
Su inmersión en la ciencia real fue sin filtros. «Nos metieron una caña tremenda. Estuvimos todos los días de nueve de la mañana a seis de la tarde, parando solo una hora para comer», relata con entusiasmo la joven de Redondela al recordar la exigencia de las jornadas, que combinaban el trabajo práctico en laboratorios con seminarios sobre publicaciones científicas y visitas a todas las áreas del centro, desde la ciencia básica hasta la investigación clínica en hospitales.
La experiencia culminó con un encuentro privado de casi una hora con el célebre cardiólogo Valentín Fuster, director del centro e impulsor directo de estas becas de formación. «Es un hombre muy cercano», destaca Acosta, la misma cercanía y cariño que percibió de todos los investigadores del centro con los que compartió jornadas. Pero Fuster también les dio valiosos consejos para el futuro: «Nos dijo que buscáramos nuestro talento. Que al final las ambiciones desaparecen, pero los talentos y las fortalezas son lo que duran. Nos pidió que no tuviéramos prisa ni egocentrismo, y que confiáramos en el proceso».
No fue lo único que le impactó. «También me gustó mucho -dice- compartir la experiencia con mis otros compañeros, que son chicos con tus mismos gustos e intereses. Nos hicimos buenos amigos y estamos bastante unidos».
Jugadora de voleibol y árbitra de baloncesto
Detrás de un expediente impecable de 10 suele haber una dedicación absoluta, pero el perfil de Carla Acosta rompe el mito del científico ermitaño. Durante el exigente curso de segundo de Bachillerato, la joven ha sido capaz de competir en la liga gallega de voleibol. Con anterioridad fue jugadora, entrenadora y árbitra de baloncesto, lo que también compaginó con sus sesiones regulares de gimnasio.
Además, mantiene un firme compromiso social como miembro activo del Consejo de la Infancia y la Adolescencia de Galicia, un órgano gestionado por la Xunta destinado a que las políticas institucionales cuenten con la voz y la opinión de los jóvenes.
¿El secreto para llegar a todo? «Mucha organización y mucha planificación», confiesa. «Yo no quería que Bachillerato me quitara de hacer otras cosas que a mí me hacían sentir bien. Si tocaba estudiar, era a estudiar sin ponerme con otra cosa».
Rumbo a la cuna de los Premios Nobel
Su próximo destino será el Instituto Karolinska en Suecia, que fue siempre su primera opción. «Hacer la carrera en inglés en un ámbito que se mueve en ese idioma ya me daba una pequeña ventaja. Además, es una institución centrada exclusivamente en investigación y medicina, con profesores que tienen muchísimos premios y artículos publicados», explica la redondelana.
Carla también destaca el innovador sistema educativo que se encontrará en Estocolmo, hacia donde se dirigirá el 22 de agosto para empezar las clases el 31 del mismo mes, donde los alumnos cursan y se examinan de las asignaturas de una en una de manera focalizada, en lugar de acumular todos los exámenes en una única semana como ocurre en España.
Mientras tanto, disfrutará lo que le queda de verano. También tiene claro como quiere hacerlo: playa, deporte y amigos.