Detectan por primera vez un azúcar en el espacio interestelar, lo que abre una nueva vía para explicar el origen de la vida

Raúl Romar García
R. Romar LA VOZ

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Imagen del centro galáctico obtenida a partir de las observaciones realizadas con distintos telescopios | Ashley Barnes/Izaskun Jiménez-Serra/Juan García de la Concepción
Imagen del centro galáctico obtenida a partir de las observaciones realizadas con distintos telescopios | Ashley Barnes/Izaskun Jiménez-Serra/Juan García de la Concepción

Investigadores del CAB-CSIC/INTA identifican un sacárido complejo en una nube molecular

13 jul 2026 . Actualizado a las 20:17 h.

Los azúcares son moléculas esenciales para la vida. Forman parte de la estructura del ADN y del ARN, participan en numerosos procesos metabólicos y ocupan un lugar central en las teorías sobre el origen de la vida. Sin embargo, uno de los grandes interrogantes de la biología y la química prebiótica sigue siendo cómo se formaron los primeros azúcares, ya que los experimentos de laboratorio muestran que las condiciones de la Tierra primitiva no habrían producido estas moléculas en cantidades suficientes. Un estudio publicado en Nature Astronomy aporta ahora una nueva pieza a ese rompecabezas. Un equipo internacional liderado por la investigadora del Centro de Astrobiología (CAB- CSIC/INTA) Izaskun Jiménez-Serra ha detectado por primera vez un azúcar directamente en el medio interestelar. Se trata de la eritrulosa, un monosacárido de cuatro átomos de carbono que, en la Tierra, se encuentra de forma natural en las frambuesas y se utiliza también en productos autobronceadores.

El hallazgo se produjo en la nube molecular G+0.693?0.027, situada cerca del centro de la Vía Láctea, gracias a observaciones realizadas con el radiotelescopio de Yebes de 40 metros y el telescopio IRAM de 30 metros. Los investigadores identificaron doce líneas espectrales que coincidían con el espectro de laboratorio obtenido previamente en la Universidad del País Vasco.

Además, el trabajo revela un resultado inesperado: la eritrulosa es al menos ocho veces más abundante que otros azúcares similares de tres carbonos, que ni siquiera fueron detectados en la misma región.

«Este hallazgo fue inesperado, ya que la visión predominante en astroquímica es que las moléculas interestelares aumentan de tamaño mediante la adición secuencial de átomos de carbono», señala la investigadora principal, Izaskun Jiménez-Serra.

Mediante modelos químicos desarrollados junto a investigadores de la Universidad de Extremadura y la Universidad de Radboud (Países Bajos), el equipo propone que la eritrulosa puede sintetizarse en los hielos que recubren los granos de polvo interestelar a partir de alcoholes y aldehídos sencillos de dos carbonos.

Los autores calculan, además, que entre 500.000 y 50 millones de toneladas de este azúcar pudieron llegar a la Tierra durante el Bombardeo Intenso Tardío, hace entre 4.100 y 3.800 millones de años, lo que apunta a una posible fuente extraterrestre de moléculas prebióticas para el planeta primitivo.

En esa línea, el coautor del estudio Carlos Briones destaca que «la detección de eritrulosa es muy emocionante porque abre la posibilidad de descubrir en el espacio otros azúcares como la ribosa, que forma parte del ARN, y otras moléculas importantes para el origen de la vida».

Los especialistas consultados coinciden en que el trabajo supone un avance importante para comprender la química del medio interestelar, aunque advierten de que no demuestra que este azúcar participara directamente en el origen de la vida.

El catedrático de Química Física de la Universidade de Vigo Jesús R. Flores considera, en una reacción recogida por SMC España, que el estudio resuelve una incógnita relevante. Recuerda que desde hace años se conocía la presencia de monosacáridos en meteoritos y asteroides, pero no estaba claro dónde se habían formado. «La eritrulosa es el primer auténtico sacárido detectado en el medio interestelar», afirma. Además, destaca el papel de la tecnología desarrollada en España, tanto para obtener el espectro rotacional de la molécula mediante una novedosa técnica de vaporización láser como para la modelización cinético-cuántica y astroquímica que permitió explicar su posible formación.

Por su parte, el catedrático de la Universidade de Santiago de Compostela Emilio Martínez Núñez subraya la dificultad técnica del descubrimiento. Explica que cada molécula posee una «huella dactilar» única —su espectro rotacional—, pero obtener la de la eritrulosa era especialmente complicado porque el compuesto absorbe agua con facilidad y se descompone al calentarse. El investigador considera especialmente sólido que la detección esté respaldada tanto por experimentos de laboratorio como por cálculos de química cuántica y modelos astroquímicos.

No obstante, Martínez Núñez introduce una importante cautela: el hallazgo «no implica que la eritrulosa llegara a la Tierra ni que interviniera en el origen de la vida». A su juicio, su principal relevancia es demostrar que la química interestelar puede producir moléculas orgánicas de creciente complejidad.

Una valoración similar realiza a SMC Andrés de la Escosura Navazo, investigador de la Universidad Autónoma de Madrid, quien considera que el trabajo supone «un salto de complejidad» en las moléculas detectadas mediante astroquímica. Recuerda que hasta ahora se habían identificado más de 340 moléculas en el espacio, pero ningún azúcar con tres o más carbonos. En su opinión, el descubrimiento fortalece la hipótesis de que algunos de los azúcares encontrados posteriormente en meteoritos pudieron originarse previamente en el medio interestelar y abre la puerta a detectar en el futuro moléculas todavía más relevantes desde el punto de vista biológico, como azúcares de cinco y seis carbonos.

Además, destaca que el estudio propone una vía alternativa para sintetizar azúcares distinta de la reacción de la formosa, uno de los principales modelos de química prebiótica, pero que presenta limitaciones para explicar el origen de la ribosa, componente esencial del ARN.

En conjunto, los expertos consideran que el hallazgo no resuelve el origen de la vida, pero sí aporta una pieza importante para entender cómo pudieron generarse algunos de sus componentes básicos mucho antes de la formación de la Tierra. Todos ellos declaran no tener conflictos de interés.