Los adolescentes eluden los controles con VPN y perfiles falsos
09 ago 2026 . Actualizado a las 10:14 h.A finales del año pasado, Australia se consagró como el modelo al que todo el mundo comenzó a mirar con atención. El país oceánico fue pionero en prohibir por ley el acceso de los menores de 16 años a las redes sociales. Ninguna plataforma se libró de una norma que buscaba proteger a los adolescentes de sus efectos dañinos. Aplicaciones como Instagram, TikTok, Facebook o Snapchat comenzaron a verificar la edad de los usuarios para restringir el acceso a quienes no alcanzaran el límite legal. Australia fue solo la primera pieza de un dominó que no ha dejado de caer. Países de todo el mundo —como Indonesia, Malasia, Vietnam y, más recientemente, Francia— han aprobado leyes para regular el uso de las redes sociales en menores. Mientras tanto, estados como España, Portugal, el Reino Unido o Dinamarca ultiman la tramitación de sus proyectos.
Para anticipar su efectividad, la mirada se vuelve inevitablemente hacia Australia. La implantación de la medida, vigente desde diciembre, arroja ya balances sólidos para evaluar su eficacia. En enero del 2026, un mes después de la entrada en vigor de la normativa, el Comisionado de Seguridad Electrónica de Australia, conocido como eSafety, informó de los primeros datos de cumplimiento: en ese período de tiempo, las plataformas tecnológicas eliminaron o bloquearon el acceso a 4,7 millones de cuentas pertenecientes a unos 2,5 millones de australianos de entre ocho y quince años. En marzo del 2026, el Comisionado actualizaba el informe con otro dato: además de eliminar perfiles existentes, los sistemas automatizados impidieron la creación de más de 310.000 cuentas nuevas a usuarios detectados como menores de 16 años. Sin embargo, eSafety precisó el dato: «La cifra refleja el número total de cuentas eliminadas o restringidas, pero no el número de usuarios únicos que han perdido el acceso». Dado que cada adolescente suele tener perfiles distintos en cada red social —o varias cuentas secundarias en una sola—, la eliminación masiva de cuentas no ha impedido que muchos menores sigan accediendo a través de perfiles que eludieron los filtros o creando usuarios nuevos.
Prueba de ello es que, a pesar del volumen masivo de cuentas cerradas, los sondeos de eSafety señalan lagunas significativas. El 81 % de los menores de 16 años continúa utilizando las redes sociales. Antes de que la ley comenzara a regir, la cifra alcanzaba el 86 %, por lo que el uso general solo experimentó un descenso de cinco puntos porcentuales. Un 42 % admite mantener un perfil propio activo, frente al 52 % registrado previo a la norma. Algunos menores reportaron que las plataformas no les solicitaron confirmación de edad ni comprobantes estrictos al intentar entrar. Otros crearon cuentas declarando falsamente tener 16 años o más y otros recurrieron a la ayuda de adultos. A esto hay que añadir que, en plataformas como YouTube, no hace falta iniciar sesión para acceder a los contenido; el número de menores que acceden con cuenta no representa al total que pueden ver en algún momento los vídeos de la red.
Otros datos, sin embargo, aportan un halo de luz a la situación. Aunque haya adolescentes que burlen la prohibición, lo cierto es que otros tantos han dejado de usar por completo las redes desde principios de año. La empresa de control parental Qustodio expone que, después de que la edad mínima entrara en vigor, el uso mensual de Snapchat, una de las redes más populares del país, disminuyó entre los jóvenes de 13 a 15 años aproximadamente en un 40 %. En una encuesta de la internacional de investigación YouGov, tres de cada cinco australianos afirmaron que la prohibición había sido efectiva. La mayoría de los padres de niños menores de 16 años reportaron cambios positivos en el comportamiento de sus hijos, incluyendo una mayor interacción social presencial, niños notablemente más presentes y participativos y mejoras en su relación con sus hijos.
La legislación australiana comenzó responsabilizando a las plataformas con sanciones que llegaban a los cincuenta millones de dólares. Aunque todavía no se ha ejecutado ni cobrado ninguna multa formal, la situación se encuentra en un punto crítico. Bajo la lupa están cinco gigantes tecnológicos —Meta, matriz de Instagram y Facebook; ByteDance, de TikTok; Snap Inc., de Snapchat; y Alphabet, de YouTube— por las sospechas de que sus métodos de verificación fueran deliberadamente laxos, permitiendo operar a millones de adolescentes.