La caída de los «influencers», un toque de atención al privilegio en redes
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Los usuarios castigan a los creadores de contenido tras las últimas polémicas surgidas durante el verano
23 ago 2026 . Actualizado a las 15:15 h.Hay problemas en el paraíso. El día a día idílico de los creadores de contenido de estilo de vida se ha visto truncado en pleno verano por un debate que amenaza sus propias existencias: «la caída de los influencers», un título grandilocuente para un fenómeno que apunta al ocaso de unas figuras que parecían haber dado con la fórmula mágica para explotar económicamente y sin fin sus vidas y aficiones. Puede que la situación no sea tan apocalíptica como se pinta, pero algo hay. Lo demuestran los lamentos de muchos de los afectados en las últimas semanas y su reacción inmediata, a la defensiva.
El caldo de cultivo ya estaba ahí desde hace un tiempo, pero fue la actualidad de una época muy poco dada a las noticias, la estival, la que parece haberles dado la puntilla. La entrada masiva de migrantes en Ceuta a principios de agosto hizo que los influencers en TikTok e Instagram abandonasen su contenido ligero y de desconexión mental para convertirse momentáneamente en supuestos expertos en geopolítica y seguridad nacional. Y entonces llegó el histórico eclipse total que por primera vez en más de cien años sumió a parte de España en una noche fugaz. «Una cortina de humo histórica» para tapar los problemas de los políticos, según definió al fenómeno astronómico ante sus 1,7 millones de seguidores Carlos García, conocido en redes como Carliyo el Nervio. Y no fue el único. Más rostros conocidos en redes se unieron a la conspiranoia del «pan y circo».
Pero mezclar política y entretenimiento sin consecuencias no está al alcance de cualquiera. Muchos usuarios aprovecharon la época vacacional para hacer limpieza de los creadores que ya no les daban el contenido para desconectar que buscaban en ellos. Y fue entonces cuando llegaron los lamentos. Ante los ataques a Carilyo tras exponer sus teorías, Natalia Palacios, su pareja, salió a defenderlo. El resultado: ambos perdieron decenas de miles de seguidores en cuestión de días. Y el afectado entonó el mea culpa, en un vídeo aclaratorio en el que remendaba sin éxito su alegato anterior. «Nunca dije que el eclipse lo hubiera puesto Pedro Sánchez», se justificó.
Los seguidores también han apretado el botón de bloqueo con los influencers que perdieron la naturalidad y cotidianidad que en principio había servido como gancho. El ejemplo más claro lo dio Fabiana Sevillano, que se había hecho famosa por sus vídeos en la Feria de Abril de Sevilla, en los que hacía gala de su cercanía y autenticidad. Estaba en lo más alto de su popularidad, pero este verano se quejó por tener solo un mes de vacaciones. «La gente ha tenido tres meses de verano, como todos los años», añadió, evidenciando de golpe su desconexión con la realidad de la gente común que seguía sus andanzas. La andaluza le quitó hierro al asunto, y puso en duda que todo esto se traduzca en el fin real de los influencers, algo que cree que solo llegará si aparece un nuevo formato de entretenimiento, como, según ella, pasó con la televisión ante la llegada de los creadores de contenido.
«Un trabajo fácil y privilegiado»
Pero la mecha ya se ha prendido. Y otras figuras del entretenimiento se han unido a la turba contra estas figuras de internet. Streamers como el Xokas o el Rubius creen que ya era hora de que le llegara el San Martín a este sector. «Llega quince años tarde», dijo el hispanonoruego, mientras que el gallego, recientemente afectado por la cancelación de su campaña de Burger King debido a sus exabruptos, puso toda la responsabilidad en los consumidores de este contenido: «Existen por culpa vuestra».
Todos coinciden en diferenciar a los verdaderos creadores de contenido como ellos, que generan vídeos y directos durante horas, como si se tratase de un trabajo más, de los influencers, que se hacen de oro mientras comparten su vida cotidiana, sus fiestas o sus vacaciones.
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Esta es una de las razones que explica también el hartazgo de los seguidores, según compañeros de profesión como la colaboradora televisiva y exparticipante de La isla de las tentaciones Marta Peñate. «Lo vendáis como lo vendáis, es un trabajo fácil; no requiere de sudor ni de ocho horas diarias; es libre y privilegiado. Así que dejad de quejaros, de decir ‘‘qué semana más dura'' o que no tenéis vacaciones, porque estáis de vacaciones casi todo el año», dijo como explicación del hartazgo de la gente. La periodista pone en otro saco a otras influencers, como María Pombo o Alexandra Pereira, que han aprovechado su visibilidad para convertirse en empresarias y diversificar el negocio.
«Os quejáis de los impuestos que se pagan, o de la gente que recibe ‘‘paguitas'', cuando hacéis publicidad de casas de apuestas o de juegos de dudosa reputación», expresó la comunicadora en referencia a la polémica de Lucía Sánchez, exconcursante de La isla de las tentaciones, que se quejó de los españoles que «prefieren cobrar ayudas a trabajar».
También coincide con su crítica a las quejas de sus compañeros influencers el gallego Champi Muros, que en un vídeo sobre la polémica repasó su trayectoria profesional previa como repartidor de pan o de proveedor para bares con sueldos mínimos. «Y ahora me pagan por un vídeo 5.000 o 6.000 euros», dijo como crítica a los compañeros que protestan por las dificultades de este trabajo.
Abuso de publicidad
Precisamente en la publicidad es donde llega el otro gran problema que ha colmado la paciencia de muchos usuarios de redes sociales. Según el último informe Navegantes en la Red, elaborado por la Asociación para la Investigación de Medios de Comunicación (AIMC), el 69,8 % de los usuarios de internet consultados cree que hay un uso o abuso de publicidad encubierta por parte de los influencers, y un 61,9 % es perfectamente consciente de que la mayoría de las palabras, comentarios y publicaciones de los creadores de contenido tienen un interés publicitario.
«Hay marcas que nos pagan miles de euros por subir un vídeo, que en ocasiones quintuplica, o a veces hasta más, los ingresos de gran parte de la población», indicó como ejemplo Álvaro Casares para indicar por qué muchas figuras de internet se centran en la parte promocional y dejan de lado la esperada naturalidad.
La tendencia no apunta a un fin de los influencers como fenómeno, aunque sí supone el primer gran toque de atención a unos personajes de internet que, tras hacerse un hueco en las vidas de los seguidores, aprovecharon la situación para introducir publicidad cada vez más agresiva y disfrutaron de una impunidad descarada en sus opiniones no expertas y en sus lamentos pese a una vida privilegiada.