Los rescates desesperados para llegar a casi un millar de obreros de hidroeléctricas, atrapados en túneles tras la riada entre Nepal y el Tíbet
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No todos trabajaban en las galerías, pero las familias rastrean los móviles y los llevan hacia zonas que están sepultadas, donde se excavan accesos para sacarlos, algunos aún con vida
01 sep 2026 . Actualizado a las 08:56 h.Los equipos de rescate continúan buscando supervivientes en Nepal en decenas de túneles de centrales hidroeléctricas y una garganta sepultada por el barro en el Tíbet. La tragedia, ocurrida a primera hora del miércoles, deja un balance de 903 fallecidos y 4.247 desaparecidos. El primer ministro, Balendra Shah, lo describió como un «desastre natural devastador y sin precedentes», mientras que la Cruz Roja estima que hay 90.000 personas afectadas por el alud de hielo, rocas y escombros. Las familias de 2.500 trabajadores de centrales hidroeléctricas los buscan desesperadamente en hospitales y morgues. Mientras, se han hecho virales los vídeos de rescates en los que efectivos del Ejército, en condiciones de extremo peligro, remueven el barro con sus propias manos para abrir huecos semejantes a madrigueras mientras ruedan rocas a su alrededor. A pesar de las dificultades, unos 280 de estos trabajadores han sido rescatados ya y los trabajos avanzan en diferentes lugares para llegar a más.
La mayoría de estas actuaciones se concentran en el lado nepalí de la frontera, donde la operación más delicada tiene lugar en media docena de galerías de proyectos hidroeléctricos. En uno de ellos, los rescatistas creen que decenas de operarios podrían encontrarse en el fondo de las instalaciones subterráneas de la central Upper Trishuli-3A, según informa Indira Guerrero para la Agencia Efe. Sin embargo, el túnel está inundado hasta el techo y una masa de roca, tierra y lodo bloquea el acceso. Se desconoce si alguno sigue con vida o si solo se hallarán cadáveres cuando logren despejar el paso. El domingo abrieron en la montaña un hueco de apenas 60 por 90 centímetros. Varios militares descendieron asegurados con cuerdas y gritaron hacia el interior, pero nadie respondió. Llevaban cuatro días intentando acceder y este lunes comenzó el quinto. Durante la madrugada, una nueva voladura permitió avanzar y comprobar la profundidad del agua, aunque no logró alcanzar el punto donde se supone que estaban los trabajadores cuando la riada arrasó la central y gran parte del valle el pasado miércoles.
«Si no hubiera agua dentro, ya habríamos llegado hasta el lugar donde creemos que están atrapados», explicó al medio nepalí Setopati Shri Ram Neupane, ingeniero y experto en túneles que participa en la operación. Tras la masa de agua se acumula una enorme cantidad de piedras, tierra y lodo cuya retirada exige el uso de dos grandes excavadoras. Sin embargo, las carreteras han quedado destruidas y las máquinas resultan demasiado voluminosas para ser transportadas en helicóptero; desmontarlas, trasladarlas por piezas y volverlas a ensamblar requeriría aún más tiempo. «Estamos trabajando con los recursos disponibles», reconoció Neupane. La acumulación de obstáculos explica por qué una operación integrada por militares, policías, ingenieros, explosivos y especialistas internacionales sigue sin alcanzar, casi 120 horas después de la riada, el punto donde se busca a los operarios.
Ese mismo lapso de 120 horas dificulta prever el escenario en el interior. Los equipos no han establecido contacto con las personas atrapadas y desconocen si existen zonas secas, bolsas de aire o espacios elevados donde hayan podido refugiarse. Hasta que logren acceder, se mantienen abiertas dos posibilidades extremas: hallar supervivientes tras cinco días bajo tierra o constatar que ya no queda nadie con vida. El Ejército intentó aterrizar en dos ocasiones en Upper Trishuli-3A el miércoles, pero las adversas condiciones meteorológicas obligaron a abortar ambas maniobras. Solo el jueves se consiguió desembarcar a un equipo para evaluar los daños junto a técnicos de la Autoridad de Electricidad de Nepal (Nea).
La operación orientada específicamente a rescatar a quienes permanecían atrapados bajo tierra comenzó el viernes, según la Nea. Los equipos perforaron cinco conductos para suministrar aire, excavaron accesos alternativos y localizaron una galería destinada al cableado de la central. El domingo alcanzaron finalmente la parte superior del túnel y abrieron la abertura por la que descendieron los militares. La cronología refleja que no ha habido cinco días de inactividad, sino una secuencia en la que cada avance topó con un nuevo obstáculo: primero acceder a la central, después hallar y despejar los accesos sepultados y, finalmente, enfrentar el agua y los sedimentos.
Once rescatistas indios, nueve chinos y un equipo surcoreano
La complejidad de las labores llevó a Nepal a solicitar asistencia internacional. Once rescatistas indios trabajan en Mailung-Chilime y Syafrubesi, nueve chinos lo hacen en Upper Trishuli-3A y también se ha desplegado personal surcoreano, según el portavoz gubernamental Prakash Poudel. Los datos oficiales sitúan en casi un millar las personas atrapadas o no localizadas en diversos proyectos hidroeléctricos, si bien esta cifra no equivale exclusivamente a personas sepultadas bajo tierra. Familiares y representantes del sector habían demandado auxilio exterior, mientras el Gobierno sostiene que no rechazó ofertas internacionales y que solicitó especialistas a medida que se identificaron las necesidades. Resta por precisar cuándo se confirmó la presencia de trabajadores atrapados en cada túnel, cuándo se determinaron los requerimientos técnicos de cada intervención y qué proporción de estos cinco días responde a la dificultad de acceso a infraestructuras que la riada dejó incomunicadas.
El siguiente autobús
No todos los trabajadores desaparecidos se encontraban bajo tierra. Ajay Prasad Singh, ingeniero de control de calidad de 30 años contratado en un proyecto hidroeléctrico de Rasuwa, no estaba en un túnel cuando un compañero lo vio por última vez. Este trabajador, que solicitó mantener el anonimato, logró evacuar el recinto en autobús apenas unos minutos antes de la riada. Ajay debía tomar el siguiente vehículo. Cuando su compañero partió, Ajay aún permanecía en las instalaciones. Desde entonces se ignora su paradero. Su familia ha recorrido centros de rescate y hospitales, además de rastrear la señal de su teléfono móvil. Los datos de geolocalización sitúan su último registro en el interior del campamento, en una zona que ha quedado sepultada. «Lamentablemente, todavía no tenemos noticias sobre Ajay. La búsqueda continúa», confirmó este lunes a Efe uno de sus familiares. Su caso ilustra por qué el cómputo total de desaparecidos en las hidroeléctricas no debe equipararse de forma automática con el número de personas atrapadas en las galerías subterráneas.
Llegar y no encontrar a nadie
En Rasuwagadhi se presentó este lunes una tercera hipótesis. Un equipo logró internarse hasta el último tramo del túnel donde se sospechaba que podían haber quedado personas atrapadas. No había nadie. Una fuente vinculada a los trabajos de búsqueda indicó que los equipos inspeccionaron el tramo final con un dron antes de dar por concluidas las labores en el interior de la galería. En Chilime, los efectivos de rescate avanzaron unos cien metros y localizaron dos cadáveres bajo el barro, mientras que en Upper Trishuli-1 otro contingente se adentró unos 300 metros y recuperó un cuerpo.
El caso de Rasuwagadhi demostró que acceder al interior no garantiza resolver el paradero de los desaparecidos. En Upper Trishuli-3A aún no se ha alcanzado dicho punto. La inspección del otro lado determinará si la intervención se mantiene como un operativo de rescate o se transforma en una labor de recuperación de cadáveres.