La miseria empuja a los marroquíes a dar el salto

Mar Marín RABAT / EFE

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Varios migrantes haciendo cola en Ceuta este martes a la espera de las órdenes de la Policía Nacional.
Varios migrantes haciendo cola en Ceuta este martes a la espera de las órdenes de la Policía Nacional. Marcos Moreno | EUROPAPRESS

El rey Mohamed VI mantiene vínculos con Estados Unidos e Israel, además de tener una relación privilegiada con Europa

02 sep 2026 . Actualizado a las 05:00 h.

Mohamed VI cumple esta semana 27 años en el trono de Marruecos, un reinado que transformó el país con grandes infraestructuras, crecimiento y una proyección internacional sin precedentes, aunque lastrado por el estancamiento de las reformas políticas y sociales.

Cuando sucedió a Hasán II en julio de 1999, con 35 años, Mohamed VI proyectó una imagen reformista. Sin embargo, los atentados de Casablanca (2003, 45 fallecidos) y Marrakech (2011, 17 víctimas mortales) precipitaron el fin de la apertura: el Estado reforzó el aparato de seguridad y aumentó el control sobre la religión. Hoy, Marruecos es un actor regional mucho más influyente que, siendo aliado de Estados Unidos e Israel, mantiene una relación privilegiada con Europa sin descuidar a Rusia, China y sus vecinos africanos.

Por su parte, sectores críticos y organizaciones internacionales denunciaron el freno a las reformas y el impacto de la corrupción, que sitúa al país en el puesto 99 entre los 180 evaluados por Transparency International.

Apuesta por el desarrollo

El país marroquí cuenta con el primer tren de alta velocidad de África (Tánger-Rabat), el mayor puerto de la región (Tánger Med), y construye un estadio con capacidad para 115.000 espectadores de cara al Mundial del 2030 que organiza con España y Portugal. La renta per cápita se triplicó (4.700 dólares, según el Banco Mundial), la pobreza cayó al 10 % y el analfabetismo, a la mitad.

«Marruecos se encuentra ante una clara paradoja: avances en infraestructuras, acompañados de un preocupante retroceso en el proceso de democratización y en la protección de los derechos humanos», apuntó la abogada Souad Brahma, presidenta de la Asociación Marroquí de Derechos Humanos (AMDH, izquierda).

Las protestas juveniles del movimiento GENZ212 se sofocaron con penas de hasta 15 años. También se diluyó el Hirak del Rif, una protesta social y pacífica que estalló hace una década en el norte del país y terminó con sentencias de 20 años. Casos como estos sitúan a Marruecos en el puesto 105 entre los 180 del Índice Mundial de Libertad de Prensa de Reporteros Sin Fronteras.

Para Habib Belkouch, delegado interministerial de Derechos Humanos —órgano gubernamental de coordinación—, Marruecos emprendió reformas estratégicas, «un pilar fundamental para la construcción del proyecto democrático y el fortalecimiento de los fundamentos del Estado moderno». El país «sigue enfrentándose a determinados desafíos», desde la libertad de expresión a la IA, admitió a Efe, pero «la construcción democrática y la protección de los derechos humanos constituyen un proceso permanente que exige una visión de largo alcance, perseverancia y capacidad».

El Sáhara, un factor clave

Cincuenta años después de la Marcha Verde, el Sáhara representa la mayor victoria diplomática de Rabat y el prisma para medir sus relaciones internacionales. El giro decisivo llegó en el 2020, cuando Donald Trump reconoció la soberanía marroquí en el marco de la normalización de relaciones entre Marruecos e Israel.

España, Francia, Reino Unido y la Unión Europea se sumaron al respaldo a Marruecos, e incluso Naciones Unidas avaló un plan de autonomía que Rabat no ha desarrollado.

Mohamed VI es el «comendador de los creyentes», la máxima autoridad religiosa en el país, lo que convierte la monarquía en el principal eje de estabilidad. La reforma constitucional del 2011 reforzó al Ejecutivo, aunque el palacio sigue siendo el principal centro de decisión política y el monarca se reserva designaciones «estratégicas», como Interior, Exteriores, Defensa o Asuntos Religiosos.

La salud del monarca, de 63 años, es un tema reservado y sus apariciones públicas disminuyeron en los últimos años, mientras el príncipe heredero Muley Hassan, de 23 años, adquirió una mayor presencia en actos oficiales.

Forbes estima la fortuna del monarca en unos 5.700 millones de dólares a través de su participación en Al Mada.

La sombra del desencanto

Este aniversario coincide con un momento de incertidumbre política ante las elecciones de septiembre. Analistas e intelectuales alertaron de un desencanto ciudadano que puede derivar en una gran abstención. El columnista Abdallah Tourabi denunció un «desinterés» por «la política en su sentido oficial y tradicional, por las instituciones representativas, el gobierno y el parlamento».