Nada Itrab, la voz de las víctimas de trata: «Sobreviví con 9 años a la selva boliviana esclavizada en campos de coca»
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Un vecino engañó a sus padres para llevársela de vacaciones. Nada relata su infierno, pero también su instinto de supervivencia y la falta de protección de las instituciones
21 sep 2026 . Actualizado a las 16:38 h.Con apenas 9 años, Nada Itrab (Tetuán, 2004) no dejó de ser nadie para muchas personas que lograron su rescate. Ella vivió lo que ninguna persona debería vivir. Y mucho menos siendo solo una niña. Llegó a España de manera ilegal con sus padres y vivía en la más absoluta pobreza, sin luz ni agua en la casa de Hospitalet que habían ocupado. Pero encontró refugio en sus estudios. Fue y sigue siendo su tabla de salvación. En esta situación su familia conoció a Grover Morales, su secuestrador.
«Mientras vivíamos en estas malas condiciones, de precariedad y pobreza, él se mudo a la casa de al lado. Era nuestro vecino y la persona que, de cara a la familia y frente a todo el mundo, ofrecía su cara más amable. Era la típica persona superbuena, muy amable, y siempre tenía actos de bondad con todo el mundo. Te ayudaba, te traía comida. Si tenías un desperfecto, venía y lo arreglaba...», comenta. «Cuando en ese curso acabé las clases, él les comentó a mis padres que se iba a ir a su país, a Bolivia, y que si querían que yo le acompañara para pasar unas vacaciones. Se había ganado totalmente la confianza de la familia. Y en ese momento no parecía tan mala idea. Él también vendía de cara a la galería que en su país era rico y que se iba a traer unas joyas de regalo para nosotros. Luego, cambió la versión diciendo que si yo lo acompañaba, ya las traía puestas, y que así era mucho mejor», aclara. De esta manera, Nada se embarcó en esta aventura que fue el principio del infierno que le iba a tocar vivir.
«Eran mis primeras vacaciones. Iba supercontenta», dice, a pesar de que ya había vivido con Morales ciertos episodios de abusos sexuales, que en ese momento no supo identificar. Sus padres firmaron la autorización que él necesitaba y en cuanto pusieron un pie en Bolivia comenzó su secuestro. «Nada más llegar, él se fue al baño y rompió mi pasaporte, pero me acusó a mí de haberlo perdido. Ahí ya mi cabeza hizo clic y empecé a llorar desesperadamente, a gritar en la estación de autobuses. Recuerdo gritar: “Mamá, ¡ayúdame!”, pero ella estaba en la otra parte del mundo», añade.
En un primer momento se alojaron en la casa de un hermano de él, en Cochabamba. Estando allí, pudo hacer una llamada a su familia: «Gracias a que pude llamar a mis padres, les dije que él había perdido mi pasaporte. Cuando colgué, empezó a gritarme diciendo que todo era por mi culpa y que lo había condenado. A raíz de eso, mis padres lo denunciaron y la policía de España se comunicó con la boliviana. Entonces, él recibió la llamada de un agente para pedirle que se entregara. Pero claro, lo pusieron en alerta y ahí empezó la huida a la selva».
Nada se vio obligada a trabajar en campos de coca, explotada, esclavizada, y siendo víctima de abusos sexuales y de maltrato. «Eran zonas muy escondidas y muy peligrosas. Con mucha violencia. Me pegaba a cada rato si no recogía las suficientes hojas, si iba lenta, si hacía algún parón... cosas así. Y también tenía una actitud posesiva conmigo. Nunca me dejaba hablar con nadie y tampoco dejaba que nadie me hablara. Yo trabajaba y él estaba todo el rato a mi lado», relata.
Pero Nada sacó fuerzas no sabe muy bien de dónde: «Nadie se podía creer que una niña de 9 años fuese capaz de sobrevivir en campos de coca haciendo todo lo que tenía que hacer. Pero tenía que sobrevivir y logras desarrollar unas capacidades que no sabes de dónde han salido. Por ejemplo, tenía que caminar dos días en medio de la selva cruzando ríos muy grandes. Podía tardar más de una hora en cruzarlos. Y tenía que ir muy lenta, porque la corriente es muy fuerte y el agua te llega hasta el cuello. Además, había serpientes y pirañas. En realidad, en toda la selva hay serpientes. Yo siempre iba con un machete, igual que todo el mundo, para evitar que me picaran». Y cuenta cómo aprendió a protegerse de ellas: «A la primera semana de estar en la selva, me di cuenta de que lo correcto era cortarles la cabeza. Fue cuando me atacó una bastante grande. Fue horrible. En realidad, eran dos serpientes. Una atacó al hombre con el que yo trabajaba y la otra se fue hacia mí. Entonces, yo le hice un corte en la cola con el machete. Pero la serpiente se partió en dos y siguió moviéndose como si fuera una. Y ahí el hombre me empezó a gritar que le cortara la cabeza. Y fue lo que hice», indica.
Además de las bestias de la selva, Nada tuvo que sobrevivir a los abusos de su propia bestia, su secuestrador: «Había violencia física durante todo el día y sexual por la noche. Había esclavitud de sol a sol y luego, los sábados íbamos a la iglesia. Me obligó a realizar un matrimonio forzoso con él. No era legal, pero hicieron una ceremonia. Él formaba parte de una secta que promulgaba que si te casabas con una niña de menos de 10 años podías convertirte en líder de la secta». «Un día le dije que cómo alguien como él podía creer en Dios. Entonces él, de una manera superfría, cogió un machete y me lo clavó en el pie derecho. Fue fácil porque yo iba con chanclas de neumáticos. Y me lo dejó clavado. Yo cogí y me lo saqué, imagino que toda la adrenalina que tenía en el cuerpo me hizo de anestesia. La que era la patrona de la plantación de coca me llenó el pie de gasolina para curarlo y tuve que volver a trabajar», dice disociándose de ese episodio terrible.
Mientras Nada vivía todo esto, la UCO de la Guardia Civil movía cielo y tierra para organizar un operativo de rescate en Bolivia. José Miguel Hidalgo, entonces capitán, y ahora comandante del cuerpo, fue el que lideró la operación y no cedió en su empeño de conseguirlo. Y lo logró. Cuando encontró a Nada en la selva, encontraron entre sus pertenencias unos apuntes de inglés, español y catalán que ella había escrito durante su cautivero para no perder el curso. Esa era su mayor preocupación. Hidalgo fue su primer ángel de la guarda. «No tenía ni idea de la investigación policial. Cuando vi llegar a la Guardia Civil a ese lugar tan remoto no me lo podía creer», dice Nada.
Neus Sala
Su segundo ángel fue la periodista Neus Sala, que se puso en contacto con ella cuando cumplió 18 años. Su sorpresa fue mayúscula al descubrir que seguía viviendo con sus padres. Neus la ayudó a escribir un libro, a regular su situación y a denunciar a las instituciones públicas catalanas por haberla devuelto, cuatro años después de su liberación, a la casa de sus progenitores, cuando ellos habían sido condenados por abandono. «Para que te hagas una idea, después de estar cuatro años en centros de menores, volví a vivir en las mismas condiciones que antes del secuestro y en la misma casa. Así que todo iba de mal a peor. Cuando regresé de la selva, estaba delgada, pero dentro de lo normal, pero cuando volví a la casa de mis padres me encontraba, literalmente, en los huesos. Pasé más hambre allí que en Bolivia», dice. La situación llegó a tal punto que Nada incluso intentó suicidarse con apenas 16 años. Pero decidió refugiarse en la religión y en su educación: «Mis estudios eran lo único que me podía dar un buen futuro, un destino diferente a lo que parecía que me iba a tocar vivir. Era mi arma y llegué a conseguir un premio en bachillerato por un trabajo sobre la realidad que se estaba viviendo en Palestina. Fueron 500 euros, que me sirvieron para pagarme la primera matrícula de la universidad». Tras el rescate, Nada no se sintió apoyada por las instituciones: «Me revictimizaron. Ha sido el trabajo de Neus y su buena voluntad de arreglar todo lo que habían hecho las instituciones conmigo lo que me salvó. Y este libro, que me ha ayudado a escribir, es una denuncia a la poca protección que hay de los menores. Hay niños que no han tenido la suerte que he tenido yo de encontrar a Neus. Por eso estamos luchando».
Nada nunca había hablado con nadie de su secuestro hasta que conoció a Neus tal, tal y como explica la periodista. «No la había tratado ningún psicólogo —comenta Neus—. Yo estaba abriendo la caja de Pandora sin ser psicóloga y sin ni siquiera tener ni idea exactamente de los abusos que había sufrido. Un día ella me preguntó: ”En algún momento de mi vida, ¿le he importado a alguien?”. Le respondí que su vida le ha importado a la UCO, que se dejó la piel por rescatarla, a los Mossos, a la fiscala Laia Ladrón..., pero ella no podía entender por qué después las instituciones se desentendieron de ella. Para mí fue una negligencia de la Dirección General de Atención a la Infancia de la Generalitat», dice la periodista. Neus decidió regalarle una libreta para que fuera escribiendo su vida, mientras ella relataba de manera novelada, pero siendo fiel a la realidad de los hechos, el sumario policial. Así fue como nació este libro Yo soy Nada, la historia de un secuestro y dos rescates, que ya va por la segunda edición y que figura entre los títulos más vendidos de Amazon. Nada está ahora cursando Derecho. Tiene 23 años y le gustaría llegar a la ONU para ser el altavoz de las víctimas de trata.