La fuerza inusitada del fenómeno climático podría tener un impacto de 1,7 puntos en el PIB regional y desatar una escalada inflacionaria
24 sep 2026 . Actualizado a las 09:33 h.América Latina está en vilo estos meses ante un fenómeno meteorológico de El Niño que, aunque cíclico, se materializará con una fuerza inusitada que tiene el potencial de generar fuertes desafíos económicos en la región, agravados por el difícil contexto internacional, y que puede afectar al mismo tiempo a los precios mundiales de los alimentos.
El Niño es un proceso climático que tiene lugar por la modificación del patrón de lluvias debido al desplazamiento de aguas cálidas del océano Pacífico hacia Sudamérica. Afecta de forma diferente a América Latina. En el corredor seco de Centroamérica exacerba la sequía minando cosechas y también al ganado, mientras que en Ecuador y Perú genera todo lo contrario, lluvias torrenciales que provocan inundaciones con el mismo efecto devastador sobre la agricultura.
Son dos amenazas distintas, pero de similar resultado y, según la Administración Nacional Oceánica y Atmosférica de Estados Unidos, la probabilidad de que el episodio de este año alcance una intensidad «muy fuerte» por una suma de factores, incluido el cambio climático, es del 63 %.
Ese fenómeno ha sido bautizado como el «Superniño» y tiene características que podrían provocar un nuevo repunte de la inflación en América Latina, especialmente en el sector clave de los alimentos.
Los expertos alertan de que, debido a ese incremento de precios, los bancos centrales podrían verse obligados a aparcar las bajadas de tasas de interés que se vislumbraban tras las crisis de la pandemia y de Ucrania, a pesar del conflicto con Oriente Medio, y descarriar al mismo tiempo las cuentas públicas, provocando un incremento de la deuda. También sufriría la generación energética en unos países muy dependientes de sus hidroeléctricas.
Algunos calculan que América Latina podría llegar a afrontar un impacto de hasta 1,7 puntos del PIB regional, aunque la proyección del Banco Mundial es que el crecimiento sea del 2,1 %, menor que en el 2025, pero en solo cuatro décimas. Podría revisarlo, eso sí, si los efectos del Superniño provocan pérdidas de consideración.
Las consecuencias de ese tipo de fenómenos climáticos afectan especialmente en América Latina porque casi la mitad de los trabajadores de la región —según un informe de la Organización Internacional del Trabajo— desempeñan sus labores en el sector informal y están menos protegidos ante las crisis. «La magnitud de sus impactos dependerá de la capacidad de los países para anticiparse con instituciones laborales sólidas, sistemas de protección social y diálogo social que protejan a las personas más vulnerables», señaló Fabio Bertranou, director de esa organización para América Latina y el Caribe.
Colombia sería el país más en riesgo, de acuerdo con la agencia UBS, debido a la combinación no solo de factores climáticos, sino también de los económicos, con un gran aumento del déficit en los últimos años. También preocupan Ecuador y Perú.
Los efectos, en cualquier caso, podrían llegar a sentirse en todo el mundo, según la agencia Fitch, porque una menor producción agrícola debido a fenómenos climáticos en América Latina podría repercutir de inmediato en los precios internacionales de los alimentos en un contexto internacional muy complicado, con un gran aumento de los costos de producción por el conflicto de Oriente Medio y el incremento que lleva aparejado en los precios del petróleo y el gas o de los fertilizantes.
«Los mercados globales de materias primas están subestimando seriamente el riesgo de una posible inflación alimentaria que podría llegar en el 2027. Nos movemos rápido porque la tesis ya se está materializando en tiempo real», alertó el fondo de inversión Moreton Capital Partners. Un desafío a añadir en un año complicado a nivel económico internacional.