Dori L. Nieves, experta en inteligencia artificial: «Las IA son como espejos, algunas solo nos dicen lo que queremos oír. Hay que pensar antes de usarlas»

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Dori L. Nieves, CEO de dos empresas experta en estrategia digital.
Dori L. Nieves, CEO de dos empresas experta en estrategia digital.

«Pasé por un ''burn out'' muy fuerte, con un nivel de esfuerzo despiadado y aprendí que tenía que cambiar la forma de hacer las cosas», cuenta esta ingeniera informática, autora de «Liderar con magia», que anticipa la realidad laboral del futuro: «Una persona que sabe usar la IA te va a quitar el trabajo seguro»

30 sep 2026 . Actualizado a las 08:40 h.

Hoy la IA está aprendiendo a pensar, hay que pensar cómo hacemos para usarla a favor, propone la ingeniera informática que rompió el molde combinando la tecnología con el desarrollo personal. Dori L. Nieves, presidenta de la Asociación de Inteligencia Artificial de Castilla-La Mancha, es CEO de dos empresas y autora de Liderar con magia, un libro en el que propone un cambio de mirada en un momento histórico marcado por la evolución de la inteligencia artificial, la aceleración y la incertidumbre. «Si las máquinas asumen lo racional, lo repetitivo y lo predecible, el liderazgo de las personas debe apoyarse justo en lo que no se puede automatizar. La intuición, la creatividad, la empatía y la conexión humana se convierten en activos estratégicos. No se trata de espiritualidad ingenua, es supervivencia profesional», distingue esta directiva. «Mucha gente me pregunta: ‘‘¿Tú, ingeniera, cómo pasaste a tener este enfoque holístico?’’», dice.

Siempre le interesó la informática, completó su formación con un máster en Suecia y trabajó en la industria aeronáutica «en lo que hoy es Airbus». En el 2009 montó una consultoría de innovación basada en la digitalización, y desde entonces ha tenido que reinventarse cada muy pocos años. «Hay que hacerlo cada dos o tres años», concreta.

—¿En qué momento entramos en el futuro de la IA y de la revolución digital?

—Hace dos años vi la disrupción de la inteligencia artificial neuronal. Estudié hace 20 años inteligencia artificial, y entonces era una forma de programar las máquinas que no tenía nada que ver con lo que estamos viendo ahora. Lo cuento con un ejemplo. Hice un máster en Suecia en el que una de las cosas que se nos pidió fue programar un robot para jugar al póker. Hablo de la informática de hace 20 años. En aquel momento los robots se programaban con una serie de reglas lógicas. Eran calculadoras. La inteligencia del robot era directamente proporcional a la del informático. Por eso entonces en lo que me tuve que centrar fue en aprender a jugar al póker, que no sabía. La inteligencia era una variable de probabilidades que se iba ajustando conforme el robot iba aprendiendo. En una hora se jugaron 4.000 partidas. Las máquinas no solo iban lentas a nivel de software, sino también de hardware.

—¿Hoy no es así?

—La inteligencia artificial que estamos viendo no está tan basada en reglas lógicas como en redes neuronales. El concepto existe desde los años noventa. La máquina pondera entradas y analiza datos inspirada en el cerebro humano.

—¿Es una inteligencia más intuitiva?

—Sí. Ya no es una inteligencia directamente proporcional a la del informático. Yo ya no habría tenido que aprender a jugar al póker, le habría dado al robot la base de datos de una plataforma de las más potentes y se hubiera estudiado todas las partidas en minutos. Ahora entrenamos a las inteligencias artificiales, y aprenden ellas cuando fallan. Esto antes no era posible. Existían modelos matemáticos para ver cómo podría ser una tecnología así, pero no se terminaba de conseguir. Ha habido varios factores que han hecho que hace pocos años haya habido un punto de inflexión exponencial. Uno son los datos: con la revolución digital e internet empezamos a colgar datos en la nube todo el rato. A veces ni somos conscientes, vamos conduciendo con Google Maps y estamos compartiendo datos. Y hay otra variable, que es la gran capacidad de procesamiento que existe ahora.

—¿La cuestión clave es acercar la IA a la psicología humana?

—Sí. En Liderar con magia lo explico hablando de los hemisferios del cerebro: el izquierdo, el del pensamiento racional, analítico, lógico; y el derecho, el emocional, el de la intuición, el de la creatividad. La inteligencia artificial se parece más al hemisferio izquierdo. Por eso una de las premisas es: «Cuando las máquinas aprenden a pensar, las personas tenemos que volver a sentir».

—¿Podrán ser las máquinas capaces de sentir?

—Puede parecernos que sí, pero no llegan a sentir. Solo lo simulan bien. Las IA son como espejos, algunas como ChatGPT nos dicen lo que queremos oír. Pero una máquina no puede leer el ambiente de una habitación. Yo entro en una reunión y sé cómo está el equipo...

—¿A veces pueden llegar a expresarse mejor que nosotros?

—Sí. En conversaciones o discursos en que solo tienes en cuenta la palabra, lo hacen igual o mejor. Pero una máquina la tenemos que utilizar después de pensar, nunca antes.

—¿Van a trabajar por nosotros?

—Las máquinas van a poder hacer una parte grande del trabajo, la parte que tenga que ver con análisis de datos, incluso con partes de terapia. Yo animo a que la gente haga autoterapia con inteligencia artificial, pero con limitaciones.

—Es un peligro acostumbrarnos a escuchar lo que queremos oír, porque el conflicto permite evolucionar.

—Hay un dilema: ¿qué es mejor que una IA te diga lo que quieres oír o que te imponga los criterios de la gran tecnológica que hay detrás? La IA puede ayudarnos o hacernos más tontos... ¿Pero qué valores le metes de base, los de Open AI?

—¿Qué conviene que hagamos ya?

—El primer paso es perderle el miedo a la IA. Porque la emoción de base al enfrentarse a ella es el miedo. Vino el fontanero a arreglar la caldera y le instalé el ChatGPT. Esta herramienta bien usada puede hacer mucho bien. Yo pasé por un proceso de burn out muy fuerte, con un nivel de esfuerzo despiadado de ese que lleva a un estrés brutal. En ese proceso aprendí que tenía que cambiar la forma de hacer las cosas. Me senté con ChatGPT, le conté cómo había programado un robot hacía 20 años y le dije: «Ahora cuéntame cómo estás programada tú». En dos horas tenía una potencia. Le hablas y te entiende y ayuda. Muchas personas sénior venimos con los mandatos del siglo XX y luego del «si quieres puedes» del XXI. Hiperestresados. Tenemos una sobrecarga cognitiva brutal, se nos olvida respirar. Toda la sobrecarga mental, cognitiva, que tenemos debemos depositarla en la IA para poder aliviar ese estrés y ser creativos. El trabajo duro debe hacerlo la IA. Lo que está pasando es que los trabajadores sénior no usan la IA en la empresa, y son justo ellos los que la deberían usar. En el otro extremo de la balanza tenemos a gente joven, sin madurez cognitiva, usando la IA para todo, incluso antes de pensar. Esa brecha en la empresa es muy peligrosa.

—¿Ves caducas las formas de liderar típicas en la empresa española?

—El jefe de toda la vida es lo que arrastramos, un superdirectivo que no tiene emociones, intuición; el jefe del siglo XX, el de los mandatos. Quedan muchos de esos. En el siglo XXI, ante esos jefes el balancín giró de golpe al otro lado. Si eras jefa, parecía que tenías que ser psicóloga, experta en comunicación no verbal, un hada madrina. La analogía es que pasamos del papá que manda a la mamá que cuida. No se trata de una cosa ni de la otra, hay que aprender a soltar el rol imperativo y el de salvadora. Los líderes del futuro son facilitadores. No serán ni papá directivo ni mamá salvadora. Pero nos cuesta soltar el control y la manera de hacer las cosas, cuando todos somos maestro y aprendiz de otro. Las empresas del futuro serán un equipo híbrido entre robots y humanos. Creo que no serán grandes jerarquías con equipos de 50 o 60 personas. Serán equipos muy pequeños de personas autónomas con robots a su disposición; muy flexibles. Eso permitirá trabajar desde el talento y el disfrute.

—¿Qué pasará con los horarios?

—En el mundo de empresas con inteligencia artificial no tiene sentido que haya horarios. Fichamos porque nos obligan y es un papel; es absurdo vivir enfocados de esa manera, para desconectar solo 15 o 20 días al año. Las entidades que no entiendan que ese modelo murió tienen los días contados. Los cambios se producen o por convicción o por convulsión. Muchas empresas nos hemos reinventado por convicción, otras tendrán que hacerlo por convulsión. Pero por rápido que vaya la tecnología, la clave está en los hábitos. Lo que hay que cambiar son las formas de pensar. Y no creo que se dé de hoy para mañana, hay miedos e intereses detrás. La persona que esté ya usando la IA a su favor va a ir muchísimo más rápido que la que no la está usando. Una persona que sabe usar la IA te va a quitar el trabajo seguro si tú no sabes usarla.