Los primeros cangrejos modernos ya habitaban los mares de Aragón hace 170 millones de años
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Una investigación del IGME y la Universidad de Zaragoza también encuentra cuatro nuevas especies de crustáceos del Jurásico
02 oct 2026 . Actualizado a las 19:09 h.Un equipo de investigación del Instituto Geológico y Minero de España (IGME- CSIC) y de la Universidad de Zaragoza ha identificado en varios yacimientos jurásicos de Aragón algunos de los registros más antiguos y mejor conservados de cangrejos verdaderos —conocidos científicamente como braquiuros (Brachyura)— encontrados hasta ahora en Europa. El estudio, publicado en la revista científica Acta Palaeontologica Polonica, aporta nuevos datos sobre la evolución temprana de estos crustáceos y describe cuatro taxones nuevos para la ciencia, entre ellos un nuevo género.
La investigación se ha centrado en afloramientos correspondientes al Bajociense, una etapa del Jurásico Medio de hace aproximadamente 170 millones de años. Los yacimientos estudiados se encuentran en Moneva, Lécera y Moscardón, en las provincias de Zaragoza y Teruel, dentro de la Cordillera Ibérica.
En estos lugares, los investigadores han recuperado decenas de ejemplares fósiles en un estado de conservación excepcional. Estos restos permiten conocer mejor cómo eran los primeros cangrejos y reconstruir una etapa poco conocida de la evolución de los crustáceos.
Los nuevos hallazgos prácticamente duplican el número de variedades de cangrejos conocidas para este intervalo geológico. Entre los descubrimientos más destacados se encuentra Iberophthalmus leceraensis, un nuevo género y especie hallado en Lécera. También se han identificado las nuevas especies Tanidromites ciceroides y Tanidromites monevaensis, encontradas en diferentes niveles del Jurásico aragonés.
Además de descubrir nuevas especies, el estudio permite conocer cómo era el ecosistema en el que vivían estos primeros cangrejos. Los fósiles aparecen asociados a antiguos arrecifes y montículos construidos principalmente por esponjas silíceas y microorganismos marinos. Estas estructuras se desarrollaban en plataformas carbonatadas situadas a unos 30-70 metros de profundidad.
Según los investigadores, estos ambientes pudieron convertirse en auténticos refugios submarinos para los primeros braquiuros. Las numerosas cavidades y oquedades creadas por las esponjas ofrecían lugares adecuados para alimentarse, realizar la muda y protegerse de los depredadores.
La abundancia de fósiles y su excelente conservación también indican que muchos de estos animales probablemente vivieron cerca del lugar donde finalmente quedaron enterrados y fosilizados. Este hallazgo resulta especialmente relevante porque constituye la evidencia más antigua conocida de cangrejos verdaderos colonizando comunidades marinas dominadas por esponjas. Hasta ahora, este tipo de adaptación se consideraba propia de ecosistemas más recientes del Jurásico Superior.
Una etapa clave en la evolución de los cangrejos
El origen de los braquiuros continúa siendo una cuestión abierta para la paleontología. Aunque los fósiles más antiguos conocidos pertenecen al Jurásico Inferior, algunos estudios plantean que estos crustáceos podrían haberse originado incluso antes, durante el Triásico.
Los nuevos fósiles de Aragón aportan información importante sobre el denominado Brachyuran Bajocian Expansion Event, un episodio de expansión y diversificación evolutiva que habría desempeñado un papel fundamental en la historia temprana de los cangrejos modernos. La investigación plantea además que la colonización de ambientes dominados por esponjas pudo favorecer esta expansión, al proporcionar a los primeros braquiuros nuevos espacios para vivir, alimentarse y refugiarse.
Aragón, una ventana al Jurásico
Los descubrimientos realizados en Aragón ponen de manifiesto la importancia de la Península Ibérica para comprender la evolución temprana de los cangrejos y de los ecosistemas marinos jurásicos. Los yacimientos de la Cordillera Ibérica conservan una valiosa información sobre la biodiversidad marina de hace unos 170 millones de años y muestran que estos antiguos ecosistemas fueron escenarios importantes para la diversificación de los braquiuros.
Por ello, la Península Ibérica puede considerarse un auténtico laboratorio natural para estudiar cómo evolucionaron los ecosistemas marinos durante el Jurásico y cómo los primeros cangrejos comenzaron a ocupar nuevos ambientes en los mares del pasado.