De la alfombra roja del Palacio Real al suelo soberano de Ceuta: el rey afronta «con ganas» su histórico viaje

María Eugenia Alonso MADRID / COLPISA

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Los reyes de España, este lunes durante el desfile por el día de la Hispanidad.
Los reyes de España, este lunes durante el desfile por el día de la Hispanidad. Eduardo Parra | EUROPAPRESS

La inclusión de la sociedad civil ceutí en la recepción oficial del 12-O actúa como preámbulo de una visita de los reyes al enclave norteafricano bajo máxima tensión desde el asalto masivo de julio

13 oct 2026 . Actualizado a las 12:03 h.

El eco de los salones del Palacio Real en Madrid apenas terminaba de desvanecerse cuando el engranaje del Estado comenzó a girar con rapidez hacia el sur. La tradicional recepción oficial del 12 de octubre, epicentro del día de la Fiesta Nacional, sirvió este año como un estudiado prólogo institucional. El propio Felipe VI confesó afrontar el viaje de este martes a Ceuta «con ilusión y ganas». Por primera vez en un contexto de extrema delicadeza fronteriza, los reyes incluyeron a representantes de la sociedad civil de las dos ciudades autónomas. Un gesto extraordinario que no supuso un simple formalismo de agenda, sino la antesala de una declaración política de primer orden: el desembarco de la Jefatura del Estado, apenas 24 horas después, en la frontera africana de España. Pedro Sánchez cree que esta visita puede ayudar a «recuperar la normalidad en Ceuta» y defiende que los monarcas no hacen sino visitar «ciudades españolas».

La visita de los monarcas a Ceuta constituye un hito de un simbolismo arrollador que trasciende el protocolo habitual. Felipe VI no solo realiza su primer viaje oficial a la ciudad autónoma desde su proclamación en el 2014, sino que asume la decisión inédita de pernoctar en suelo ceutí. Ningún jefe de Estado español ha dormido en la plaza africana desde las visitas de Alfonso XIII en el primer tercio del siglo pasado. Este gesto rompe una inercia de cautela institucional destinada históricamente a suavizar las susceptibilidades de Rabat.

La decisión de pasar la noche en Ceuta se interpreta también como un blindaje explícito e inquebrantable de la soberanía nacional apenas dos meses y medio después de que la ciudad autónoma sufriese una de sus peores sacudidas recientes con la entrada masiva e irregular de más de 70.000 personas procedentes de Marruecos y cuyas profundas secuelas sociales, políticas y de seguridad aún arrastra. La Casa del Rey, que ha consensuado la visita con el Gobierno de Pedro Sánchez, busca restañar el sentimiento de abandono y desprotección que aún atenaza a los ceutíes y enviar al mismo tiempo un nítido mensaje a Rabat.

La agenda oficial programada en la ciudad refleja este equilibrio entre la firmeza institucional y la delicada realidad sobre el terreno. Tras ser recibidos por el presidente Juan Jesús Vivas, en el Palacio de la Asamblea, los monarcas se trasladarán al colegio público Vicente Aleixandre para conocer de primera mano las dificultades de una comunidad educativa golpeada por la tensión y el vandalismo tras los incidentes fronterizos. Posteriormente, los reyes acudirán al cementerio musulmán de Sidi Embarek para presidir un acto ecuménico en memoria de las personas que perdieron la vida en el mar durante la crisis de julio. Con la participación de las cuatro confesiones religiosas de la ciudad, Felipe VI y la reina Letizia esquivan el discurso puramente securitario para abrazar la dimensión trágica y humana de la frontera.

Mensaje a Rabat

El reverso de esta moneda se juega en el tablero de las relaciones exteriores. La última visita de la Jefatura del Estado al enclave africano —protagonizada por los reyes Juan Carlos I y Sofía en noviembre del 2007— desató una crisis diplomática con Marruecos que forzó la llamada a consultas de su embajador en Madrid. Hoy, en un contexto donde el Ejecutivo defiende la necesidad estratégica de mantener una alianza fluida, el viaje real ha exigido calibrar cada paso con precisión de cirujano.

Durante las conversaciones informales con periodistas en el Palacio Real, Sánchez admitió la intensidad de aquellos días al reconocer que una fragata y varias patrulleras de la Marina marroquí entraron sin previo aviso en aguas ceutíes pocos días después de que se produjese la entrada masiva de migrantes. No obstante, el presidente lo enmarcó, en una noticia desvelada por El País, como un «hecho puntual» propio de países vecinos geográficos y destacó que la situación se resolvió fácilmente gracias a una interlocución «muy fluida» entre las Armadas de ambos países.

La calculada ausencia de Sánchez en la comitiva busca rebajar el tono político directo ante Rabat, enmarcando la visita como un acto estrictamente interno del monarca. Todo ello mientras el jefe del Ejecutivo reafirmaba la solidez de las relaciones bilaterales y cargaba contra el PP por pedir en Bruselas la suspensión del acuerdo con Marruecos.

Con su presencia en el Estrecho, Felipe VI recuerda que la estabilidad del país se consolida en sus márgenes más complejos. Su estancia en Ceuta antes de partir hacia Melilla no solo reconforta a una población que reclama normalidad, sino que consagra el verdadero papel de la Corona: recordar, sin estridencias pero con firmeza, los límites infranqueables del Estado.