La diseñadora afincada en Navia ha puesto en marcha La Desheredada, una firma que reutiliza prendas de calidad para hacer nuevos vestidos y complementos aptos para nuestros días
04 dic 2023 . Actualizado a las 12:41 h.Jacaranda Sanz Blanco vivió en Madrid hasta los 19 años. Allí, su madre tenía una fábrica de confección, y desde que era una niña supo que aquello era lo suyo. «Estaba deseando el viernes acabar las clases e ir al taller; con 14 años, salía de clase, cogía el metro e iba para la fábrica, y los sábados por la mañana, cuando veía a mi madre ir para allá, le decía ‘voy contigo’, me encantaba», relata. Desde muy pequeña, hizo ropa para sí misma, y esa es una tendencia que ha mantenido hasta hoy.
A los 19 años su vida dio un cambio radical. Su familia se trasladó a un pequeño pueblo en Piloña. Un contraste extraordinario en el día a día que, no obstante, no modificó ni un ápice su vocación. Porque, una vez en Asturias, entró en la escuela de diseño y patronaje industrial Massani, en Oviedo, donde se formó en el que más tarde sería su oficio, y trabajó desde entonces en tiendas de ropa.
Nunca dejó de hacer diseños para sí misma. Desde hace años está radicada en Navia con su marido y sus dos hijos, y en su entorno la empezaron a animar a dar un paso adelante y convertir esa vocación en una profesión. Confiesa que en un principio tuvo miedo. «Me decía que a mi me gustaba pero, a lo mejor, a los demás igual no». El caso es que hizo un curso para emprendedoras y su proyecto gustó. Entonces se lanzó. Y, aunque ella no podía saberlo, era el peor momento para hacerlo: principios de 2020.
«Muchas veces tenemos prendas de muy buenos tejidos y aun así acabamos yendo a tiendas a comprar poliéster, que no deja de ser petróleo»
Nada más ponerse, llegó la pandemia. Pero su idea ya había cobrado vida y ya no podía parar. Tras la crisis sanitaria, comenzó a funcionar y, desde entonces, está al frente de La Desheredada, una empresa de diseño que no tiene solo una vocación estética. Su idea es ir contra la tendencia creciente de la gran industria textil de producir mucho con material de baja calidad y deshacerse rápido de la ropa. Ella lo diseña todo reutilizando ropa o tejidos usados.
«Muchas veces tenemos prendas de muy buenos tejidos, que son nuestras o que nos llegaron a nuestras manos por madres, abuelas y amigas, y aun así acabamos yendo a tiendas a comprar poliéster, que no deja de ser petróleo», subraya. Entre estas prendas del fondo de armario hay «tejidos de muchísima calidad». Su proyecto consiste en aprovechar estos tejidos para creaciones nuevas.
Es algo que hace desde siempre, desde que era una niña, y ahora lo ha convertido en algo más serio y profesional. «En el taller de mi madre quedaban muchas prendas y telas de muestra que yo aprovechaba y las diseñaba para mí. Ahora, voy a mercados de segunda mano, y cuando viajo busco prendas y tejidos de calidad».
«Tenemos los armarios llenos de segundas oportunidades»
De esta forma, contradice la tendencia actual, basada en prendas de poliéster cada vez peores. «Se ha utilizado toda la vida, pero antes era de más calidad; cada vez hay un plástico menos trabajado y menos depurado; simplemente el olor te habla de la calidad que tiene la prenda; si es natural, de algodón, lino o lana, huele de otra forma, tiene tu olor; si es sintético es un olor con el que huele media habitación», asegura.
La responsable de La Desheredada cree que «tenemos los armarios llenos de segundas oportunidades» y de calidad. Ella ve esas oportunidades por todas partes. Va a casa de gente que le ofrece dar una nueva vida a sus prendas, compra restos de estocaje en tiendas que van a cerrar o prendas de algodón que en las tiendas convencionales no tienen salida. Y con todo eso hace sus diseños.
A través de las redes sociales contacta con gente que le envía prendas para que haga un nuevo diseño, y también vende sus creaciones en dos tiendas: en Mialma Moda y Gourmet, en Nava, y en Isabel Moda, en Luarca. Pronto empezará a vender también en una tienda en Salamanca.
El diseño corre a cargo de ella, y el remate lo lleva a un taller de la zona. Trabaja también con la gente de su entorno para las estampaciones o para cubrir otras necesidades. Esa vocación de recuperar y reutilizar material hace únicos sus diseños, ya que ha conseguido, de mercerías u otras tiendas ya cerradas, botones o pasamanería imposibles de encontrar hoy, algunos hechos en los años 50 en materiales como hueso o nácar. «Si le quieres dar un nivel más de calidad y valor tienes piezas espectaculares».
Además de prendas de vestir, diseña también complementos muy originales. En verano, comenzó a hacer bolsos con neceser a juego hechos con tapicerías antiguas, con fundas de colchón de hace muchos años «que tenían un algodón buenísimo». La neofilia, esa idea que se está imponiendo que solo da valor a lo nuevo, tiene en La Desheredada una enemiga declarada. Jacaranda Sanz no quiere seguir la norma en ese sentido, sino ir precisamente en el sentido inverso: aprovechar lo que no es nuevo y convertirlo en algo bueno y, además, apto para nuestros días.
El nombre de su firma viene, precisamente, de la sensación que le da ir a contracorriente. Se siente, en cierto modo, una desheredada social. «No quiero consumir estas empresas que hacen millones de camisetas. Quiero ofrecer otra alternativa, y pensar en que viene gente detrás», esa gente que hereda una prenda de ropa de calidad y le da una nueva vida. Una forma de dar a su trabajo una profundidad y un significado que siempre estarán reñidos con la prisa.