IU lleva al parlamento el 'riesgo' del WiFi en las escuelas

El Principado prioriza las conexiones por cable en los centros docentes // La comunidad científica no reconoce daños para la salud por una exposición normal a ondas electromagnéticas


Redacción

¿Son peligrosas las ondas electromagnéticas para la salud? En casos muy contados y respecto a padecimientos muy concretos. Sin embargo, de forma recurrente salta al debate público la necesidad de regular, incluso suprimir, las instalaciones de antenas de telefonía, las infraestructuras que llevan una red WiFi en centros escolares. Esta semana, la diputada de IU en la Junta General Concha Masa ha preguntado al Ejecutivo asturiano por la puesta en marcha de las recomendaciones del Servicio de Epidemiología Laboral en relación "con el riesgo las infraestructuras inalámbricas en los centros escolares". Pero ¿cuáles son realmente?

Tal y como recoge la respuesta de la Consejería de Presidencia, "la radiación electromagnética recibida de fuentes difusas, como las redes inalámbricas, es mucho menor que la de los teléfonos móviles y no se concentra en un punto concreto del organismo. No se ha encontrado hasta ahora ninguna evidencia de efectos adversos para las personas". Presidencia se remite a dos informes sobre el WiFi en centros escolares, elaborados en los años 2012 y 2013, en los que se refiere la prioridad de "las conexiones por cable en los centros docentes" --según recomendación de la Asamblea Parlamentaria del Consejo de Europa en 2011-- y señala que las conexiones por WiFi se limitan únicamente a tablets y miniportátiles "cuando se usan, que no es constantemente, como es lógico y sabido".

Según se señala en la respuesta parlamentaria, los informes detallan que sólo existe evidencia científica de de efectos adversos para la salud "a largo plazo", en los caso de campos electromagnéticos de muy baja frecuencia, como las líneas de alta tensión, en niños que padezcan leucemia y, respecto a los adultos, a los enfermos de glioma y neurinoma del acústico para usuarios de telefonía móvil "en los más altos niveles de exposición". También señala que la Agencia Internacional de Investigación sobre el Cáncer sólo clasifica como posiblemente cancerígenas las exposiones a campos electromagnéticos "ya que la evidencia científica es limitada" y en todo caso, dentro de su escala de clasificación, al mismo nivel de potencial cancerígeno que el café.

No es la primera vez que Izquierda Unida lleva a las instituciones las preocupaciones de diversas plataformas que promueven restricciones al uso del WiFi por supuestos daños para la salud. También Podemos, con la eurodiputada asturiana Estafanía Torres junto a Pablo Iglesias (que aún no había concurrido como candidato a la Presidencia del Gobierno) llevó el pasado mes de agosto a Bruselas una petición para que la UE reconociera la hipersensibilidad electromagnética, una dolencia que no está reconocida por la comunidad científica. El pasado mes de diciembre fue en Avilés donde los grupos de IU, Ciudadanos y Ganemos presentaron una moción en la que pedían reubicar los puntos de acceso de la red wifi municipal por los riesgos que pueda tener para la salud. Todas estas peticiones, al igual que los informes a los que aludía la pregunta de Concha Masa nacen de propuestas de la Plataforma Asturiana Escuela sin WiFi. 

En su web, este colectivo recoge iniciativas, campañas e incluso algunos estudios sobre el supuesto daño para la salud de las ondas electromagnéticas. Pese a todo, no hay evidencias de la comunidad científica que respalden la existencia de esta enfermedad, en ocasiones recogida en reportajes de prensa como una supuesta "alergia" a las redes WiFi. Una monografía elaborada por los Museos Científicos Coruñeses en el año 2002 recoge muchos de estas creencias. En el texto se explica qué son las ondas electromagnéticas, sus diferentes tipos, frecuencias e intensidades y también algunas de las preocupaciones más comunes sobre el uso de los teléfonos móviles, los hornos microondas o las antenas en los núcleos de población. En este sentido, el monográfico destaca que desde que se despertaron hace varias décadas las primeras voces de alarma sobre los peligros de los campos electromagnéticos se han elaborado distintos estudios y "desde entonces y a pesar de que se han estudiado de forma exhaustiva, no se han podido encontrar pruebas que demuestren esta relación, ni siquiera entre los profesionales que pasan mucho tiempo cerca de estas instalaciones".

Del mismo modo y respecto a las regulaciones de algunos países en los que se han rebajado notablemente los límites de exposición recomendados por los principales organismos internacionales hasta el punto de 'mantener las emisiones tan bajas como resulte técnicamente posible y económicamente sostenible', el monográfico señala que "las asociaciones de expertos y organismos internacionales competentes en la materia han criticado unas medidas en las que priman los intereses políticos sobre los científicos".

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