«No podemos tener el Estado del bienestar de Holanda o Suecia con los ingresos públicos de Bulgaria o Estonia»

Manuel de la Rocha, miembro de la Comisión Ejecutiva del PSOE, presenta en Gijón un paquete de propuestas que incluye subir los impuestos a las rentas más altas y el salario mínimo


Gijón

«Crecer para repartir»: con esas tres palabras resumió en la Escuela de Hostelería de Gijón el programa económico del PSOE para las próximas generales Manuel de la Rocha, miembro de la Comisión Ejecutiva del partido y mano derecha de Jordi Sevilla. Se esperaba la presencia del exministro de Economía del Gobierno de José Luis Rodríguez Zapatero, pero problemas de agenda de última hora obligaron a los socialistas gijoneses a reemplazarle por De la Rocha, un economista madrileño de 44 años que milita en la formación desde 2007 y en cuyo currículum destaca una estancia de cuatro años en la oficina regional del Banco Mundial en Nairobi (Kenia).

De la Rocha cifró las dos virtudes que debe tener el nuevo Gobierno salido de los comicios del 26-J «la solvencia y el rigor» y la «sensibilidad social» y sus tres grandes objetivos: la creación de empleo de calidad, la reducción de la desigualdad y la modificación del patrón de crecimiento, abandonando la política de reducción de salarios para adoptar una de aumento de la competitividad. Se mostró seguro de que el PSOE es, en este momento que calificó de «encrucijada», el único partido que puede combinar las dos cosas, con medidas que incluyen modificar la reforma laboral del PP, subir un 4% el salario mínimo interprofesional, emprender programas de compra pública para ayudar a las pymes, hacer una auditoría del gasto «para evitar inercias y gastos superfluos», negociar con Bruselas una reducción más gradual del déficit, implementar para las familias en situación más precaria un ingreso mínimo vital que complemente las rentas autonómicas de inserción y subir los impuestos a las rentas más altas. Este último punto fue especialmente recalcado por De la Rocha, que valoró que «no podemos tener el Estado del bienestar de Holanda o Suecia con los ingresos públicos de Bulgaria o Estonia» y reclamó «que los que nunca ha pagado empiecen a pagar de una vez».

Exponía estas medidas De la Rocha después de un rápido diagnóstico de la situación económica del país, de la que reconoció que mejora y que ya no es la de los años más duros de la crisis, pero consideró que debía esa mejoría a factores más externos que internos -los tipos de interés bajos implementados por el Banco Central Europeo, el bajo precio del petróleo o la devaluación del euro-. Del mismo modo, apuntó que la reducción del desempleo, pese a ser también real, la estaba llevando a cabo el Gobierno de Rajoy a costa de crear empleos «de muy baja calidad»: nueve de cada diez contratos que se firman, explicó, son temporales y el 25% de esos contratos temporales son de menos de siete días. «El trabajo a tiempo parcial está bien, pero para el 65% de las personas involucradas es una opción involuntaria, no una forma de conciliar el trabajo y la vida familiar», explicó.

De la Rocha también denunció el descenso de los salarios, la caída del consumo familiar, el cada vez más desequilibrado reparto de la «tarta capital/trabajo» y la falta de medidas para combatir el cambio climático y el envejecimiento de la población; y emitió una autocrítica poco habitual: la de que el último Gobierno socialista descuidó la mejora de la productividad, «la gran olvidada cuando gobernamos», subiéndose «a la burbuja de la construcción».

«Vendemos socialdemocracia, no humo»

De la Rocha estuvo acompañado en la presentación por Francisco Blanco, consejero de Economía del Gobierno regional, que hizo una breve intervención en la que, en la línea marcada en los últimos días por Pedro Sánchez y Susana Díaz, reivindicó a su partido como el único auténticamente socialdemócrata de entre los que concurren a las elecciones. «Nunca hemos vendido humo, sólo socialdemocracia», proclamó, y se congratuló del «realismo» que a su juicio destilan las propuestas socialistas, «virtud obligatoria si se quieren mejorar las condiciones de los trabajadores y no sólo conseguir votos» y que no aprecia en sus rivales por la izquierda. De la Rocha fue igualmente duro con Unidos Podemos, coalición cuyo nombre no se pronunció en ningún momento pero que estaba de manera evidente detrás de críticas como que «la socialdemocracia está absolutamente enfrentada a los populismos, la demagogia y las promesas vacías». También hizo una defensa firme del libremercado: «la competitividad sana en los mercados», dijo, «es progresista, porque lo contrario es élites, privilegios y desigualdad».

Los dos ponentes vertieron también críticas contra el PP, partido del que Blanco diagnosticó que siempre «dice una cosa y luego hace otra», refiriéndose a las promesas electorales de bajar los impuestos que la formación conservadora habitúa a hacer, pero luego incumple, y a la que De la Rocha afeó que acostumbre a presentarse como la que posee los mejores gestores y sin embargo haya elevado un 100% la deuda pública española en los últimos cuatro años. Lo primero que hará Pedro Sánchez si es presidente, aseguró, será «coger el primer avión a Bruselas» y negociar una quita de la multa europea por el exceso de déficit: «los españoles no merecen pagar el electoralismo del señor Rajoy», dijo.

No hubo, en contraste, palabra alguna, ni positiva ni negativa, para Ciudadanos, en lo que parece una continuación tácita, en forma de pacto de no agresión, del acuerdo firmado en la legislatura frustrada salida de las urnas el 20-D.

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