Todo lo que un coach puede hacer por ti

Los solicitan directivos, empresas, clubes deportivos o desempleados. Las consultas de los coach han invadido el siglo XXI. Ellos se ofertan como la fórmula para acortar el camino que lleva a nuestras metas. Para lograr la anhelada y a veces utópica mejor versión de nosotros mismos. ¿Pero es esto realmente posible?

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Pon un coach en tu vida ¿Tienes un objetivo claro y no sabes cómo alcanzarlo? Para eso están los coach, los profesionales de moda.

Solo faltaban ocho jornadas de Liga y el Celta cabalgaba por los puestos de descenso. La situación no era la mejor cuando Joaquín Dosil y su equipo desembarcaron en Vigo hace tres primaveras. El deseo del jefe de los servicios médicos del club, Juan José García Cota, se hizo realidad. Los celestes contarían para su lucha por la permanencia con un grupo de coaches. Al final, los planes salieron bien y Balaídos fue una fiesta.

 «Funcionó y se salvó la categoría. Nosotros aportamos solo un poquito», cuenta Dosil, que además de coach es psicólogo deportivo. Como dijo el portero Javi Varas cuando se anunció esta singular incorporación, «en el fútbol no solo se juega con los pies». El Celta se sumó así a una moda que el tenista norteamericano Timothy Gallwey inició con su libro The Inner Game Of Tennis en 1974. En Estados Unidos la publicación en la que Gallwey postuló que los partidos se ganan primero en la mente y después en la pista se convirtió en un fenómeno que dio lugar a una disciplina que pronto saltó del campo de juego al mundo empresarial. El coaching es ahora la palabra mágica a la que se aferran cada vez más directivos cuando algo no va bien o hay que mejorar algún resultado. «En el Celta -explica Dosil- nuestro trabajo consistió en observar, valorar, intervenir y después realizar un seguimiento. Tanto a nivel grupal, en el vestuario, donde establecimos las metas para ir a por ellas, como a nivel individual, con las peculiaridades de cada jugador».

El club los volvió a contratar en el 2015 y todo indica que sigan la próxima temporada, desde los alevines al primer equipo. Además de haber prestado sus servicios a Jorge Lorenzo, tricampeón del mundo de MotoGP, en su cartera de clientes hay más pilotos, jugadores de baloncesto, bádminton, petanca incluso y muchos ejecutivos. «En Galicia hemos trabajado ya con unas 47 empresas», echa cuentas.

Fenómeno al alza

El fenómeno del coaching aterrizó en España con el cambio de milenio pero fue la crisis la que terminó de asentarlo. Grandes compañías como Telefónica, Vodafone o Schweppes han echado mano de coaches para generar un buen clima laboral, conseguir retos ambiciosos o gestionar cambios. En casos como el de la operadora R, su responsable de Recursos Humanos, Santiago Vázquez, es coach. Algunos son ya populares y están muy cotizados, como Ángela Borja, vinculada al grupo Mediaset. Pero también los contratan pymes y parados. Por no hablar del mundo de la política o la justicia. Se llegó a rumorear que la infanta Cristina tuvo uno para afrontar el juicio del caso Nóos.

El bum va en ascenso. Los más escépticos pronostican que, al igual que la burbuja inmobiliaria, también sufrirá un pinchazo. A día de hoy lo cierto es que varias facultades españolas han incluido en sus currículos cursos, masters o posgrados propios, es el caso de la USC y de la UDC. Repsol ha creado ex profeso un departamento de coaching dirigido a sus empleados y hasta la Real Academia Española le ha hecho un hueco en sus páginas al vocablo anglosajón coach, entrenador en castellano.

 ¡Abre los ojos!

Mario López, que suma 15 años de experiencia en este sector, define así su trabajo: «Es un proceso de reflexión y de acción para la toma de decisiones. A través de una conversación formulamos preguntas para que el «coachee» (es así como llaman al cliente) tome conciencia de su objetivo y de su situación y se comprometa con los pasos que necesita para alcanzarlo con sus propias herramientas», continúa.

La clave parece estar en que logremos ser conscientes del pensamiento que precede a la acción. Un abrir los ojos, como titularía Amenábar. El ¡eureka! de un científico. «Ver la rotonda desde arriba», para Estefanía Zardoya Cabo. Ella también es coach, aunque su actividad principal continúa siendo la de médica de atención de primaria en el PAC de Vimianzo. «El coaching te da permiso para meditar», opina. En un mundo tan veloz algo así de básico puede encapricharse un lujo. La motivación para sacar el certificado le llegó en plena consulta.

 «Tienes unos minutos contados por paciente y te limitas a recetar medicamentos. No hay tiempo a llegar al fondo del problema que, en muchos casos, provocado por unos malos hábitos», confiesa. «La crisis hizo que las personas pusiéramos el foco en nosotros», cuenta.

Recientemente ha trabajado con una madre que quería prepararse para reincorporarse a su puesto tras la baja maternal o con un empleado que quería conseguir un aumento de sueldo. «Lo más difícil sigue siendo saber cuál es el objetivo que buscamos», sonríe. «A diferencia del mentoring, el coach no te dice su opinión ni propone soluciones. Es un acompañante», apunta Mario López, experto en coaching empresarial y de equipos. Uno de los clientes con los que está trabajando ahora es una conocida marca gallega de productos lácteos que quiere optimizar los resultados en uno de sus departamentos. «El coachee tiene que asumir que él es el responsable de que su meta se cumpla», insiste.

Aunque pueda parecer algo rompedor, Sócrates ya sabía todo esto, al menos una parte. Su método para la búsqueda de nuevas ideas mediante un debate centrado en la pregunta-respuesta es una de las técnicas que emplea el coaching. Se nutre de diferentes corrientes y modelos. Filosofía, pedagogía, psicología positiva? y de herramientas más cuestionadas por la comunidad científica como el mindfulness o el PNL, Programación Neurolingüística.

Tan antiguo como nuevo

¿Estamos entonces ante un concepto nuevo sobre algo ya inventado hace muchos años? «Dende hai moitas décadas, con moita anterioridade ao nacemento do coaching, a psicoloxía practica a escoita activa e realiza intervencións con persoas que non teñen patoloxías para axudalas no seu desenvolvemento persoal. De feito, moitos dos fundamentos do coaching proveñen da psicoloxía. O autocoñecemento, a autoaceptación, a identificación de crenzas irracionais? son aspectos que xa abordou a psicoloxía Humanista e a Cognitiva», apunta José Manuel Campal, vocal del Colexio Oficial de Psicoloxía de Galicia. Este colectivo es probablemente uno de los que observa con más suspicacias la implosión del coaching. «É certo que existe certa reticencia chegando a consideralo como intrusismo. Moitas veces atopamos o termo moi banalizado ata o punto de que hai persoas que ofrecen sesións de coaching para tratar emocións, superar conflitos e, no peor dos casos, realizar terapia sen te formación para iso», observa Campal. Joaquín Dosil reconoce que estos casos de mala praxis afectan al prestigio de los propios coaches: «Se puede hacer mucho daño a un cliente cuando se intenta jugar el rol del psicólogo». Pero, también añade: «No cabe duda de que el coaching se ha sabido vender mucho mejor. Utiliza un marketing más potente que lo asocia a lo positivo, mientras la psicología se vincula a la solución de un problema, a un trastorno, y no tiene por qué ser así», resalta. Decir que se va a terapia todavía puede ser tabú, acudir a un coach es hasta moderno.

¿Coaching para todo?

Es imposible contabilizar el número total de estos profesionales que ejercen en el país. Sus honorarios son por lo general más caros que los de un psicólogo, unos 150 euros suele ser lo mínimo que cuesta una sesión individual en el caso del coach ejecutivo, puede llegar perfectamente a los 500 euros, y su prestigio varía en función de la asociación privada que certifique su título: ICF, ICC, AECOP o ASESCO son las principales. La formación no está ni homologada ni reglada, depende de cada escuela. «Todavía está en un momento de desarrollo. Goza cada vez de una mayor aceptación en el ámbito empresarial, educativo y en el deporte pero la falta de un área científica que dé soporte a las herramientas que emplea dificulta su consolidación», admite Joaquín Dosil. Leyendo currículos de algunos coaches por Internet parece que todo es posible a golpe de varita de mágica con unas sesiones. Y los hay para todo: moda, sexo, estilismo. «Ciertas personas venden un mundo color de rosa que no es real y dicen ser coaches con solo un curso online de 30 horas», censura nuevamente el coach deportivo. Es el intrusismo interno, los «pseudo coaches». «No se trata de escuchar y hacer sentir bien a alguien, para eso págale un café a un amigo. Nosotros tenemos que ayudar a mejorar. Cuando consigues eso es cuando tu caché va aumentando», incide.

Raquel Pedrouso, que trabaja en Pontevedra, cree que en los últimos años ha habido una mayor profesionalización y también una pequeña «limpieza». De lo que está segura es de que la profesión ha venido para quedarse. «Ya nada será como antes. Las estructuras patriarcales se han acabado. Prima desarrollar el talento y la creatividad. Lo están probando ya las empresas más pequeñas. Las personas son el eje de la organización y en esta modernización de los sistemas es donde tienen un sentido los coaches», mantiene convencida. ¿Pensar tanto en nosotros puede hacernos más egoístas? ¿Fracasamos si los objetivos no se cumplen? «Es cierto que es muy «resultadista». Está muy enfocado en las metas y por eso creo que el futuro pasa por definir mejor las direcciones y conseguir que los cambios personales sirvan para mejorar también nuestro entorno. Lo que toma valor debe ser el proceso de aprendizaje, eso es lo que hace que la persona se autogestione», reflexiona Estefanía Zardoya. La creación de una nueva subdisciplina, el Coaching Psychology, es una de las consecuencias positivas que resaltan algunos psicólogos de la irrupción de este fénomeno, pero, al mismo tiempo, también avisan: todo con moderación. Buscando una solución no podemos correr el riesgo de obsesionarnos con nosotros mismos.

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