Desde el arco de la Campa de Salas hasta el barrio de Cimadevilla de Tineo

A lo largo de la tercera etapa, de 20,2 kilómetros, puede verse la ermita del Cristo de los Afligidos, levantada en el siglo XV, la Iglesia de Santo Tomás, o la capilla de San Roque

Una peregrina sube al alto de La Espina
Una peregrina sube al alto de La Espina

Redacción

Lo que hay que hacer

Para abandonar Salas los peregrinos han de situarse en el centro mismo de la villa. Superado el arco de la Campa, que mantiene unida la torre medieval al castillo de los Valdés Salas frente a las mismas puertas de la Colegiata, se abre la plaza del mismo nombre, y a su término nace la calle Ondinas, por la que se encamina la ruta jacobea, con la autovía como telón de fondo, hasta llegar a una vereda que discurre paralela al Nonaya en un principio para ir luego ascendiendo suavemente, cruzando los puentes de Borra y Carcabón. Nos cruzaremos con un desvío que da la opción de acercarse a contemplar unas cascadas, posibilidad que tendremos o no en cuenta en función de las ganas o las fuerzas que tengamos para salvar, primero en sentido descendente y luego en su contrario, el desnivel que lleva hasta ellas. Si se opta por bajar, hay que decir que el espectáculo vale la pena. Tras el puente de Carcabón, la subida adquiere tintes más serios y pasa de intuirse a mostrarse en toda su crudeza. Esta primera pendiente del itinerario nos sitúa ante la N-634, donde tendremos que superar el tramo más ingrato de la etapa. Se trata de un trecho no muy largo, de apenas un kilómetro, que nos obligará a caminar por el arcén de la carretera teniendo un especial cuidado en las curvas. Tras pasar dos veces bajo los pilares de la autovía, un camino que surge a la izquierda nos hace ascender de nuevo con cierta crudeza hasta arribar a la aldea de Porciles. Ya en llano, y casi sin solución de continuidad, arrullados por el runrún de los molinos, nos encontraremos en el pueblo de Bodenaya, donde pasaremos junto a un crucero donado a principios del siglo XX e instalado junto al cementerio y también al pie de la iglesia de Santa María. Sólo hay que avanzar unos pocos metros para llegar a la localidad de La Espina, donde conviene tomar un respiro teniendo en cuenta que acabamos de pasar el trance más duro de la jornada y nos encontramos casi en el ecuador de la etapa.

Sendero junto al Nonaya, a la salida de Salas
Sendero junto al Nonaya, a la salida de Salas

Es La Espina, además, un lugar de relevancia en el ámbito de las peregrinaciones jacobeas. El historiador Juan Uría Riu dejó escrito que aquí hubo en tiempos, al menos, dos hospitales: uno puesto bajo la advocación de San Pedro y otro que dependía directamente de la diócesis de Compostela. También puntualiza que de este lugar partían dos itinerarios distintos: uno es el que seguimos hacia Tineo, es decir, el que provenía directamente de Oviedo y concluía en Santiago, y otro que desde aquí conducía a las costas de Luarca para unirse allí con el Camino del Norte, que sigue el sinuoso perfil del litoral costero. La Espina, en nuestros días, viene a marcar una suerte de frontera oficiosa entre el centro y el occidente de Asturias, y tanto su fisonomía como su espíritu mantienen ese carisma que tan difícil resulta describir, pero que con tanta claridad percibimos cuando nos vemos en un lugar que ha hecho de los tránsitos ajenos su verdadera razón de ser. Han sido tantos los caminantes y viajeros que a lo largo de los siglos han pasado por La Espina que nadie en el pueblo se preocupa de seguir ya nuestros pasos, que tras llevarnos junto a la iglesia nos conduce a la rotonda que organiza la salida del pueblo. Allí tomaremos una senda que nace a la derecha, pegada a un murete de piedra, y no pasará mucho tiempo hasta que nos veamos en La Pereda, la aldea más oriental del concejo de Tineo y lugar donde se levanta la ermita del Cristo de los Afligidos, muy apreciada por los peregrinos. Desde la fuente del Reconco se inicia un agradabilísimo trayecto que pasa por barrios como El Espín o Bedures -atención al molino que se divisa en una vaguada-, La Millariega o El Pedregal. A lo largo del recorrido podremos disfrutar de unas magníficas vistas sobre las montañas que van quedando al sur, lo que sin duda reconfortará a quienes aún no se hayan repuesto del todo del pequeño esfuerzo realizado para llegar hasta las altitudes de La Espina.

Una peregrina sube al alto de La Espina
Una peregrina sube al alto de La Espina

En El Pedregal, tras pasar junto a la iglesia dedicada a los santos Junto y Pastor, nos encontraremos con un crucero que guiará nuestros pasos hasta un nuevo sendero por el que llegaremos a la aldea de Santa Eulalia, ubicados ya bajo la sierra de Tineo y obsequiados con una estupenda panorámica sobre la sierra de La Curiscada. No hace falta entrar en Santa Eulalia, sino que debemos desviarnos a la derecha para ascender durante unos cuantos metros, dejar a un lado la aldea de Zarracín y cruzar el río Ferroiro. Sólo hay que avanzar unos pocos metros más para encontrarse con unas casas, rodear el campo de fútbol y llegar al Campo de San Roque, que preside una capilla puesta bajo la advocación de este santo tan apreciado por los caminantes. Desde aquí parte el llamado Paseo de los Frailes, en cuyo centro se erigió en 2004 un monumento al peregrino. La escultura se asienta sobre un reloj solar cuyo lema reza: «VIATOR HORAM ASPICE ET ABI VIAM TUAM» («caminante, mira la hora y continúa tu camino»), recomendación que vale la pena seguir ahora que ya casi hemos concluido la etapa. En realidad, puede decirse que es cosa hecha porque al caminante, una vez llegado a este punto, tiene dos opciones: o bien virar hacia la izquierda en busca del albergue público de peregrinos, o bien dejar que el propio Camino le vaya introduciendo en el centro de Tineo a través del barrio de Cimadevilla, su parte más antigua y sin duda la más bonita, a la busca de una cama y un fogón en los que reponer el cuerpo y el espíritu.

Vista parcial de La Espina
Vista parcial de La Espina

Lo que hay que ver

Dicen que la ermita del Cristo de los Afligidos se levantó en el siglo XV y es el único vestigio jacobeo que queda en la población de La Pereda de un barrio, el del Humilladero, que contó con un hospital de peregrinos fundado por los monjes benedictinos del cenobio de San Juan Bautista de Corias. Lo cierto es que la capilla, deteriorada durante mucho tiempo, hasta el punto de que llegó a habilitarse en su interior un gallinero, ha sido restaurada recientemente y en su interior sólo conserva el Cristo que le da nombre (y que desde mucho tiempo atrás se guardaba en la iglesia parroquial ante el deterioro sufrido por su capilla titular) y una imagen del apóstol Santiago donada por la Asociación de Amigos del Camino de Santiago Astur-Galaico del Interior. También se encuentra en La Pereda la iglesia de Santo Tomás, que cuenta con elementos del siglo XV y se levanta junto a un tejo. La iglesia de los santos Justo y Pastor, en El Pedregal, presenta nave única con cabecera rectangular y está datada entre los siglos XV y XVI, aunque cuenta con capillas añadidas en el XVII.

Ermita del Cristo de los Afligidos, en La Pereda
Ermita del Cristo de los Afligidos, en La Pereda

Una leyenda atribuye la fundación de la capilla de San Roque, a la entrada de Tineo, al propio santo caminero, aunque los historiadores prefieren atribuir su construcción a unos peregrinos franceses que pasaron por allí en dirección a Compostela. Se cree que fue fundada en el siglo XII, aunque en el escudo de su fachada se menciona el año 1400. No obstante, el edificio fue sufriendo tantas remodelaciones con el paso de los siglos que su fisonomía actual sólo conserva unos pocos restos de su origen medieval. Tuvieron estos pagos gran importancia en su día, como demuestra el que entre los siglos XII y XV se conociera al sector geográfico suroccidental del territorio asturiano como «las Asturias de Tineo». Aunque ya en tiempos antiguos le habían dado fama los romanos con la explotación de los recursos auríferos que se escondían en sus montes, fue Alfonso IX quien consolidó definitivamente su reputación al concederle la Carta Puebla e instituirla en 1222 como paso obligado para los peregrinos que caminaban desde Oviedo hasta Santiago. El barrio de Cimadevilla, por el que penetra el Camino, conserva toda la esencia del Tineo agrícola y ganadero y nos deja en la calle Mayor, el eje urbano por excelencia de los siglos medievales y renacentistas. Aquí están los restos del hospital de peregrinos Mater Christi, que desde al menos 1274 atendió a mendigos y peregrinos y que estuvo bajo el amparo de la Orden del Temple. También aquí se encuentra el edificio civil más importante de la villa. Se trata del palacio de los García de Tineo, que hoy alberga la Casa Municipal de Cultura. Su germen se data en un torreón medieval, que aún se conserva en el ángulo noreste, datado entre los siglos XII y XIII, aunque la fachada se levantó a lo largo del siglo XIV y se le fueron añadiendo distintos elementos decorativos en épocas posteriores. Su puerta de entrada, su escudo o su ventana de doble arco, elementos todos ellos de estilo gótico, se han convertido en verdaderos símbolos de Tineo.

Un peregrino se detiene a contemplar el paisaje en un trecho del Camino
Un peregrino se detiene a contemplar el paisaje en un trecho del Camino

A su lado se levanta la iglesia de San Pedro. Ocupa el solar del antiguo convento de San Francisco, cuya fundación, igual que ocurría con la capilla de San Roque, el imaginario popular ha querido atribuir al propio santo. En realidad, parece que fue fundado por la Orden del Temple y estuvo regido por los franciscanos desde el siglo XII. El cenobio tuvo verdadera importancia en el día a día de la villa y jugó un papel crucial en la promoción de la cultura a través de sus cátedras de latín, filosofía y teología. No obstante, ha de decirse que de aquella construcción original sólo quedan en pie la torre y la portada románicas. Especial interés tiene la puerta de entrada, datada en el siglo XIV. Este templo pasó de estar adscrito al convento, hoy desaparecido, al que nos referimos para convertirse en iglesia parroquial cuando se despojó de esa función en 1880 al primitivo templo de San Pedro, del que hoy sólo se conserva una nave, un ábside abovedado, unos tragaluces y un retablo del siglo XVIII, ya que el resto se derribó para proceder a la ampliación del cementerio. Conviene reseñar que frente a su fachada se yergue un ejemplar de Araucaria que trajo de Sudamérica un monje del cercano cenobio de San Juan Bautista de Corias.

El Camino, a su paso por El Pedregal
El Camino, a su paso por El Pedregal

El palacio de Merás -un «soberbio edificio», según dejó escrito Jovellanos- se levanta al pie de la calle Mayor, frente a la fachada del Ayuntamiento, fue construido en 1525 y está considerado uno de los mejores ejemplos de la arquitectura civil palaciega del siglo XVI en Asturias. Frente a él, en la plaza de la Constitución, se conserva el balcón desde el que general Riego pronunció un sentido discurso contra el absolutismo el 4 de octubre de 1820, recién nacido el Trienio Liberal. En la plaza de las Campas, casi al lado, existió una fortaleza de origen medieval que fue derribada por completo en 1912. Cabe anotar que este rincón ocupa un espacio singular en la historia negra de la villa: aquí fusilaron los franceses en 1809 a Pedro del Tronco, del que destacaron las crónicas su valor frente a los invasores, y aquí, el 27 de junio de 1899, exhaló su último suspiro Rafael González Gancedo, vecino de La Azorera condenado por la muerte de su esposa y su hijo, en lo que fue el último ajusticiamiento público a garrote vil de la Historia de España. Por último, un pequeño mirador que se abre en la avenida del conde de Campomanes y parece más fruto de los azares urbanísticos que de una planificación consciente ofrece una vista soberbia de la villa de Tineo y el entorno que la envuelve.

Capilla de San Roque
Capilla de San Roque

Comer y dormir

A las puertas de La Espina se encuentra el Albergue de peregrinos de Bodenaya (tfnos: 609 133 151 / 985 837 584), de titularidad privada y que en poco tiempo se ha labrado una gran reputación en la ruta jacobea. Puede constituir la parada ideal para quienes opten por planificar su propio itinerario y vengan andando desde Cornellana.

Calle Mayor de Tineo, con la iglesia de San Pedro al fondo
Calle Mayor de Tineo, con la iglesia de San Pedro al fondo

En cualquier caso, unos kilómetros más allá, ya en La Espina, se encuentran el Albergue El Texu (plaza de la Iglesia, 6; tfnos: 669 016 667 / 603 751 906) y el Albergue El Cruce (c/ El Cruce, 5; tfnos: 639 365 210 / 985 837 281 / 985 837 381), así que las opciones para descansar se multiplican en este primer trecho de la etapa. También abundan en la esquina los bares en los que es posible relajarse y tomar un refrigerio antes de seguir ruta.

Plaza de la Constitución de Tineo
Plaza de la Constitución de Tineo

En Tineo se encuentran el Albergue de peregrinos Mater Christi (c/ Cabezas de San Juan, barrio del Viso; tfnos: 985 800 232 / 985 801 067), llamado así en homenaje al albergue medieval y gestionado por la Asociación de Amigos del Camino de Santiago Astur-Galaico del Interior, y el Albergue Palacio de Merás (c/ Pío Cuervo, 3; tfno: 985 900 111, ubicado en el emblemático edificio del centro de la villa que también acoge un hotel con descuentos para peregrinos. En ambas instalaciones, hotel y albergue, hay derecho a utilizar de manera gratuito un spa muy básico, pero suficiente para reponer el cuerpo tras la caminata. En el Palacio de Merás disponen de un menú del peregrino a precio económico. No obstante, no se puede abandonar Tineo sin al menos probar su famoso chosco, un embutido crudo-curado cuyos ingredientes concretos varían según la zona de la que proceda e, incluso, de la casa donde se elabore. Para comer crudo o cocido, son casi todos los bares y restaurantes de la villa que lo contemplan en sus cartas. Y si no hay suerte, siempre se puede adquirir una pieza para ir degustándola en lo que aún queda por andar antes de divisar las puertas de Santiago.    

Vista parcial de Tineo
Vista parcial de Tineo

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