El lider de Ciudadanos elogia a Jovellanos para defender su propuesta de pacto educativo e insta a Rajoy y Sánchez a apartarse si es necesario para lograr un acuerdo con PSOE y PP
21 jun 2016 . Actualizado a las 18:28 h.Hacía una jornada de sol inhabitual en Asturias y acto de Albert Rivera en Avilés pudo lucir con todo el esplendor. Un grupo de escolares de uniforme sentados al fondo de la plaza gritaba: «¡Albert, Albert!» para que el candidato de Ciudadanos se diera la vuelta y les saludara (cosa que hizo) antes de empezar su intervención. A mitad del discurso volvió a escucharse otro «¡Albert, Albert!», en esta ocasión salido de la boca de un señor mayor que algo quería decir pero nunca lo sabremos porque Rivera le pidió que le dejara terminar. Fue un acto reducido, en el que la mayor parte del público asistente eran militantes y el resto curiosos ocasionales. El líder naranja llegó a Asturias para mantener un encuentro con empresarios y llegaba con la lección aprendida, destacó que la industria representa el 21,5% del PIB asturiano y alrededor de 50.000 empleos directos por lo que es preciso, apuntó, «modernizarse y competir» gracias a la innovación y la educación.
Rivera señaló que su partido promueve un pacto por la educación para que «la Formación Profesional deje de ser la cenicienta del sistema educativo y sea la princesa», afirmó que, por ejemplo, en Alemania habían hecho una «apuesta decidida» por la FP e incluso aseguró que Jovellanos (el ilustrado fetiche de todos los políticos asturianos) fue el precursor de la Formación Profesional, el que le había dado «los primeros pasos». También aseguró que resulta crucial defender el sector del acero en las instituciones europeas frente al dumping chino y que el Ejecutivo central fije una tarifa eléctrica «estable y competitiva» para el sector industrial.
Sillón por encima de España
La chicha de las declaraciones de Rivera no estaba, desde luego, relacionada ni con Jovellanos, ni con el peso de la industria en el PIB nacional (que es, por cierto, el 16%) sino con las expectativas de lo que pudiera suceder en las negociaciones después del recuento de las urnas. Rivera llegaba alertado de que Rajoy había reiterado su intención de declinar la investidura en el caso de que no sumara suficientes apoyos y, ante la perspectiva de unas terceras elecciones, el líder de Ciudadanos reclamó a los dirigentes del resto de partidos «que digan que su sillón no está por encima de España» y aseguró que si él fuera un problema en las negociaciones se apartaría para lograr un acuerdo. Como en la elección del Papa en la Capilla Sixtina, Rivera propuso que, una vez cerradas las urnas y el recuento, se sienten sus representantes con los de PSOE y PP «y no nos levantemos hasta que hay un acuerdo».
Antes, el candidato naranja había reclamado un diálogo sin veos pero en su propuesta de negociación no había sitio para Podemos porque «ellos mismos se autoexcluyen si Pablo Iglesias dice que el referéndum de autodeterminación es fundamental para ellos» a lo que añadió que «no queremos gobernar con un partido que quiere romper España». Rivera negó que hubiera negociado con Podemos la pasada y fallida legislatura en busca de una alternativa de gobierno porque, una vez logrado el acuerdo con Sánchez, ellos sólo buscaron la abstención de los morados, «en ningún momento se habló de repartir gobierno con Podemos».
Periodistas de la caravana naranja le preguntaron a Rivera por el documento autocrítico que su organización elaboró después de diciembre y que apuntaba a la escasa experiencia de muchos candidatos locales. Sin embargo, le apuntaron, sólo Rivera habla en los actos de esta campaña. El candidato lo negó, recordó que recientemente había participado en un mitin con otros cinco dirigentes y amagó con darle la palabra allí mismo a Nicanor García (portavoz parlamentario en la Junta General) o a Ignacio Prendes (cabeza de lista en la candidatura al Congreso por Asturias), pero no lo hizo. Un grupo de niños pequeños llegaba corriendo para meterse detrás del atril de Rivera pero fueron detenidos a tiempo y con suma amabilidad por la organización. Rivera dio por concluido el acto en la calle y entró en el Palacio de Ferrara para reunirse con los empresarios. En la carretera, cerca de la ría, al autobús naranja le hacían algunas reparaciones. Aún quedan cinco días de campaña.