Tini Areces, caza mayor


La campaña del 26-J pasará a la historia en Asturias por combinar todos los posibles sinónimos del bostezo. El supuesto sorpasso de la alianza Podemos e IU al PSOE, el partido históricamente hegemónico en las citas electorales del Principado, y saber si la coalición del PP con su antigua bestia negra del Foro de Cascos logra revalidar la primera plaza como en diciembre de 2015 figuran ente las incógnitas a resolver. Son los únicos alicientes para una cita marcada por la lasitud, el vodevil de Mariano Rajoy y su chusquera asturiana Cherines Fernández mitineando a unas frisonas en una ganadería de Gozón y las forzadas sonrisas de Gaspar Llamazares y los dirigentes de IU cuando comparten tablao en los mítines con sus sobrevenidos amigos morados, que a diario los someten a todo tipo de torturas en los ayuntamientos o en la Junta General del Principado.

El morbo, si este sustantivo tiene acomodo en el lenguaje político, reside en la lista al Senado. Si la Cámara Alta se ha ganado a pulso el calificativo de cementerio de elefantes, parece que los diferentes candidatos asturianos a ocupar una de las cuatro plazas tienen alergia a los camposantos de paquidermos. Ni se les conoce ni se les espera. Ovidio Sánchez, durante años líder autonómico de la derecha asturiana cuando lo dejaban Francisco Álvarez-Cascos y Gabino de Lorenzo, sólo figura en las papeletas: no se la ha visto en acto público alguno y ha rehuido como gato escaldado de los debates electorales, delegando en la alcaldesa de Peñamellera Baja, Rosa Domínguez de Posada, una de las leales parroquianas casquistas. Los aspirantes de Unidos Podemos y de Ciudadanos han seguido sus pasos y también se instalaron en el silencio.

Menos uno, el ex alcalde de Gijón y ex presidente del Principado, Vicente Álvarez Areces. Es el único candidato que se ha fajado durante estas semanas para conservar su puesto en el Senado. Sabe que corre peligro, consecuencia de algunos sobrevenidos idilios ideológicos. Y lo ha hecho con toda la tenacidad y la estrategia de quien calentó pupitre en las luchas por la democracia y en múltiples batallas electorales. Para ello ha armonizado tres de sus características principales: la beligerancia con los adversarios, la hiperactividad y la cercanía con los potenciales votantes. Esas han sido sus armas. Y tras él, un grupo de fieles arecistas, que no se reducen sólo a las filas del PSOE, entre ellos muchos de sus antiguos camaradas del PCE, CC OO o de formaciones centristas como el extinto CDS, que se han agrupado en las redes sociales con un simple reclamo: #estoycontini.

Siempre se ha dicho que Tini Areces es un animal político. Y aunque desborda esfuerzo por preservar su lugar en el llamado cementerio de elefantes senatorial, sus enemigos lo quieren evitar a toda costa y para ello lo han convertido en pieza de caza mayor. Dos han sido sus estrategias: omitir que, además de los diputados, se eligen senadores y ataques directos a la gestión de Areces como alcalde gijonés o presidente de Asturias.

Lo que muy pocos esperaban es que la respuesta del cabeza de lista socialista al Senado fuese tan contundente. Areces, como buen profesor de matemáticas, piensa en números. Y sabe que si el 26-J los candidatos de Unidos Podemos cosechan los mismos votos que en diciembre pasado alcanzaron los morados e Izquierda Unida no volverá a la Cámara Alta en la próxima legislatura. Entonces fue el cuarto candidato más votado, con 139.360 papeletas, frente a las 123.001 de la podemita Jara González, o los 50.159 de Genma Álvarez Delgado, de IU. Es decir, si se repitiesen con exactitud estas cifras, Areces quedaría fuera de toda representación institucional democrática . Y son muchos años: desde 1987, año en el que fue elegido alcalde de Gijón. Toda una victoria para quienes la bilis forma parte nuclear de su ideología.

Ya se sabe que las ciencias exactas son alérgicas a la política. Y que si la aritmética dice que dos más dos son cuatro, la calculadora electoral puede enmendar la suma y subir a cinco o reducir a tres. Y en ello ha puesto todo el empeño Tini Areces. Porque sabe que se la juega el 26-J. Y lo ha hecho con todas sus armas, entre ellas esa vitalidad llamativa para un hombre que el 4 de agosto cumplirá 73 años.

Tanto sus enemigos como amigos políticos -tiene muchos en ambas trincheras, después de una larga trayectoria que no ha dejado a nadie indiferente- saben de su combatividad. Si Areces tiene que calzarse los guantes del boxeo tiene suficientemente encallecidos los nudillos de sus puños dialécticos para golpear donde más duela. ¿Es esa la razón por la que el PP, especialmente Ovidio Sánchez, ha huido de los debates electorales convocados por los medios de comunicación? También lo hicieron los de Podemos y Ciudadanos, pero los morados, expertos en las trincheras del magáfono, la consigna de vietnamita y el pasquín digital, le buscaron el hígado con denuncias de supuestas corrupciones. No sabían que los pesos pesados tienen aguante y capacidad de respuesta. Y Areces optó por un golpe seco al mentón de Podemos con una denuncia en los juzgados. No fue un simple amago de bravuconería electoral: directamente acudió a los tribunales para denunciar a los seguidores de Pablo Manuel Iglesias Turrión por injurias y atentado al honor. Como dijo el senador en funciones, “el que calla otorga y ya está bien de impunidad, no todo vale en política”. Parece que ha tenido efectos positivos para la estrategia de Areces, porque los dirigentes asturianos de Podemos se han guarecido en el rincón del ring, aunque sus falanges de activistas digitales insisten en extender por las redes sus detritus de agitprop.

Si beligerante ha sido en sus respuestas, no lo ha sido menos en defender su gestión, principalmente las políticas sociales, sanitarias y educativas, así como las infraestructuras construidas durante su mandato, con el Hospital Universitario Central de Asturias (HUCA) como brillo propio en su firmamento particular. A este mensaje personal e intransferible, ha sumado los lemas de campaña socialista, evitando ser un verso suelto, y ha intervenido en todos los debates, sin faltar a ninguno, por escasa que fuese la audiencia. Todos los días, cuatro actos y presencia constante en los medios de comunicación. No ha tenido reparo alguno para decir abiertamente y sin reparo que el PSOE “no hará presidente del Gobierno a Pablo Iglesias”, ha cargado con fiereza contra los morados, atacando su flancos débiles de alianzas con la derecha, y a la vez ha soltado estopa al PP y a Foro. Pero no hay asunto que se le escape. Ahora toca el Brexit, y como furibundo europeísta aprovecha la ocasión para cargar contra los independentistas y los nacionalistas insolidarios de Cataluña o País Vasco.

Y a la combatividad hay que sumar la hiperactividad y la cercanía con los potenciales votantes. Tini Areces es consciente de que hay guarniciones de adversarios, pero también cuenta con batallones de fieles. Y para ello ha buscado la movilización de quienes, más allá de las siglas socialistas, le ven con simpatía. Que la elección de los senadores sea por listas abiertas facilita su propósito. Se puede marcar su nombre en la papeleta, insiste, y votar a otros dos candidatos de diferente partido. Por ello ha dirigido sus mensajes y guiños a los electores moderados de derecha, a los de centro y, también, a los que se sitúan a la izquierda del PSOE.

Este caladero de apoyos es su principal objetivo, sabedor de los recelos generados entre los militantes y votantes de IU -que son muchos en Asturias- con el pacto con Podemos, que ha relegado al tercer puesto de la lista conjunta al que hace cinco meses había sido su cabeza de lista y coordinador autonómico, Manuel González Orviz. Y Areces es plenamente consciente de que ese es un territorio abonado para sembrar. A lo que suma una tradición de pactos de gobierno, tanto en Gijón como en el Principado, con Izquierda Unida.

Pero no considera estéril terreno alguno. El pasado viernes se le pudo ver en el homenaje que el lobby empresarial y de altos directivos APQ y el Banco Sabadell Herrero rindieron al industrial asturmexicano Antonio Suárez, el 'rey del atún'. Hoy, por ejemplo, estará en la asamblea de la Federación Asturiana de Empresarios (FADE), en Pola de Siero, sabedor de que allí no tiene muchos votantes, pero si bastantes conocidos y donde podrá reivindicar su gestión como impulsor de numerosos pactos de concertación social. Pero antes irá a Noreña, a estar con los profesores y alumnos de la Escuela de Tecnología de la Carne. Y al mediodía participará en el almuerzo homenaje a los profesores del Instituto Jovellanos de Gijón y, ya por la tarde, acudirá al mitin de cierre de campaña.

Pero donde Tini Areces se ha empleado duro ha sido en las plazas, calles, caleyes y todo tipo de actos sociales, principalmente homenajes a personajes populares. Se le adjudica una máxima: “por cada diez manos que estrechas, amarras dos votos”. Ayer mismo, al mediodía, como uno de estos políticos anglosajones que se patean las aceras y reciben los reproches o los elogios de los ciudadanos a los que abordan, fue fiel a esa máxima y se le vio en los barrios ovetenses de La Argañosa y Vallobín haciendo campaña con la consejera de Hacienda, Dolores Carcedo, y con la diputada Margarita Vega. En un momento dado, una vecina le trasladó un problema con el Ayuntamiento de Oviedo y, sin pensarlo dos veces, tomó nota y gestionó la búsqueda de una solución con el gobierno municipal. Ese es el hábitat de Tini Areces: estrechar manos, hacerse fotografías, agradecer apoyos y aguantar las amonestaciones recibidas con sonrisas estoicas y explicaciones para sordos. En definitiva, combayar y resistir, una estrategia electoral que le ha dado buenos réditos. Después, solo, sin compañía, se dirigió a un llagar próximo para, entre culete y culete de sidra, convencer a algún parroquiano acodado en la barra de que abandone la legión de indecisos que suman el 30% que predicen las encuestas y elija las papeletas socialistas. Por la tarde, viaje al Occidente asturiano, donde más de mil personas se reuníeron en el Conservatorio de Valdés. Ese es su medio natural, donde se agigante y coge oxígeno. Y vuelta a empezar.

Vicente Álvarez Areces lo ha sido todo en política: resistente antifranquista, comunista crítico con Carrillo, alto cargo con el PSOE de 1982, socialista heterodoxo con el aparato socialista asturiano dominado por el hoy estigmatizado dirigente minero José Ángel Fernández Villa, alcalde de Gijón durante tres mandatos y presidente del Principado en otras tres legislaturas. Cuando todos preveían su retiro, insistía en que quería seguir, “tengo ganas y fuerzas”, decía. Y lo sigue diciendo. Encontró su hueco en el Senado. Ahora, en este 26-J, está en el punto de mira de las diestras y las siniestras asturianas. Pero ha hecho todo lo posible para que no lo tengan fácil y las urnas le jubilen. Ya saben, Tini Areces es un animal político. Una pieza de caza mayor.

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