Unidos Podemos asume los errores del 26J en Asturias

Dirigentes de Podemos e IU consideran que no supieron contrarrestar el discurso del miedo por considerarlo «pueril», que parte del electorado pudo sentir confusión y que se debe llegar a quienes siguen sin sentirse representados

Un acto de Unidos Podemos en Asturias
Un acto de Unidos Podemos en Asturias

Gijón

Las expectativas en Asturias se proclamaban en los propios mitines: Unidos Podemos estaba a mil votos de arrebatarle el tercer diputado a la coalición de derechas de PP y Foro. La realidad electoral del 26J fue que Unidos Podemos obtuvo 140.058 votos en Asturias, cuando en diciembre y por separado Podemos había sumado 132.984 papeletas e, Izquierda Unida, 52.583. ¿Dónde quedaron esos 45.500 votos en Asturias?

Dirigentes de Podemos y de Izquierda Unida coinciden en señalar que se ha dado una conjunción de factores que han incidido en la desmovilización del voto y aportan al menos cuatro claves para explicar esa pérdida de apoyos electorales en territorio asturiano.

El discurso del miedo del PP, PSOE y Ciudadanos. Es una clave común en toda España, al igual que la movilización del electorado de derechas al creer que ocurriría lo mismo que con el Brexit en Inglaterra. Sofía Castañón, diputada electa de Unidos Podemos por Asturias, en una reciente entrevista con LA VOZ, aseguraba que los resultados electorales reflejaban el éxito del discurso del miedo y hacía autocrítica al reconocer que «no lo hemos sabido contrarrestar con nuestras propuestas».

Para el secretario general de Podemos en Gijón, Mario del Fueyo, «el sistema fue lo suficientemente poderoso para no dejarse avasallar y, ante el empuje de Podemos, puso en marcha una estrategia muy antigua: Cuidado con estos, que os van a quitar las pensiones, que os van a quitar el segundo piso, que van a hacer lo mismo que en Venezuela? No le dimos la importancia suficiente porque parecía un discurso demasiado pueril, infantil, y no supimos contrarrestarlo. Y lo mismo con el Brexit. El argumento era: cuidado con los populismos que nos pueden llevar a una inestabilidad económica como en Inglaterra, y también caló».

El coordinador de IU en Asturias, Manuel González Orviz, tras el 26J, también incidía en que ese voto del miedo utilizaba «mensajes sencillos que nos asociaban con los malos». Sin embargo, el coordinador de IU en Oviedo, Alejandro Suárez, resta en cierto modo importancia a esta clave porque «siempre hay que contar con la campaña del miedo» y saber hacerle frente. La segunda clave parece evidente.

El discurso de Podemos confundió a parte de su electorado. «Nos faltó una respuesta contundente ante ese discurso del miedo y la mano tendida al PSOE, a pesar de que mordía, desmovilizó a parte del electorado», dice Del Fueyo, que considera que habría que haber definido aún más el discurso electoral, con una línea clara sin lugar para la confusión. «Se realizaron demasiados guiños a todos los lados y eso pudo desmovilizar. No supimos hacer ese discurso». También Castañón mencionaba, respecto a la confusión del mensaje sobre la ideología de Unidos Podemos, que se les había preguntado mucho por las etiquetas «y responder ha podido generar distancia». Más directo, el diputado regional de Izquierda Unida Gaspar Llamazares, en una entrevista en este períódico tras el 26J, aseguraba que el giro a la socialdemocracia de Pablo Iglesias no fue creíble: «Apareció como una estrategia oportunista y no como una estrategia de solvencia, y eso se paga electoralmente, porque la gente tiene olfato».

El coordinador de Izquierda Unida en Oviedo, Alejandro Suárez, incide también en esta clave. «Se quiso potenciar a los votantes socialistas o menos ideológicos y pecamos de confusión. En las anteriores elecciones, se había hablado de un proyecto transversal, de abajo a arriba, y a los nueve meses te alías con Izquierda Unida. Ese votante que siempre votó al PSOE creyó que podía confiar y, de repente, se le confunde». Suárez insiste en que incluso ahora el mensaje de Pablo Iglesias y Alberto Garzón debe ser mucho más claro: «Si decíamos que éramos la gente y la gente vota 14 escaños más al PP ha salido mal. No se puede negar, como parece que está pasando, que haya sido un mal resultado. Ha salido mal, hay que ser nítidos y reconocer que no hicimos las cosas bien. Debe definirse mejor el mensaje y ser muy humildes».

Para el secretario general de Podemos en Asturias y diputado autonómico, Daniel Ripa, «es imprescindible, y lo dijimos desde el principio, arraigar el proceso de confluencia en el territorio y discutirlo con las variables de cada autonomía. No vale la suma de siglas, es necesario que se involucre más gente que nunca haya participado en política. Sin embargo, fue positivo el haber abierto puentes con IU, ya que somos la alternativa al bipartidismo. Tenemos que confluir con la abstención, con la gente que todavía no se siente representada».

También recuerda el resultado electoral del PSOE, que pierde votos desde el inicio de la crisis. «Es el PSOE quien no encuentra suelo en su declive. Nos sorprende que los socialistas digan ?no pasarán? cuando pierden cinco diputados respecto al 20-D y, aún más, cuando pierden 84 diputados y 6 millones de votos con respecto al 2008. Nos sorprende que estén celebrando el segundo puesto al mismo tiempo que algunas facciones del partido intentan favorecer que gobierne el Partido Popular (que perdió 3 millones de votos desde 2011). En Asturies, nos sorprende también que el PSOE dejara pasar al PP cuando pactó con ellos los presupuestos para 2015».

La desilusión de votantes de IU por no verse representados ideológicamente. Asturias es una de las comunidades en las que mayor apoyo electoral había recabado Izquierda Unida el 20D y también de mayor caída de Unidos Podemos. Alejandro Suárez también ve como una de las claves en la pérdida de votos de la coalición que los votantes de IU no se vieron presentes en Unidos Podemos. «Se percibió una pérdida de identidad en algunos discursos de Pablo Iglesias, demasiado orientados al PSOE y a Zapatero. El sector ideológico de Izquierda Unida no se vio suficientemente representado por ese guiño al votante del PSOE y se percibió como una pérdida de identidad de su organización que desilusionó».

Llamazares también había dicho que al menos un tercio del electorado de IU, según reflejaban las encuestas preelectorales que tan estrepitosamente fallaron, no veía claro el acuerdo con Podemos, en su opinión, «por precipitado, instrumental y con incertidumbres programáticas, en lo que respecta a los candidatos y, la mayor de todas, que era cómo pasar de una dinámica de confrontación electoral con Podemos a una de integración».

Los desencuentros en Asturias de Podemos e Izquierda Unida. Una cuarta clave es precisamente esa dinámica de confrontación de la que habla Llamazares, cuya formación fue la única que dio su apoyo al Gobierno del PSOE en Asturias. Él mismo criticó la coalición con Podemos en medios nacionales y en las redes sociales, vaticinando incluso el final de Izquierda Unida, que pese a todo hoy tiene ocho diputados nacionales por los cinco de diciembre. Los desencuentros, decidida la coalición en Madrid y ratificada en Asturias con un 65% de los votos emitidos por los militantes de IU, también se hicieron evidentes a la hora de decidir el orden de los puestos de la lista asturiana.

Manuel González Orviz, que al final aceptó el número 3, hacía alusión tras el 26J a esas «estrategias sufridas para la constitución de la candidatura conjunta hasta una semana antes de las elecciones» y a las «estrategias de confrontación anteriores». También decía que, pese a que las «heridas se suturaron, persistieron» en una parte de su electorado. El número 2 de esa lista conjunta, Segundo González, reconoce que en Asturias hubo más problemas que en otras comunidades, sobre todo «debidos a las políticas que lleva a cabo Izquierda Unida en la Junta, con el apoyo al PSOE y una línea diferente a la de Podemos». A ello achaca las dificultades para llegar a la confluencia, más que «a la cuestión de los sillones», añadiendo que, una vez superadas, «la relación fue cordial y todos se han volcado y trabajado codo con codo».

¿Y ahora qué? ¿Unidos Podemos seguirá existiendo como tal? Los resultados del 26J, pese a la pérdida de votos sumados en diciembre, colocaron de nuevo a la coalición como segunda fuerza en las principales localidades asturianas. La derecha se hizo más fuerte, pero los socialistas van por detrás en Oviedo, Gijón y Avilés de Unidos Podemos, que en el cómputo autonómico quedó tras el PSOE, que recuperó tan sólo 1.200 votos más que en diciembre. Ripa, al respecto, insiste en la consolidación conseguida por Unidos Podemos. «Tenemos cinco millones de votos, 71 diputados, 5 eurodiputados y gobernamos en las principales ciudades. Nos consolidamos en las cuencas, siendo primera fuerza en Mieres y en Llangréu y seguimos siendo segunda fuerza en Uviéu, Xixón y Avilés», indica, asegurando que Podemos Asturies es la única organización del Estado que ha renunciado a las subvenciones electorales.  

En principio, hay coincidencia en que la confluencia de Podemos e Izquierda Unida debe mantenerse, aunque habrá que definir con mayor precisión el modelo de convivencia. Llamazares aboga por «un proceso iniciado desde abajo, compartido por todo el conjunto de militantes y simpatizantes y realmente participativo de consenso de un programa y unos candidatos».  Alejandro Suárez piensa que se tiene que seguir colaborando pero estudiar la mejor manera posible, «y a lo mejor no es unificados, sino gestionando candidaturas plurales y cada uno con su electorado porque tenemos muchas diferencias, y luego aliarse para lo importante que es el gobierno».

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