España acoge a la mitad de pequeños que hace una década a pesar de que la crisis de refugiados ha avivado la solidaridad
05 jul 2016 . Actualizado a las 18:46 h.El programa «Vacaciones en paz» trajo en 2015 a España a 5.000 niños saharauis y hace 12 años eran 11.000. Asturias, una de las comunidades autónomas con mejor respuesta, no es ajena a este descenso y frente a los más de 300 pequeños que acogía años atrás este verano serán 250 los pasen dos meses con familias de aquí. Un centenar de ellos ya se encuentran en sus casas descansando tras un viaje de más de 24 horas, los restantes llegarán el jueves. Los números descienden a pesar de que la solidaridad de las familias ha aumentando este año con respecto a anteriores por la crisis de los refugiados, según explica Carmen Soto, vicepresidenta de «Vacaciones en paz». «La gente fue más receptiva porque el tema de los refugiados sirvió para que se visualice más nuestra causa», asegura al tiempo que insiste en que «los saharauis son nuestros refugiados, que los tenemos en el olvido desde hace más de 40 años» y apunta que «el programa se inició por un tema humanitario y porque las familias entendían que sus hijos eran unos embajadores de la causa, que harían ver al gobierno la situación del pueblo saharaui», aunque éste aún no ha reaccionado del todo.
Una de las familias asturianas que este año se estrena en el acogimiento es la de Iván Prieto y Carmen Codesa. «Siempre había querido hacerlo y este verano no trabajo así que puedo, porque dedicándome a la hostelería antes no era posible», asegura ella y explica que en su casa de Ribadesella «todos somos primerizos», porque Abe, de 11 años, es la primera vez que pone un pie en Asturias. El principal reto que tienen por delante es aprender a comunicarse, porque el pequeño no sabe nada de español. Frente a los «novatos» los hay con mucha más experiencia y se defienden a la perfección con nuestro idioma. Para Mohamed y Mohamed Salem éste será su quinto y séptimo verano en Asturias y tienen claro lo que más le gusta: la piscina y el fútbol, «porque aquí no es como los campamentos, podemos salir a jugar», explican. También se apuntan a la gastronomía, pero no la autóctona. Las hamburguesas y las pizzas son sus platos preferidos.
La experiencia en la acogida tiene su lado bueno, pero también otro malo. Y es que cuando los niños alcanzan los 13 años no pueden volver a participar en el programa y son muchos los que llegaron a Avilés sabiendo que éste es su último verano en Asturias. Ante esa perspectiva Sad tiene claro lo que va a hacer: «sólo divertirme». «Lo que más me gusta es mi familia española y Asturias, que es muy verde», un paisaje totalmente opuesto al de los campamentos de Tinduf donde pueden llegar a alcanzar los 50 grados en verano. Las familias que tienen experiencia en la acogida de niños saharauis reconocen que lo peor es cuando no pueden volver, aunque ahora tratan de mantener el contacto a través de las aplicaciones de móvil. Pilar Faca y Alejandro Gil llevan participando en el programa desde 2007 y ya han pasado por eso. Ahora tienen en su casa de Gijón a Fati, hermana de la primera niña que tuvieron. «Animo a toda la gente a hacerlo», asegura ella, aunque reconoce que con la crisis económica ha habido personas que han tenido que renunciar a la acogida. Asegura que merece la pena «hacer el esfuerzo».
Palabras de satisfacción son también las de Ángeles Fernández y Javier Fernández, un matrimonio avilesino que acogió por primera vez a una niña cuando sus hijos habían volado del hogar. Eso fue hace cinco años y ahora, con un nieto, siguen haciéndolo. El pequeño Iker poco sabe de que restricciones de edad para participar en el programa y entusiasmado le dice a Mahfuda que quiere que vuelva a venir otros diez años. Pero ella cumplirá los 13 en los próximos meses y su familia de acogida teme que éste sea el último verano que pueda pasar con ellos. En el caso de Asturias es habitual que las familias que participan en «Vacaciones en paz» repitan experiencia y eso a pesar de que desde la organización «siempre tenemos miedo de no alcanzar el número de familias, pero la sociedad asturiana se responde», explica el presidente del programa, Félix Flórez. Explica que los requisitos para poder participar en la iniciativa son pocos. Una vez muestran su interés se realiza un informe social de la familia y, como novedad de este año, han de presentar un certificado de que todos los miembros adultos de la misma carecen de antecedentes por delitos sexuales. «Ha sido a última hora, pero lo hemos conseguido y es una garantía para nosotros y las familias», asegura.