«La falta de pruebas limita las investigaciones de los delitos de odio en Asturias»

Alberto Rodríguez es, desde hace cinco años, el fiscal que lleva las investigaciones de delitos relacionados con los discursos del odio en el Principado

Alberto Rodríguez, fiscal delegado de Delitos relacionados con la Discriminación y el Odio en
Asturias
Alberto Rodríguez, fiscal delegado de Delitos relacionados con la Discriminación y el Odio en Asturias

Oviedo

Alberto Rodríguez Fernández (Oviedo, 1968) une a su responsabilidad como fiscal delegado de Delitos Informáticos en Asturias la especialidad de delitos relacionados con la Discriminación y el Odio. Sus primeros destinos fueron en Galicia (El Ferrol y La Coruña) y a su llegada al Principado, en el mes de junio de 2008, asumió las competencias en materia de Delincuencia Informática, que engloba la investigación de todos los delitos cometidos a través de medios informáticos, clasificados en patrimoniales, pornografía infantil, contra la intimidad, ciberacoso, amenazas y delitos contra el honor. Desde hace cinco años, es el fiscal que lleva las investigaciones de delitos relacionados con los discursos del odio. Asegura que en Asturias el número de casos de discriminación es, afortunadamente,  menor en comparación con otras autonomías y reconoce que una de las principales dificultades para desentrañar estas actuaciones es la falta de pruebas y la poca disposición de las víctimas a denunciar por tratarse, en la mayoría de las ocasiones, de colectivos muy desvalidos y desprotegidos que temen «no ser creídos».

-¿Desde cuándo funciona la especialidad de delitos relacionados con el Odio en el Principado?

-El nombramiento oficial es del año 2011.La primera fiscal de Sala que asumió la especialidad de delitos relacionados con la Discriminación también llevaba los delitos relacionados con Delitos Informáticos y quizá por emulación o por seguir el mismo criterio se asignó esta especialidad en las Fiscalías de las distintas comunidades autónomas al fiscal que llevaba Delitos Informáticos. La especialidad de delitos relacionados con la Discriminación es más moderna, aunque en los medios de comunicación españoles y europeos se conoce como delitos de odio o del discurso del odio.

-¿Hay tantos casos en Asturias como para dedicar una especialidad específica?

-En cada Fiscalía se organiza en función del volumen de asuntos que pueda llevar en la materia y de los fiscales que hay, porque los fiscales tenemos que atender otras muchas cuestiones. Yo llevo el trabajo ordinario de fiscal, que puede ser desde una guardia  a cuestiones de Familia, Delitos Informáticos y Delitos relacionados con la Discriminación y el Odio. No es una especialidad en exclusividad y ésta tampoco se justificaría ya que el volumen de asuntos en Asturias, por suerte, es menor en comparación con otras grandes ciudades. También va acorde con la población, quizá también porque los asturianos somos menos discriminatorios, o debido a que el volumen de población de extranjeros es mucho menor en relación con otros puntos de España. No sé la razón. Además, hay una bolsa de hechos que no se denuncian, por desgracia, por distintas razones.

-¿A qué colectivos afectan mayoritariamente estos delitos?

-Fundamentalmente la discriminación puede afectar a cualquiera. Puede haber desde casos de xenofobia, discriminación étnica o racial, como es el caso de los gitanos, discriminación por la orientación sexual que éste es quizá el que más problemas ha suscitado aquí, en Asturias, y discriminación por la pobreza, con el caso de los mendigos. De estos últimos se han registrado más casos en otros puntos de España. Son colectivos desprotegidos, muy desvalidos, incluso que muestran miedo o tienen gran prevención hacia la Administración de Justicia y  la Policía, por sus circunstancias. A veces es difícil, no ya que siga el procedimiento adelante, sino incluso que se inicie para conocer los hechos, porque no hay denuncias por parte de los propios afectados. Es muy difícil que denuncien por miedo a no ser creídos, a represalias, por un cúmulo de circunstancias es la parte más complicada. En Asturias, por suerte, los asuntos no son muy voluminosos.

-¿A qué clases sociales afecta más directamente?

-El discurso del odio se puede dar en todas las clases sociales. A  veces se da de una forma más abierta y a veces de forma menos explícita. Hay que estar vigilante.

-¿Cuál es el principal problema para llevar adelante la investigación de estos casos?

-El problema que nos encontramos a veces es distinguir si detrás de una agresión, ocurrida de noche y con copas, hay un móvil que no es la trifulca. Hay que profundizar para que no se quede en una simple agresión, cuando el origen es una discriminación por orientación sexual, como ocurrió en Gijón o en Mieres. El asunto más llamativo, que lo calificamos hace poco tiempo, ha sido una carta antisemita que se publicó en un periódico regional por un error, debido a un mal funcionamiento del filtro, que se corrigió de la manera más rápida posible desde que se tuvo conocimiento.

-Aunque el volumen no sea significativo, ¿hay un porcentaje de casos anual?

-No son muchos casos, pero hay que tener en cuenta que a veces no se denuncia, que es muy difícil obtener pruebas porque, aunque las víctimas denuncien, luego no vienen a declarar, cambian de domicilio o no tienen voluntad de seguir adelante. En una agresión se disimula el móvil que hay detrás por un roce de una discusión de noche, de copas y hay muchas posibilidades de odio por parte de personas que buscan esa excusa frente a personas que son diferentes. Otras víctimas pueden ser personas con discapacidad, también se dan casos de discriminación religiosa. Los motivos son muchos. Por suerte esta es una región razonablemente tolerante con las personas que son diferentes, pero no estamos exentos de que haya la excepción que confirme la regla.

-¿Cuál es la respuesta institucional que se ofrece desde los tribunales?

-En la lucha contra estos discursos de odio, como siempre, la Justicia reacciona después de que han ocurrido los hechos. Es nuestra limitación. No podemos actuar antes. Antes sólo pueden actuar la educación, la propia sociedad, la censura social. Es un poco lo mismo que ocurre con la violencia de género. Nadie puede ser condenado si no se ha cometido un delito, por mucho que nos puedan resultar censurables determinados comportamientos y, sobre todo, cuando se trata del discurso del odio jugando con los límites de la libertad de expresión, en lo que supone una colisión de derechos, pero sin minusvalorar la importancia de lo que son las palabras. Porque el discurso de odio lo que hace es generar el caldo de cultivo, un  clima social, para que se pase de las palabras a los hechos, es decir, a la agresión física. Es lo que estamos viendo ahora, no sólo de tipo racista, sino también con el tema del terrorista islámico, que primero pasa por el discurso. Hay casos que están claros para la Fiscalía, como el que está pendiente de enjuiciamiento, donde eran expresiones que van más allá de la libertad de expresión, con el uso de una terminología que recordaba a la de los años 30, tristemente famosa y conocida por todos. 

-¿Estos casos se suelen saldar con sentencias condenatorias o archivar?

-Son delitos en los que hace falta pruebas. Sin pruebas, no hay posibilidad de condenas. Muchas veces es difícil conseguir las pruebas y, por tanto, las condenas. A veces se prueba el hecho, pero no el móvil que está detrás. Cualquier duda que pueda haber siempre se va a resolver a favor del acusado. Y, como en todos los delitos, siempre hay que condenar con todas las pruebas. La condena de Gijón es un paso y se demostró que el móvil iba más allá de una mera trifulca de noche, de copas, y que se trataba de una discriminación por la orientación sexual de la persona.

-¿La Fiscalía suele contar con la colaboración de los testigos?

-A veces sí y a veces no. Igual que ocurre en otro tipo de delitos. Por miedo, por no tener ganas de implicarse, de no tener líos, por no tener que ir a un juicio. Al tratarse de un colectivo desprotegido, muchas veces los testigos pertenecen a ese mismo ámbito y es complicado no ya que la víctima acuda, sino que los testigos que están en esa situación de exclusión social vayan a denunciar. A veces los agresores buscan no tener testigos. O como ocurrió en el caso de Gijón que fue en una zona de copas, o en Mieres, en la calle, en plena noche. La sociedad a veces es egoísta y no quiere problemas y no se implica.

-¿La Fiscalía especializada dispone de medios suficientes?

-Los medios son los que hay y además estamos en una época de crisis. Utilizamos los medios que tenemos.

-¿La colaboración llega a través de las Fuerzas y Cuerpos de la Seguridad del Estado?

-Las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad trabajan muy bien. También contamos con la colaboración de las asociaciones relacionadas con este tema, con las que tenemos una muy buena colaboración. No sólo arropando a las víctimas, sino también animándoles a denunciar y apoyándoles.

-¿Cree que la especialización de la Fiscalía favorecerá la interposición de denuncias?

La creación de la Fiscalía especializada viene derivada de las directivas comunitarias que impulsan la lucha contra la discriminación y aconseja la formación de fiscales y jueces, de todos los implicados en la Administración de Justicia y, dentro de esas medidas, por parte de la Fiscalía General se pensó que era una fórmula útil para dar una respuesta a estos fenómenos. La especialización de la Fiscalía es cada vez mayor. Es útil porque permite unificar criterios y coordinar una respuesta más homogénea y uniforme y tiene una ventaja que es la dependencia jerárquica en una actuación uniforme y coordinada para transmitir la información, dictámenes y sentencias del Tribunal de Derechos Europeos. La especialización ha sido una buena política y ha dado buenos resultados en otras materias, como en Anticorrupción o en Violencia de Género. Incluso ha habido una felicitación a España por una actuación, que es muy valorada fuera de nuestro país y han llamado para poner a la experiencia de la Fiscalía como posible modelo a seguir en otros países europeos.

-¿Qué influencia tienen los discursos de los políticos en las campañas de odio?

-No lo tengo claro. A veces me pregunto si es el discurso el que enciende a determinados colectivos o es el que recoge el sentir de determinadas partes de la sociedad. Cuando hay situaciones de extremismo se retroalimenta y hay que tener cuidado con lo que se dice, porque puede tener consecuencias indeseables. En Asturias no he oído discursos de políticos, al estilo de Estados Unidos con algún candidato. Hay que ser cuidadosos con los discursos. Criminalizar a un colectivo conlleva a tener problemas de extremismos de odio. Los delitos los cometen las personas, no los colectivos. 

-¿La llegada de refugiados ha fomentado más casos de odio?

-Aquí, en Asturias, no lo hemos detectado. Es cierto que el volumen de refugiados que ha llegado a Asturias es pequeño y no sabemos si repercutirá en un aumento de casos e incluso la situación de tensión por los atentados terroristas pueda repercutir en las situaciones de discriminación. Esperemos que no, pero a veces la radicalización de un lado lleva también a los radicales de otro y los extremos al final se tocan. Hoy por hoy no se ha detectado. También es pronto.

-¿Qué papel juegan las  redes sociales en los casos de discriminación?

-Las redes sociales, como todos los instrumentos y herramientas, pueden ser buenas o malas, depende del uso que les demos. No se puede demonizar las redes sociales. Tienen la ventaja de que amplían nuestras fronteras, pero la desventaja es la resonancia que puede tener un discurso del odio.  Antes, sin redes sociales, era limitada. Por el contrario, ahora es ilimitada, local, nacional, internacional, mundial, universal. La gente sentada a un ordenador desde su casa, pensando que es anónima, suelta lo que piensa, meditado o no, volcando toda su inquina, a veces de forma desmesurada. Y hay actuaciones y conductas reprochables. El caso más reciente ha sido la muerte del torero. Es un ejemplo de menosprecio a las víctimas. Los extremistas usan a menudo las redes sociales porque amplifica su mensaje. Yo siempre pongo un ejemplo: no abres la puerta a las 3 de la madrugada a un desconocido que te llame para vender algo. Es lo mismo que si vas por la calle y te viene un señor encapuchado, te dice que es una señora de 25 años, guapísima, y te pide dinero para salir de su país. O te vende un coche por 3.000 euros y te enseña una foto del coche. Yo no lo compraría. Pues es lo que se hace en las redes sociales, que te mandan el mensaje a casa, a tu móvil y han venido para quedarse. Nos hacen la vida más fácil y sencilla, pero todo tiene su cara y su cruz. También los delincuentes las utilizan porque para ellos es un avance y dentro de los delitos de odio también. Y qué mejor sitio para utilizar su mensaje como su altavoz que internet y las redes sociales. Los terroristas tienen el grupo abierto para transmitir su mensaje, y el grupo cerrado, con un mensaje soterrado, encriptado para comunicarse. Antes, un extremista de un pueblo perdido de Asturias podía recibir una revista y no se enteraba nadie, pero ahora, puede tener contacto con un extremista de Filipinas o de cualquier sitio del mundo.

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