Los Reyes y los Oscos, un romance fugaz

«Creemos que el premio va a ser importante para el desarrollo de la comarca», afirman los vecinos

Los Reyes visitan Los Oscos Los monarcas se pasean por Santa Eulalia, San Martín y Villanueva

Comarca de Los Oscos

La jornada parecía que se iba a iniciar pasada por agua pero en San Martín de Oscos, en la plaza de las Infantas -un nombre que nunca fue tan adecuado para un recibimiento real-, el ambiente ya era de los que presagian una gran celebración. Todo estaba puesto a punto: el primero de los tres monolitos, dedicado a los niños, con su placa y cortina azul; los pequeños a los que hace referencia el monumento, preparados para mostrar a los monarcas los dibujos que hicieron con todo mimo y lujo de detalles; los gaiteros que actuaron de como teloneros, amenizando la llegada de una hipotética banda de rock integrada por Felipe y Letizia. Por último, unos vecinos que, llegando poco a poco, fueron arremolinándose tras las vallas hasta formaban el público de ese figurado concierto que se gestaba y que no por fugaz -visitaron todos los pueblos en apenas 3 horas- fue menos vistoso, dejando maravllados a los monarcas.

«Estamos muy contentos, llevamos esperando este momento desde hace un mes y medio», relataba José Manuel Hernández, vecino de la comarca, que acudió con su mujer al acto, aunque se les olvidó ir pertrechados de paraguas. «Esperábamos que hiciese un día mejor, como otros años en los que hacía mucho sol, pero parece que no va a poder ser», relataba mientras resistía el orbayu que, sin prisa pero sin pausa, se fortalecía. Por suerte, el azar se alió con los Reyes y la lluvia se tomó una tregua durante su llegada, que fue celebrada con con vítores y música tradicional. Nada más bajarse del coche hicieron gala de su campechanismo borbónico y se acercaron a saludar a los vecinos, que les acogieron con efusividad. Acto seguido, tras romper brevementes su protocolo, volvieron a su formalidad para proceder con el primero de los actos del día.

Felipe descorrió sin vacilar la cortina que descubrió la placa conmemorativa en la plaza de Las Infantas, hecho que fue arropado por un gran aplauso. A continuación le tocó el turno al futuro de los Oscos, los niños, con los que los que Letizia se mostró especialmente dialogante y cariñosa. Como si de un pequeño Museo del Prado se tratase -ya que verde no le falta a la comarca- visualizaron, una a una, las obras de los infantes, los cuales se las explicaron minuciosamente. También les hicieron entrega de algunos detalles, como un ramo de flores que una niña elaboró expresamente para la ocasión. Sería solamente el aperitivo de lo que les esperaba durante esta jornada.

Villanueva, otro baño de multitudes y «encuentros reales»

La segunda parada de su particular odisea por el pueblo -comarca en esta ocasión- ejemplar del año, Villanueva, fue otro tanto más de lo mismo: vecinos expectantes y nerviosos por la visita real. Muchos de ellos llevaban ya varias horas apostados en las cercanías del monasterio, frente al cual se desvelaría la segunda placa -dedicada a los hombres de la zona- y que, posteriormente, visitarían el Jefe del Estado y su esposa. «Estamos contentos por el premio y nos parece que es importante para el desarrollo de la comarca», cuentan Antonia Pérez y Carmen López, dos naturales de la zona, nacidas en el convento, que han acudido expresamente para el evento. Ambas opinan que además de un reconocimiento a las alcaldías también lo es a la labor de la propia gente de allí,«que ha luchado por conservar la identidad como pueblo a la par que auna tradición y modernidad».

Entre todos los asistentes no se podía evitar que la vista recayese sobre una mujer que estaba al otro lado del cordón hecha un manojo de nervios. Marisa Paredes -una vecina que dicen que «está emparentada con la realeza»- se disponía a saludar a la reina personalmente. «Estoy muy nerviosa, a ver si soy capaz. Me enteré ahora mismo de que esto iba a ser así, hará un cuarto de hora», contaba la señora que no podía disimular su ansiedad por el encuentro que se produciría poco después.

El colofón de una fiesta

Como no hay dos sin tres, faltaba una visita para cerrar este día de festividades: Santa Eulalia. Las calles del municipio, en las que no cabía un alfiler, se engalanaron de todas las artes y artesanías que los Oscos pueden ofrecer, las cuales salieron a sus calles desafiando la rebelde meteorología que no consiguió deslucir ni un ápice los festejos. Hilanderas, un telar, y una espectacular fragua digna de Hefesto, con sus yunques y su fuego, fueron los encargados de ofrecer los presentes que los pueblos habían confeccionado para los Borbones.

Delia Cerdeiro y María Lomban fueron dos de esas esas entrañables hilanderas que compartieron oficio y confidencias con doña Letizia, que se sentó con ellas y fue iniciada en sus mañas. «Aquí estamos, hilando y esperando a los Reyes, porque los recibimos con mucha ilusión”, contaban las señoras que recordaban a través de las lanas que atusaban con las yemas de sus dedos a las madres y abuelas que les enseñaron tiempo ha a manejar los hilos con maestría. «Todo esto que celebramos es una cosa muy bonita y más a nuestra edad», añadían.

Tras la visita a los artesanos y recibir sus presentes -un ramo de rosas de hierro, un fular y una navaja, esta última recibida por el Rey tras la incansable persecución de una de las ancianas hlanderas- se persentó el último de los monolitos -dedicado a la mujer- y llegó el momento de poner el punto final mediante los discursos. Felipe VI y los alcaldes de los tres pueblos de la Comarca de Los Oscos dieron rienda suelta a elogios mutuos y exaltación del mundo rural, aunque algunas cuestiones como la «creciente despoblación» fueron una de los preocupantes temas que plantearon Marcos Niño Gayoso y José Antonio, alcaldes de Santa Eulalia y Villanueva, respectivamente. También hubo lugar para el homenaje, esta vez a cargo de Javier Martínez, primer edil de San Martín. Visiblemente emocionado recordó a su predecesor en el cargo, el desaparecido José Antonio Martínez Rodil, que mantuvo el cargo durante 25 años y que «lucho mucho por la mejora de la calidad de vida de sus vecinos y la conservación del patrimonio material e inmaterial».

Al alfombra floral hecha a mano hizo las veces de alfombra roja que introdujo la visita de los monarcas en la recta final, con la visita a la iglesia y un mercado artesanal a su salida. Un mañana llena de actos que vino a morir en el polideportivo de Santa Eulalia, donde unas mil personas se juntaron con sus Majestades para degustar empanada, quesos y postres típicos de la zona. Una buena comida, como siempre, es el perfecto colofón para poner fin a una fiesta al más puro estilo asturiano como ha sido la de hoy ya la de toda esta semana de los premios.

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